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EL LATIDO DEL ARTE EN LAS PAREDES

El cuadro de un millón de libras que se autodestruyó

El enigma que plantea el muralista inglés Banksy: está en el candelero mundial y se desconoce su identidad. En las principales ciudades del planeta hay obras de su autoría. El resonante caso de su pintura “Niña con globo”

“Niña con globo” de Banksy, Creado en el año 2002, en South Park (Londres)/wikipedia

“Stop and Search” de Banksy, obra pintada en 2007 en Bethlehem, Palestina/web

Por MARCELO ORTALE

marhila2003@yahoo.com.ar

Hace casi cuatro décadas que el muralista inglés Banksy (1973) está en el candelero mundial. En las paredes de las principales ciudades encuentra siempre una tela rígida para pintar obras que no dejan de causar asombro. En Londres, pero también en Madrid, París, Lisboa, Verona, Venecia, Nápoles o Nueva York, en cualquier paredón o columna del mundo deslumbra el inconfundible trazo estético de Banksy, con mucho contenido político y social, que, además, tiene otra extraña cualidad: es universalmente famoso, pero ninguno sabe dónde vive y nadie conoce su identidad. Eso no le ha impedido que la mayoría de sus obras se paguen entre 9 y 44 mil euros y, por algunas, incluso un millón.

“Tanto investigadores como periodistas han intentado descubrir quién es el hombre (o mujer, o colectivo) que se esconde tras su firma” dice una columnista del periódico en línea y blog estadounidense “HuffPost US”. Agrega que “en 2003, tras una entrevista que concedió a “The Guardian” fue descripto como un hombre blanco de unos 28 años y en 2008 “Mail on Sunday” publicó una fotografía de un hombre de 34 años y pelo castaño, llamado Robin Gunningham, al que identificó como el artista”.

Como un niño travieso o como el Zorro legendario, Banksy maneja la sorpresa, dibuja una obra que obliga a ser vista y ni siquiera deja la zeta con un trazo sus sprays. Ha dibujado últimos murales sobre los refugiados que aparecieron en Paris el año pasado; tuvo su propio parque temático en Somerset (Reino Unido), titulado “Dismaland”, una feroz sátira a Disneylandia y mandó avisar que el parque era “inadecuado para niños”; es dueño de un hotel en Belén (Palestina), frente al muro de Cisjordania. El eslogan que eligió lo presenta como el hotel con “las peores vistas del mundo”. Cada habitación cuenta con dibujos de otros grafiteros palestinos y del propio Bansky.

Una de sus obras muestra a una orca enorme iniciando el típico salto, pero saliendo desde un pequeño inodoro; otra, a una mujer barrendera que esconde la basura alzando un lienzo pintado en una pared; una tercera, a una mujer que se despeña por la inmensa pared medianera de un edificio de altura, aferrada a su carrito de supermercado.

“Todavía no saben lo que hago. Piensan que soy pintor o decorador”, dijo hace poco

 

“Todavía no saben lo que hago. Piensan que soy pintor o decorador” dijo hace poco. La revista Time lo eligió como una de las 100 personas más influyentes en 2010. La foto que envió para la entrega del premio muestra a un hombre en buzo, de brazos cruzados y con una bolsa de papel madera cubriéndole la cabeza.

LA NIÑA CON GLOBO

En octubre pasado Banksy logró uno de sus golpes de efectos más resonantes. Pintó un cuadro –”Niña con globo”- y cuando se adjudicó la obra en el remate realizado por el grupo Sotheby´s, bajándose el martillo por cerca de un millón de libras esterlinas (unos sesenta millones de pesos argentinos), comenzó a experimentarse una extraña destrucción en el cuadro.

Banksy había integrado al marco (oculta a los ojos) una “trituradora de papel” por si esa obra llegaba a venderse en un remate, según dijo él mismo. Es decir, había preparado esa alternativa, para evitar que una obra suya se convirtiera en objeto de especulación. Cuando el rematador bajó el martillo, hizo funcionar a la trituradora. Era su manera de desafiar al capitalismo.

El resultado, sin embargo, fue contraproducente. Ocurre que la tela resultó triturada sólo hasta el medio de la pintura, ya que se logró detener a ese mecanismo, y ahora “el cuadro por la mitad” se cotizó mucho más. El enigmático pintor valoriza no sólo lo que hace, sino también lo que deshace o intenta deshacer.

PEREZ REVERTE

“Eran lobos nocturnos, cazadores clandestinos de muros y superficies, bombarderos sin piedad que se movían en el espacio urbano, cautos, sobre las suelas silenciosas de sus deportivas...”, así dice el comienzo de “El francotirador paciente”, una novela de Arturo Pérez-Reverte en la que el tema central es el arte urbano y el grafiti.

