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Como un cuento

Hay historias que se hacen cuentos. Y cuentos que son la vida real. Las emociones Indias de los Ortíz y de todo el triperío generaron un clima especial en el Bosque mucho más allá del 2 a 0 sobre Newell's.

Como un cuento

Un viejo bar en penumbras. No sé por qué, los fluorescentes casi no iluminan. Silencio de bar, con toses, chirridos de sillas, pocillos que chocan. Detrás de la barra, un sosias de Tincho Zabala está sin estar...
En la penumbra se adivina una mesa ocupada. Dos siluetas recortadas. El gordo y el flaco. A los dos se les han volado las chapas, más al blanco que al negro. Mismo estilo, bigote y barba entrecana. Claro, llevan vividos metropolitanos, nacionales, aperturas y clausuras que dejan marcas en el cuerpo. Y en las almas, ni hablar.
El humo del cigarrillo aporta mucho a ese clima de duelo, de desafío, de esgrima dialéctica más allá del cariño y la admiración mutua.

-Negro, dejate de joder...esta es mia. Podría haber pasado en Barda del Medio. No seas "canalla"- dijo el Gordo, mientras dejaba el pucho en el cenicero.
-¿Te parece? Mirá que La Plata y Rosario se parecen mucho...ciudades partidas al medio por un sentimiento. Sos de uno u otro. Sin grises. Eso vos no lo vivís. Mucho sur, mucho sur, pero al final sos más porteño que el Obelisco. No te moves de Boedo.
-Cuidado con el hombre de mundo...tenés un millón de amigos pero te tienen que ir a buscar a El Cairo.- chicaneo el Gordo-"19 de diciembre de 1971" es genial, nunca vas a poder mejorar eso. ¡Esta historia es mia!-dijo, actuando un enojo.
-A vos con "El penal más largo del mundo" no te fue tan mal, gordito- dijo el Negro con tono admonitorio alfonsinista-. Hasta te metiste en la cabeza del protagonista con ese "yo sé, él sabe que yo sé, yo sé que él sabe que yo sé que él sabe". Buen trabalenguas-, sonrió el Negro.
-Podría escribirlo yo- agregó una voz grave, con esa entonación bien charrúa, desde una mesa cercana. Nadie le dio vela en el entierro al Pelado...La cosa era entre dos.
-Es una historia fantástica, Negro. Un guerrero que en la mala pone la cara, ayudando a un amigo y al club que le dio todo. Con pérdidas familiares que lo desgarran por dentro, sigue. La segunda vez, da el paso al frente y se hace cargo de todo. Llega a un desempate por no descender y lo gana...
-Pero si terminaba ahí era muy Chaplin y a vos te gusta Laurel.-lo cortó en seco el Negro. -O Marlowe. Y esto era muchachito en el caballo blanco caminando hacia el horizonte de cartón pintado...-
-¿Te acordás como terminó?- interrogó el Gordo.
-Sí. Pobre tipo. Lo ví por la tele y me dio lástima. Tenía puesta la remera de Jesucristo...
-Vos tendrías que escribir la historia del pibe que no quiso hacer el segundo gol- tiró el Gordo.-Es ideal para vos. Hasta jugó en tu club.
-¡Y en el tuyo también!. Conoces la formación de Honor y Patria y no te acordás de Mariano? Me querés desviar del tema.
-Bueno, bueno, no importa- retomó el hilo el Gordo mientras acariciaba un gato negro que andaba por ahí. -La cuestión es que se van al descenso que para el tipo es una puñalada. Trabaja de esto y de lo otro. En el fútbol y no, acá y allá. Y años después vuelve.
-En la mala- agregó el Negro.
-Sí y no. Lo suman a una función de escritorio y se va uno, se va otro y de golpe, zas: otra vez DT. A hacerse cargo de un equipo con seis derrotas al hilo.
-¡Ves! En la mala, no te digo...
-La cosa es que debutaba con el puntero y lo suspenden por lluvia. No te voy a contar a vos lo que son los bosteros.
-No agregues nada, que me generan más puteadas que el Congreso de la Lengua.
-Entonces empieza con Independiente y empata sobre la hora.
-Sí. Ahí es donde me gusta la historia. Porque con el puntero también empata y lo arrincona en el final del partido. El poderoso pidiendo la hora.
-Pero no gana. Nunca se lleva a la chica.
-Gordo, lo único que te faltaba...¿cambiaste la Opinión?
-Jajaja. ¡No! ¿Por qué?
-Ahhh...pensé que te estabas haciendo exitista. Mirá que te leí con esa nota a los viejos fundadores de tu club...
-Sí, Francisco Xarau y Juan Giannella- y al Gordo le brillaron los ojos.
-Bueno, me decías- cortó el clima el Negro.
-Eso, que dos pardas contra equipos grandes. Quedaba un partido y ya había técnico nuevo.
-Pero eso es en el torneo que viene, Gordo.
-Por eso digo. Último partido de local. Tiene que ganar, para el futuro del club. Y tiene clavada la espina de aquel 30 de junio...
-Y se la juega y lo pone al pibe de él de titular, que tiene 23 años y no debutó en primera.
-Y el pibe va y mete el gol que encamina la victoria- se entusiasmó el Gordo.
-Y encima del "sueño del padre" (que es el "sueño del pibe" potenciado) se cae la cancha gritando ese apodo de siempre: "Indio, Indio".
-La gente ya viene sensible, porque en el minuto 9 atronó el "Uruguayo, uruguayo" por el fallecimiento de Hugo Guerra, que era compañero del DT hace veintipico de años.
-2 a 0.
-Con pibes como figuras.
-¿Sabés que? Es una historia imposible de escribir. Demasiado perfecta, Gordo.
-Nadie la va a creer. Es como el Mundial de 1942.
-Pero esto fue real. Y a la vez es increible.
-Tenés razón, Negro. Me parece que esta historia está escrita por una mano superior.

El silencio de ambos se hace eterno. Se enciende una tele.
"Quiero agradecer la presencia de todos, al principal que mueve mi vida que es Dios le agradezco este momento. Fue muy duro para mi familia haber vivido eso (el descenso). El reconocimiento de los hinchas es un mimo al alma. Es agradecerle a la gente. Orgulloso de mi hijo porque se lo ganó. Nunca nadie le regaló nada. Al contrario. Gracias a todos. Enormes gracias. Vuelvo a mis funciones porque tengo valores que no me los moviliza ningún dinero ni otra situación. Voy a luchar desde mi lugar para ver un Gimnasia gigante. Como lo merece el hincha. Como lo merecemos todos". Casi quebrado y al mismo tiempo entero, de la pantalla sale la paz de Darío Ortíz.  
Es el Indio para todos. En la conferencia de prensa tiene una camiseta 9 que era de Hugo Guerra. Y dice: "Me acordé de este tipo que era noble como yo (mientras acariciaba la Hummel número 9). En esa época eramos muy nobles, jugábamos por esto (la camiseta), no por otra cosa. Esto es para Huguito y su familia. Apenas asumí él me llamó y voy a traer a su hijo a probar. Esto es para él. Para toda la gente de Gimnasia".

Parece un cuento. No lo es. Ni el Gordo ni el Negro lo escribieron. Las más perfectas historias futboleras se escriben con sentimientos en una noche cualquiera de fútbol. Ni papel, ni lápiz. Menos una Acer. Se necesita otra cosa. Tablones, alambrados, héroes de carne y hueso. Y corazón. Mucho corazón.

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