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Máxima, igual pero diferente: la reina repitió modelo y está perdonada

Con la pandemia de coronavirus como contexto omnipresente en todo el mundo, las actividades de las coronas pierden público y deben amoldarse a las contingencias, entre las que está reutilizar trajes y vestidos para gastar menos

Máxima, igual pero diferente: la reina repitió modelo y está perdonada

Imagen del 15 de septiembre pasado en la iglesia protestante Grote Kerk

4 de Octubre de 2020 | 06:27
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Hace un año, en estas mismas páginas, les contábamos a nuestros lectores como la reina Máxima había brillado en la más importante de las celebraciones de estado de los Países Bajos: el Día del Príncipe. Y si en ese entonces (no parece un año sino un siglo) todo fue brillo, este 2020 estuvo teñido de nostalgia y palidez.

Recordemos que el Día del Príncipe (Prinsjesdag en neerlandés) se celebra cada año el tercer martes de septiembre y es la gran fiesta de la democracia. Se denomina así en honor al príncipe Guillermo V quien rigió los destinos del país entre 1780 y 1797. En rigor de verdad es el Día del Presupuesto y el Día de la Apertura de las Cámaras. Y tantos nombres se deben a que ese día convergen una serie de acontecimientos que marcan un hito importante en cualquier sistema parlamentario, sea éste monarquía o república.

En los Países Bajos el acto oficial lo preside el monarca en ejercicio acompañado por su cónyuge y el heredero o heredera al trono. Todos parten del palacio real de La Haya en la carroza real tirada por caballos y se dirigen al Ridderzaal o Sala de los Caballeros, una de las dependencias del Parlamento. El paso de la carroza es muy pintoresco y suele ser seguido por gran cantidad de turistas y ciudadanos holandeses que se vuelcan a las calles.

Una vez en el recinto el rey dice el “discurso del trono” ante la presencia de los integrantes de las cámaras. En él hace un balance de lo acontecido durante el último año y cuenta a grades rasgos cuales serán las acciones del gobierno para el año parlamentario que se inicia. Claro… él no ha escrito ni una sola palabra sino que es la palabra del gobierno la que se escucha. Él es solo el mensajero y, cuando termina de hablar, decreta el comienzo de las sesiones parlamentarias. Luego se dan los tres hurras de rigor al rey y todos se retiran: diputados y senadores a comenzar a discutir el presupuesto en sesión plenaria y el rey y su familia al Palacio Real donde harán una breve pero emotiva aparición en el balcón frente a los ciudadanos que se congregan en la plaza.

Como curiosidad diremos también que desde el año pasado se ha adoptado un mecanismo de seguridad para este día copiado de la política de Estados Unidos: al igual que en la famosa serie, han incorporado un Designated Survivor, un funcionario del gobierno que está escondido en un sitio de alta seguridad y que, en caso de que durante el Prinsjesdag ocurra una catástrofe y mueran todos los ocupantes del Parlamento, se haría cargo del funcionamiento del país como máxima autoridad.

Es tanta la importancia que se le da al acto que hasta tiene un estricto dress code, muy similar al indicado para las bodas reales. Las mujeres deben asistir con tocado o sombrero y los hombres de morning dress, o sea con chaqué. Las damas de la Casa Real suelen ir con vestido largo, bastante “enjoyadas” . Y todos, por supuesto, con medallas y condecoraciones.

Máxima lució un look que ya había usado, aunque con un detalle: le cambió el color

 

En este punto nos detenemos para decir que, desde septiembre de 2002 se ha sumado una nueva expectativa al acto: ¿qué vestido llevará Máxima? ¿Usará tocado o sombrero? ¿De qué diseñador? La verdad es que la actual reina nunca ha defraudado y la hemos visto estrenar, a través de los años, sofisticados modelos y muy lujosos complementos.

Claro… las cosas fueron muy diferentes este año. Si a todos el COVID-19 nos ha cambiado la vida, el Día del Príncipe no fue la excepción. Por empezar no pudo realizarse en dependencias del Parlamento ya que ningún espacio garantizaba que se pudiera mantener distancia suficiente entre los asistentes. El acto se realizó en la Grote Kerk, una de las iglesias protestantes más grandes e importantes de La Haya. Es un edificio histórico del siglo XVI donde han sido bautizados los miembros de la familia real. Y, aunque a nosotros nos parezca extraño, los holandeses suelen “desmontar” iglesias para darle otros usos. De hecho la Iglesia Nueva, donde se casaron Máxima y Guillermo Alejandro, ahora es una sala de exposiciones.

Tampoco en el Prinsjesdag que se llevó a cabo el último 15 de septiembre los reyes se trasladaron en su carroza sino que lo hicieron en auto. No tenía sentido el paseo ya que se había pedido a los ciudadanos que no se volcaran a las calles sino que siguieran el acto por televisión. Hasta el “Hip, Hip, hurra” con que se vitorea al rey fue suspendido para evitar un posible desparramo de virus. Y, por supuesto, nadie se asomó al balcón a saludar.

