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ENTRE PERROS Y GATOS

Rescatistas de mascotas

Son mayormente mujeres de entre 20 y 40 años. Trabajan solas o en grupo, movilizadas ante el abandono y forman una red cada vez más visible que vela por la calidad de vida de los animales. Quiénes son y qué hacen las proteccionistas de tiempo completo

Agustina Otto y Florencia Cavallaro, las creadoras de Callejeritos de City Bell. Una fan page para coordinar la recuperación de mascotas

Graciela Bufano es vicedirectora de un jardín maternal y proteccionista hace más de 30 años

Florencia Fidelio es voluntaria en la Asociación Protectora de Animales

Agustina Otto y Florencia Cavallaro crearon Callejeritos de City Bell, una fan page que modula la recuperación de mascotas

Algunos de los perros que tiene Brenda González en tránsito

Por YAEL LETOILE / Fotos SEBASTIÁN CASALI, DOLORES RIPOLL Y GONZALO MAINOLDI

vivirbien@eldia.com

Les quita el sueño el abandono animal y sólo duermen tranquilas cuando encuentran un hogar para la mascota recuperada. Destinan tiempo y dinero a mejorar la calidad de vida de perros y gatos, además de sostener sus propias jaurías de mestizos.

Los alimentan, les hacen curaciones, les dan techo y amor en sus casas o en refugios y hasta van a censar canes a distintos barrios de La Plata para promover la esterilización masiva. Esa es una acción clave –aseguran– para evitar la población callejera y las enfermedades asociadas a ésta.

La falta de humanidad con los animales las hace desconfiar de las personas y si algo detestan es la “desidia y falta de responsabilidad” de la gente. En la era de la comunicación virtual “viven” en las redes sociales, pues dar sus datos de contacto habilitaría el descarte de animales en los refugios o en sus domicilios.

“Hay que celebrar que hay personas que empatizan con los animales y tienen la posibilidad de saber cómo ayudar”

 

Muchos las ven como fanáticas, hay quienes piensan que les sobra el tiempo mientras que otros les recriminan que no lo dediquen a grandes causas. Más allá de los prejuicios, las proteccionistas defienden su tarea con pasión. Quiénes son y cómo trabajan las S.O.S de las mascotas en la ciudad.

DE CALLEJERO A CELEBRITY. @chocochanelok es la cuenta de Instagram de Chocolate, el perro celebrity de la calle Cantilo de City Bell. Su dueña Agustina Otto (35) –el nombre de fantasía con el que se la conoce en redes sociales– lo aupó hace tres años luego de que otra proteccionista lo rescatara con tumor venéreo, una afección típica de los vagabundos.

Choco, que tuvo que recibir quimioterapia para superar la enfermedad, es el más famoso de los cuatro “culas” que esta joven comerciante levantó de la calle. La jauría se completa con dos Jack Rusell - como el protagonista de Pancho, el perro millonario- porque a pesar de su ferviente callejerismo “no juzgo a los que tienen raza”.

Hace nueve años, Agustina y su amiga Florencia Cavallaro (31) crearon Callejeritos de City Bell, una fan page que modula la recuperación de estos animales. “Encontramos perros, los curamos, los publicamos” hasta encontrarles una familia, explica la “mamá” de Choco.

El principal objetivo de la organización es castrar. “Porque hay pobreza, desidia y abandono”, remarca Agustina y agrega “y enseñar a la gente que debe esterilizar tanto a machos como hembras”. También reclutan dinero, comida, collares y organizan eventos para amadrinar castraciones y pagar internaciones, porque la realidad es que “hoy casi nadie puede pagar tres mil pesos una castración o mil quinientos por día que cuesta la internación; tiene que haber una opción”, razona.

Los animales le gustaron siempre, pero su conexión más obsesiva fue a partir de una separación. “Podría haber elegido un comedor u otra cosa, pero me gustaban los perros”, dispara Agustina sin remordimientos. “Pronto me sentí dentro del grupo, éramos todas comerciantes de la zona y me sirvió para canalizar, la tristeza y olvidarme”, agrega.

Y si se le da fácil la comunicación en redes –esta mañana colocó tres perros con posteos a través de face– a los prejuicios de la gente prefiere no responder. Al contrario de lo que se piensa, con casi una década de trabajo ella cree que antes ignoraba más y ahora es más “porosa”.

“Mi actividad como proteccionista es un círculo que me lleva también a ocuparme de lo humano. Hace poco llevé anticonceptivos a una chica después de castrar a sus perros”, pone de ejemplo, “además del beneficio económico para una familia humilde que sus mascotas dejen de tener crías”.

CUANDO EL TRÁNSITO TE SALVA. Lunes de febrero, 8 AM. Una cachorra mestiza color té con leche se salva el pellejo frente a la parada del colectivo de diagonal 74 y 120. El conductor de un Logan oscuro clavó los frenos a tiempo, antes de embestir el cuerpo flaco y de disimulados genes galgos del animal.

Al instante, una joven y un señor de camisa y portafolio que esperan en la fila para tomar el colectivo, acuerdan que ella lo cuidará. Con el pichicho en brazos Brenda González (27) cruza la calle y él vuelve a la cola. “Iba a llevarlo porque mi hija se dedica a esto, pero ella también hace tránsito”, dice aliviado, “en casa ya tengo dos perros, dos gatos, un conejo y un pájaro”, cuenta.

