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Plan de vida: cómo negociar el futuro de la pareja

Plan de vida: cómo negociar el futuro de la pareja

Dialogar y negociar es clave en la pareja

Hijos, ¿sí o no? Pasar un tiempo en el extranjero, ¿sí o no? Nos mudamos en el próximo año a un departamento más grande, ¿sí o no? Las preguntas y decisiones, cuando uno está en pareja, son infinitas. A veces, se coincide sin pensarlo con la media naranja. Otras, no. ¿Cómo se pueden manejar las diferencias, que pueden llegar a poner en jaque la pareja?

No es una pregunta menor. La idea de cómo vivir o de qué quisiéramos hacer en el futuro depende en gran medida de cuál sea la idea que tiene el otro integrante de la pareja del plan. “Por supuesto que nuestras decisiones impactan en la vida de nuestras parejas”, explica la terapeuta de parejas Sabina Lennarz.

“En las parejas jóvenes, es decir, que tienen poco tiempo de estar juntas, el futuro suele ser un tema muy frecuente”, comenta la terapeuta. “En esa etapa es habitual hablar de los deseos de cada uno. Con el tiempo, el tema suele quedar relegado”. En muchos casos se debe a que las parejas hablan menos sobre ellos, quizás guiadas por la falsa impresión de que ya saben qué es lo que quiere el otro.

“Hablar sobre el futuro tiene mucho sentido en cualquier etapa de una pareja”, explica la especialista. Hay terapeutas que incluso recomiendan tener un encuentro agendado, una vez por mes, para conversar sobre los planes y deseos de cada uno.

Suena muy fácil, pero no a todos les gusta hablar sobre el futuro. Hay personas que incluso hacen todo lo posible para evitarlo y le rehuyen a más no poder. Intentar tacharlo de la lista o esquivarlo no es una solución. Cuanto más tiempo deje pasar una pareja sin hablar o sientiéndose ignorada en sus planes y deseos, más fuerte será probablemente el estallido que se producirá de pronto, sin previo aviso.

¿Y qué se puedes hacer si, una vez que se habla del futuro, se cae en la cuenta de que cada uno tiene una idea bastante distinta? “El primer paso es decir abiertamente dónde uno está, qué idea tiene”, asegura Lennarz. Si uno no se imagina una vida con hijos o no tiene ganas de invertir en un departamento para los dos, debería decirlo con claridad. El segundo paso consiste en que cada uno comente qué lo lleva a tener esa posición. Cuando se habla de los planes a futuro se suele decir o delinear dónde está para cada uno el sentido de la vida, y ese es un tema poco negociable.

Si una pareja se dice abiertamente cuáles son sus motivos, puede llegar a encontrar puntos de partida para lograr un consenso. Puede que al hablar uno descubra que el otro no quiere saber nada de tener una familia, no porque rechace en forma generalizada a los niños, sino tal vez porque tenga miedo de asumir esa responsabilidad. Puede que saber eso permita comenzar a trabajar el tema y decidir, por ejemplo, no abalanzarse a tomar semejante decisión.

Los consensos son muy difíciles de lograr cuando se generan cruces de “sino esto, entonces...”. Algunas decisiones son más fáciles que otras. Cambiar de trabajo o dejar una casa siempre se puede, pero tener hijos es una decisión para toda la vida. Si una de las partes quiere tener hijos sí o sí y la otra no, la única solución es separarse. “A veces perder la pareja es una pérdida menor que la pérdida que nos puede generar no cumplir un deseo tan grande como ese en nuestras vidas”, resume Lennarz.

Adaptarse y asumir la idea de la pareja aunque no la compartimos, no es buena idea. “El momento crítico se da cuando una de las partes de la pareja no se siente vista”, apunta la especialista. “Cuando una de las partes relega totalmente sus deseos o necesidades, a la larga puede tener problemas psíquicos.”

Por eso es importante plantearse la siguiente pregunta: ¿Puedo ser realmente feliz si renuncio a ciertas perspectivas de futuro? Si la respuesta es “no”, es bueno evaluar a fondo si la relación que uno está llevando tiene sentido.

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