El rey dijo su discurso desde el trono, como siempre. Máxima, mientras, asentía satisfecha pero sin grandes sonrisas. ¿Llamó la atención por su atuendo? Sí, pero porque, en lugar de estrenar, lució un look que ya le habíamos visto. Un vaporoso vestido de volados firmado por Claes Iversen que había llevado por primera vez en 2018 durante la visita de los reyes de Jordania. Los expertos en moda rápidamente detectaron que era el mismo atuendo pero también que había algo que lo hacía diferente. Muy pronto se develó la incógnita: el vestido se había mandado a teñir y en lugar del amarillo furioso de 2018 ahora era un amarillo albero, típico color de los edificios de Sevilla. Volado y color, todo recordaba a la ciudad en que en 1999 Máxima había conocido a su príncipe.

El acto se realizó en la Grote Kerk, una de las iglesias protestantes más grandes de La Haya

 

Para la cabeza, eligió un moderno tocado floral de oro y plata de la diseñadora Fabienne Delvigne y en la mano llevaba un clutch de Boteggo Veneta. El detalle dinástico lo marcaron las joyas y, en especial, el broche que perteneció a la tatarabuela del rey Guillermo Alejandro. El original llevaba un zafiro pero Máxima cambió la piedra por un citrino, de un color naranja más adecuado al atuendo.

Como la princesa heredera, Catalina Amalia, es aún menor de edad, los monarcas estuvieron acompañados por el hermano del rey, el príncipe Constantino, y su esposa, Laurentien. Ella lució un modelo de Missoni, precioso pero mucho más apagado que lo que ha llevado otros años.

El primer Prinsjesdag de Máxima fue en 2002 cuando llevaba solo siete meses casada con Guillermo Alejandro. Lució en ese entonces un traje rojo de Natan, la casa de alta costura más elegida por Máxima en sus años de princesa aunque con una excepción que nos toca de cerca: en 2004 nos sorprendió con diseño argentino, un conjunto de vestido y saco de Benito Fernández en color gris. Precioso y le sentaba de maravillas. En 2009 comenzó a elegir al diseñador Jan Taminiau para vestirla en el Día del Príncipe y la elección no podía ser mejor ya que sus diseños le otorgaban un aire más juvenil. Claro que eran todos trajes bastante discretos. Hubo que esperar hasta 2013, en su primer Prinsjesdag como reina, para verla brillar. Y la elección también recayó en Taminiau. Fue inolvidable ese vestido dorado, íntegramente bordado con piedras al tono con rombos que se achicaban hacia el torso. A partir de allí fue alternando: en 2014 un rojo de Valentino, en 2015 un hermoso vestido pintado a mano de Taminiau, en 2016 un vestido de falda rígida en dorado y azul de Claes Iversen, el mismo diseñador de este año. Luego de muchos años, en 2017 volvió a Natan, en 2018 se estrenó con un diseño de Luisa Beccaria y el año pasado un fabuloso vestido de Jan Taminiau, su preferido y al que siempre vuelve. Y siempre, absolutamente siempre, con los complementos que la hacen única: sombreros, tocados, carteras y amplias sonrisas.

Más allá de este aspecto frívolo, el discurso del rey se refirió a aspectos realmente cruciales para el futuro de los Países Bajos. Lógicamente hizo mención al gran esfuerzo del personal sanitario y destacó que son un estado fuerte que no ha reducido gastos sino invertido en la generación de nuevos y mejores empleos; recordó a los muertos por el COVID-19, un tema que quedará para siempre clavado como una espina ya que el índice de letalidad fue altísimo y no todos vieron con buenos ojos que se decidiera no brindar asistencia a los muy ancianos; se refirió a la solidaridad con otros países de la comunidad europea, una cuestión insoslayable y que tantas discusiones generó entre Mark Rutte, primer ministro holandés, Emmanuel Macron y Angela Merkel. Otros tópicos que abordó fueron el cambio climático, la igualdad de oportunidades, el racismo y finalizó con un mensaje de aliento.

Esperamos que el 2021 vuelva el boato al Prinsjesdag porque eso significará que hemos superado esta pandemia y finalizamos esta semblanza con las propias palabras del rey en su discurso.

“La crisis de la corona nos está poniendo a prueba en los aspectos que son valiosos para nosotros: salud, trabajo, familia y amistades. Y nos damos cuenta, ahora mismo, que se requiere unión y responsabilidad. Cada generación tiene preocupaciones y preguntas específicas. Pero es precisamente en la conexión entre generaciones que todos, jóvenes y mayores, pueden contribuir desde su lugar para superar este difícil período. Nuestra garantía más importante es que los Países Bajos siguen mostrando capacidad de recuperación económica, social y mental. La tarea del año parlamentario que comienza hoy es seguir viendo el futuro más allá de esta crisis y seguir trabajando en una perspectiva para todas las generaciones. Los miembros de este parlamento pueden sentirse apoyados en su trabajo. Les deseamos sabiduría y oramos para que reciban fortaleza y sean bendecidos por Dios”.

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Imagen del 15 de septiembre pasado en la iglesia protestante Grote Kerk

Detalle de broche lucido por la reina Máxima en el Prinsjesdag 2020

El mismo vestido, diferente tono

La reina Máxima en el Prinsjesdag entre 2013 y 2019

Los príncipes Constantino y Laurentien en el Prinsjesdag 2020

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