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La esposa de Trump no siempre se manejó en la alta sociedad

La esposa de Trump no siempre se manejó en la alta sociedad

Donald Trump y su esposa Melania, en Carolina del Sur

26 de Febrero de 2016 | 02:58

Ya de niña, en la ciudad de provincia eslovena donde nació bajo un régimen comunista, Melania Trump (45) tuvo la ilusión de hacer cosas grandes. Hoy es una ex modelo que luce los atuendos más refinados, una mujer habituada a las capitales y a los idiomas europeos, esposa del favorito para conseguir la nominación presidencial republicana en EE UU y madre de un chico de casi diez años. La vida, sin embargo, no siempre fue tan glamorosa para la tercera esposa de Donald Trump (69), oriunda de la ciudad industrial Sevnica, donde pasó su infancia en un departamento junto a un río y a fábricas humeantes. Los residentes de Sevnica recuerdan a Melania Knavs como una muchacha alta, delgada, educada, muy estudiosa y que soñaba con triunfar en el mundo de la moda. Por entonces, Eslovenia era parte de Yugoslavia y tenía un gobierno comunista. Era ligeramente más liberal que otras dictaduras de Europa oriental y mantenía lazos con Occidente. Sus ciudadanos podían viajar al exterior. El padre de Melania, Viktor Knavs, vendía autos y su madre, Amalia, trabajaba en una fábrica textil.

Melania comenzó a hacer realidad sus sueños cuando se mudó a Liubliana, la capital eslovena, para ir a la secundaria. Un fotógrafo descubrió por casualidad en la calle a esta joven de 1,80 metros de altura y ojos azules, y la alentó para que fuera a su estudio. Melania comenzó a modelar a los 16 años. Trabajó en Milán, París y otros centros de la moda y aprendió a hablar fluidamente inglés, alemán, francés e italiano, además de esloveno y serbocroata, las lenguas que se hablaban en Yugoslavia.

Se cambió su nombre a Melania Knauss, y se radicó en Nueva York en 1996. Dos años después conoció a su futuro marido en una fiesta en Manhattan, en la que Trump, recién separado, le pidió a la modelo su número de teléfono. Ella no se lo dio porque Trump estaba con otra mujer esa noche, según cuenta.

Al año siguiente ya eran pareja. Se casaron en enero de 2005 y un año después tuvieron a su hijo Barron.

Melania trató de pasar inadvertida hasta hace poco. Su primera presentación pública en la campaña presidencial de su marido fue en Carolina del Sur en noviembre, cuando Trump llamó a su familia al escenario durante un acto. “¿No es el mejor?”, preguntó ella a la multitud en un inglés con mucho acento extranjero. “Será el mejor presidente de la historia. ¡Te quiero!”. Melania dice que se enamoró de Trump por su inteligencia. Sobre la dura postura de su esposo en materia de inmigración, Melania destaca que ella misma es una inmigrante, pero que había acatado las leyes de EE UU, adonde llegó con una visa de trabajo, para luego conseguir la residencia permanente y posteriormente la ciudadanía.

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