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PERSPECTIVAS

El peligro de las ilusiones

El peligro de las ilusiones

Por SERGIO SINAY

sergiosinay@gmail.com

El próximo domingo tendrá lugar en la Universidad nacional del Litoral, en Santa Fe, el primero de los dos debates entre los candidatos presidenciales. Aun resuenan ecos del último debate previo al balotaje de 2015, que ungiría a Mauricio Macri como presidente. En aquella confrontación con su contrincante, Daniel Scioli, Macri pedía ser juzgado, en caso de ganar, por los índices de pobreza que arrojara su gobierno (se prometía pobreza cero y cuatro años después es del 35%) y aseguraba que la inflación era un problema de rápida y fácil solución (hoy la padecemos en una cifra que supera el 50% anual). ¿Cómo un ingeniero puede equivocarse tanto en materia de cifras y proyecciones? ¿Por qué un gabinete conformado mayoritariamente por dirigentes de empresa supuestamente exitosos comete serialmente errores garrafales cuando en lugar de administrar una corporación debe hacerlo con un país?

El 20 de mayo de este año la revista especializada “The Journal of Personality and Social Psychology” (El Periódico de Personalidad y Psicología Social, en su traducción al castellano), de Estados Unidos, publicó un interesante estudio acerca de por qué fracasan personas que parecen estar calificadas para desempeñar tareas y cargos importantes. Los investigadores, comandados por Peter Belmi, catedrático de la Escuela de Negocios Darden, de la Universidad de Virginia, llegaron a la conclusión de que esas personas suelen demostrar un exceso de confianza en sí mismas, característica que los demás, especialmente quienes los eligen, suelen confundir con capacidad y experiencia. Si además, señala el estudio, provienen de una clase superior a la media se da por sentado que saben y pueden.

LOS ATAJOS DE LA MENTE

Al comentar este estudio en el “The New York Times”, la periodista Heather Hunter recordaba a Bobby Newport, personaje de la serie televisiva “Parks and Recreation”, interpretado por el actor Paul Rudd. Se trata de un empresario millonario que, buscando algo “fácil” en qué entretenerse, decide presentarse como candidato a intendente de su ciudad. Cuando en un debate con sus adversarios le preguntan cómo arreglaría los problemas del pueblo, su respuesta es “No tengo la menor idea”. A pesar de eso los votantes lo eligen. Dan por sentado que si supo hacer fortuna en sus negocios sabrá también gobernar la ciudad. Gracioso como suena (y, sin embargo, tan inquietantemente parecido a casos reales) esto remite a un par de habituales sesgos mentales. Los sesgos, o heurísticas, son atajos que toma el pensamiento para evitar complicaciones, incertidumbre, trabajo. Consisten en dar algo por sentado, no comprobarlo ni revisarlo, y establecerlo como una verdad inamovible. Los sesgos van de la mano con la resistencia a los cambios. En este caso se trata de dos de esas heurísticas, conocidas como “ilusión de confianza” e “ilusión de conocimiento.

Estas dos ilusiones, junto a otras cuatro (de atención, de memoria, de causa y de potencial) fueron exhaustivamente estudiadas por los investigadores Christopher Chabris (de la Universidad de Harvard) y Daniel Simons (de la Universidad de Illinois) en su libro “El gorila invisible”. La ilusión de confianza hace que quien se muestre más seguro haga creer que sabe más. Y la de conocimiento lleva a que, creyendo saber más de lo que saben, y haciéndolo creer a otros, las personas se apresuren a tomar decisiones importantes sin pensar dos veces, sin crear una alternativa y sin buscar información. Chabris y Simmons recuerdan, al estudiar la ilusión de confianza, una frase de Charles Darwin, el gran naturalista inglés padre de la teoría de la evolución biológica de las especies: “La ignorancia engendra mayor confianza que el conocimiento”. Es así porque al conocimiento se arriba por el camino de la duda, el ensayo y el error, mientras la ignorancia se saltea esos pasos y propina afirmaciones sin el menor sustento.

Quien exhibe exceso de confianza ignora su propia ineptitud. La ilusión de confianza, sostienen estos investigadores, solo cede ante la evidencia y los límites. Pero entonces puede ser tarde y los daños resultar irreparables. Dentro de esta misma ilusión en “El gorila invisible” se estudia el “síndrome del impostor”, que afecta a quien insiste en mostrarse competente a pesar de las evidencias. De acuerdo con Chabris y Simons, suele ocurrir con frecuencia que, ante la aparente seguridad de quien padece de la ilusión de confianza, quienes lo rodean o trabajan con él callen sus opiniones temiendo ser ellos los equivocados. De esa manera la ilusión de confianza termina por generar líderes incompetentes. En los casos más trágicos provoca guerras tan cruentas como inútiles. Aunque no se lo suela ver así, quien duda, consulta y es capaz de cambiar de opinión es más confiable que quien hace pasar confianza por conocimiento.

EL CHICO DEL “POR QUÉ”

Lo anterior nos lleva precisamente a la ilusión de conocimiento, que se define, como quedó dicho, por creer que se sabe más de lo que se sabe. Todos sabemos que, si apretamos el botón que está encima o al costado del inodoro, sale al agua que se lleva lo que hay que llevarse. Pero, para fortuna de los plomeros, no todos saben cuál es el mecanismo por el que eso ocurre. Hacer funcionar algo no significa saber cómo funciona. Conducir un auto no es sinónimo de saber de mecánica. A algunas personas la ilusión de conocimiento los induce a la convicción de que saben por qué funcionan objetos de uso cotidiano (celular, microondas, televisor, computadora, etcétera). Pero en realidad solo saben cómo funcionan. Eso en los casos más sencillos. Problemas graves aparecen cuando quienes manejan números y algunas teorías creen que saben cómo funciona la economía, o quienes tienen conocimiento de ciertos procedimientos formales y burocráticos, o han seguido protocolos en el cumplimiento de funciones públicas, creen que saben cómo se gobierna.

Tanto los mercados financieros mundiales como muchos gobernantes y sus gabinetes están seriamente afectados por la ilusión del conocimiento, afirman los autores de “El gorila invisible”. Creen que debido a que algo ocurrió alguna vez volverá a ocurrir exactamente igual. Dan por sabido lo que todavía no ocurrió, se muestran como expertos en algo que está por venir o piensan que las estadísticas hablan del futuro, cuando en realidad solo testimonian el pasado. Algo que contribuye a la ilusión de conocimiento es el exceso de información. Atosigados por una cantidad de información imposible de digerir, clasificar y entender solemos creer que sabemos más de lo que sabemos, cuando en realidad solo ensanchamos nuestra confusión y nuestro desconocimiento de lo que realmente importa. Les pasa con frecuencia a quienes dirigen cuando se rodean de manadas de asesores.

Chabris y Simons aconsejan actuar como esos chicos que preguntan una y otra vez “por qué” sin satisfacerse nunca con las respuestas. La continua pregunta por el “por qué” es un poderoso antídoto contra las ilusiones de confianza y de conocimiento. Obliga a desplegar argumentos y a fundamentarlos, nos evita creer con los ojos cerrados y nos vacuna contra dolorosas decepciones producidas por haber confundido confianza con conocimiento y conocimiento con información.

 

(*) El autor es escritor y periodista. Su último libro es "La aceptación en un tiempo de intolerancia"

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