Brenda está por recibirse de abogada, trabaja en la administración pública y hace tránsito desde que tiene independencia económica y espacio físico para alojar mascotas. Salvó a la primera a sus 23, era un perrito recién nacido con los ojos pegados que encontró en una bolsa de basura. Le dio mamadera hasta darlo en adopción.

“Hay mucha desinformación y poca concientización sobre el tema. Es muy alarmante la cantidad de animales dando vueltas”

 

“Es tal la problemática de los animales que viven en la calle, que a falta de políticas públicas una intenta hacer lo que puede desde su lugar. En mi caso, antes de poder ser tránsito intentaba ayudar a refugios como podía, les daba una mano para limpiar, organizar, alimentar, ejercitarlos y demás”.

Sobre el fanatismo y otras críticas, Brenda es contundente: “Para la gente es fácil criticar desde su comodidad. La verdad ningún extremo es bueno, pero hay que celebrar que hay personas que empatizan con los animales y tiene la posibilidad de saber cómo ayudar”, dice y añade “hay mucha desinformación y poca concientización sobre el tema. Es muy alarmante la cantidad de animales y en consecuencia bacterias dando vueltas. Todos estamos afectados con la problemática pero están los que prefieren no verlo y criticar”.

REFUGIO Y VOLUNTARIADO. Florencia Fidelio (27) no tuvo animales de chica. Pero antes de venirse de Viedma a estudiar adoptó una perra que, ya en La Plata, extrañaba horrores. Entonces se conectó con la Asociación Protectora de Animales (APA) y se anotó como voluntaria del refugio, uno de los tres que funcionan en la ciudad.

El objetivo de APA es el rescate, la curación, la búsqueda de familia y el seguimiento de los animales. En el refugio, cuya ubicación Florencia omite celosamente “para que no nos tiren perros en la puerta o por el techo, algo que es bastante frecuente”, hoy tienen 80 perros y están al máximo de la capacidad.

El trabajo de voluntario consiste en ir al predio los sábados a hacer distintas labores: desde suturarlos, curarlos y darles la medicación hasta hacer limpieza y desinfección. También, claro, juegan y miman a los perros. Además ella se ocupa de gestionar la web y la página www.facebook.com/apalaplata/, donde reciben donaciones y facilitan la adopción.

Florencia disfruta llevar lo perros a las jornadas que organiza APA en Plaza Moreno o en el bosque. Esa actividad suele ser un puente a la adopción. Es una oportunidad para que el vecino conozca a los animales, pase tiempo con ellos y establezca un vínculo que puede transformarse en una adopción.

“Ellos huelen otras cosas, y están con otra gente que se acerca y les hace mimos”, cuenta Florencia, “llegan enloquecidos a puro ladrido y cuando vuelven al refugio ni se los escucha”. Ella adoptó a Gatuza, una mestiza con una quemadura en el lomo que se le pegaba durante las salidas. “No tengo patio, ni balcón, pero lo importante son las ganas”, afirma.

¿Cómo se siente ser voluntaria? “Es una mezcla”, dice, “por un lado me pone contenta cerrar un círculo: que alguien conozca al animal y se lo lleve. Por otro, nos llegan millones de mensajes todos los días de gente que se quiere deshacer de sus perros o gatos y eso me indigna”. Con todo, no se resigna: “No me imagino sin hacer nada por los perros”.

PROTECCIONISTA DESDE SIEMPRE. Graciela Bufano (70) es vicedirectora de un jardín maternal y proteccionista de la primera hora. “Recorríamos carnicerías llenando el baúl de huesos y restos de carne para alimentar los 300 perros que llegó a haber en en el refugio de APA”, revive hoy ante El Día, “¡todavía no existía el balanceado!”, ríe.

Gachi, como la conocen todos, dedicó su vida a cuidar animales callejeros. Arrancó en 1986 cuando salvó a una perrita tirada en un charco de sangre. La habían atropellado y abandonado.

En esa situación un hombre le mencionó la Asociación Protectora de Animales y allá fue a sumarse al trabajo iniciado por Roberto y Mirta Canals, sus fundadores.

Fueron años de trabajar a pulmón para reclutar socios y conseguir dinero para mantener el albergue, censar animales abandonados en los barrios y promover esterilizaciones con veterinarios accesibles. “Hubo épocas en las que íbamos todos los días a la municipalidad a pedir castraciones y programas educativos para concientizar a la gente en la tenencia responsable”, cuenta.

Mientras, su familia - el marido y dos hijos- soportó tener hasta 16 animales refugiados en la casa. Todavía no existía internet y ella iba con la jaula a Plaza Italia a regalarlos. Pero la obsesión era tal que no podía dárselos a cualquiera, primero hacía una investigación exhaustiva y luego constataba en la vivienda del adoptante. “No podía dormir si no estaba segura de que estarían bien”, confiesa.

Hubo un momento en que tuvo que poner distancia porque se angustiaba mucho cuando no podía dar respuesta a la cantidad de animales que necesitaban ayuda. “Llegué a decir que estaba muerta para no recibir un perro de tanto que me llamaban, porque si no lo hacía me moría en serio”.

Ahora, que está en “retirada”, convive con tres mestizos recuperados y una caniche toy. Y aunque jura que no sumará uno más, los hechos dejan dudas: el último 30 de diciembre una amiga la llamó para salvar una cachorra afectada por la tormenta y ella no paró hasta recuperarlo: le dio calor, lo entablilló y hasta hubo que aspirarle los pulmones. Hoy -muestra la foto orgullosa- tiene nueva dueña.

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