Ese libro está inspirado en Banksy (en la novela figura con el nombre de Sniper) y en grafiteros españoles, un universo que Pérez-Reverte exploró en detalle: “Hay diferentes tipos de grafiteros,“ dijo el escritor. “Un amplio espectro que abarca desde el que va a hacer daño hasta el que se incorpora al mundo comercial del arte, con muchas fases intermedias. Toda esa zona gris entre vandalismo y arte. Muchos lo van dejando. El que es legal no me valía para la novela, quería de protagonista al que se mantiene fuera de la ley, el que opina que si es legal no es grafiti y que las ratas no bailan claqué. El que no admite que los políticos llenen la ciudad de consignas, y los publicitarios, de tetas de modelos, pero que a él le acusen de ensuciar las paredes”.

Agrega Pérez-Reverte: “Si es legal, no es grafiti”. Según la opinión del escritor es inútil “el intento de las autoridades por domesticar el fenómeno. Nunca van a poder hacerlo, porque siempre habrá disidentes, grupos marginales que se negarán a aceptar ese juego”.

En la entrevista hecha por Ana Mendoza, de EFE, añadió que el grafitero “no es una persona que pinta por pintar. Lo hace por ganarse una reputación en un mundo de reglas y códigos muy estrictos y muy conocidos, que además se arriesga. Hay héroes y villanos, delatores y cobardes en ese mundo, mucho más complejo de lo que parece a simple vista”.

Dice luego que los grafiteros “son muy diferentes, pero a todos les une la calle. Hay artistas muy buenos de verdad; otros son pésimos. Algunos en el futuro quieren ser algo, otros no quieren ser nada”. Banksy, según los críticos, produce arte del mejor.

LA VANGUARDIA QUE NO CESA

Los vientos de la vanguardia que soplan en la historia ya desde hace más de cien años –cuando el rumano Tristán Tzara a inicios del siglo XX fundó el surrealismo, el estridentismo y por derivación el movimiento pop de los 60, en un movimiento también plasmado por Marcel Duchamp, con una inmensa obra de avanzada- siguen soplando con fuerza

A esas ráfagas se sumó con fuerza el muralismo, el llamado arte sin techo. Que no solo encontró expresión en los grafittis callejeros. En los 60 se volvió experiencia universal la intervención que hizo el argentino Nicolás García Uriburu, cuando decidió teñir de verde las aguas del Gran Canal de Venecia.

Nuestra ciudad tuvo también en esos años un movimiento artístico impulsado por Antonio Edgardo Vigo, que participó en forma activa del despliegue creativo del Instituto Di Tella, cuyos integrantes trajeron a nuestra ciudad los fundamentos y la expresividad del arte callejero. Y de ese primer movimiento surgió después el grupo Escombros, integrado entonces por Luis Pazos, Héctor Puppo, José Altuna, Horacio D’Alessandro, Héctor Ochoa y Juan Carlos Romero.

Así como ocurre en todas partes, en La Plata existe el muralismo, que se desarrolla al aire libre, interviniendo muros y frentes de la ciudad. Uno de sus cultores más conocidos es Luxor que, al ser entrevistado en una oportunidad, definió así lo que siente ante una pared pública no intervenida por el arte: “Para mí es como una desidia, como una manera de entender la nada”.

En octubre pasado Banksy logró uno de sus golpes de efecto más resonantes

 

Otro muralista platense, con obras expuestas en Estados Unidos, es Augusto “Falopapas” Turallas, profesor en la facultad de Bellas Artes. Tal como se señaló en el artículo recientemente publicado en el suplemento VB (Vivir Bien) de este diario, “sus murales pueden verse en cualquier esquina o bar de nuestra ciudad, en locales de todo el país y hasta en un edificio de 400 metros ubicado en el corazón de Brooklyn”. Cuando le preguntaron por un maestro, respondió: “El mercado del arte”.

UN NIÑO EN VENECIA

En las últimas horas apareció en Venecia pintado sobre una pared, a ras del agua, un niño al que se supone inmigrante pobremente vestido, que sostiene en alto algo así como una bengala de la que emerge una gran humareda roja. El mural despertó la curiosidad de todos y se lo atribuyó, por su estilo, a Banksy.

Sus dibujos, como el que realizó en Bristol, su ciudad natal, el de un hombre desnudo pintado sobre una pared de un centro británico de planificación familiar, originan controversias y, en este caso se decidió hacer una consulta popular. El resultado obligó al ayuntamiento a que no borrara esa imagen.

Muchos murales de Banksy tocan el tema de la inmigración. Así, a fines de 2015 apareció un mural de su autoría en el que retrató a Steve Jobs, fundador y Ceo de Apple. Se ve a Jobs como a un menesteroso con una mochila y en su mano una Macintosh. La obra se llama “El hijo de un inmigrante de Siria”. Ese mural lo compuso para denunciar las penosas condiciones en que se encuentran los refugiados sirios en el campamento de Calais. Alguna vez dijo Banksy: “El arte debe confortar lo perturbado y perturbar lo confortable”.

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