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Séptimo Día |PABLO KATCHADJIAN
La moda no es vanguardia

A partir de su nuevo libro, el autor reflexiona sobre su literatura y la clasificación de “vanguardista” con la que se lo suele encasillar

La moda no es vanguardia

El autor de “El aleph engordado” vuelve a reflexionar sobre la literatura y sus etiquetas / Télam

4 de Octubre de 2020 | 07:18
Edición impresa

A partir del nuevo libro de Pablo Katchadjian, “Amado Señor”, donde un escritor de cartas se ve obligado a cambiar de destinatario cuando se da cuenta de que no le está hablando a nadie, el escritor argentino reflexiona sobre su literatura y la vanguardia, un término con el que se suele identificar a su obra y del que toma distancia. “Más que vanguardista parezco romántico y neoplatónico”, dice, aunque arriesga que esa asociación surge porque le gusta “exhibir la mediación y hacer aparecer cosas que no estaban y que responden a la época de manera liberadora”.

El Amado Señor de la novela publicada por Blatt & Ríos le pide al narrador que le dé una explicación de lo que está haciendo. El protagonista luego de elucubrar algunas respuestas como un torpe equilibrista de la reflexión (que se cae y se levanta de sus certezas), y en una deriva permanente del pensamiento, llega a la conclusión que no cree que exista ese interlocutor y empieza a hablarle a todas las cosas. Es escuchado por ellas y están dispuestas a dialogar con él, mientras empiezan a aparecer enmarcados distintos relatos.

“Hay gitanos, historias de antepasados, historias personales, ficción, reflexión, y todo está mezclado, porque mi idea, de alguna manera, era no responder a una pregunta moral muy de época: ¿esto es verdad o no? Que es paralela a otra: ¿esto es tuyo o no es tuyo?”, plantea el autor, y asegura que se trata de preguntas “que no tienen nada que ver con la literatura. Con una escritora hablábamos hace poco de la oportunidad que aparecía con la presencia dominante de la literatura que habla de lo que les pasó a los autores: uno puede decir cualquier cosa en primera persona y esa cosa va a ser leída con esa intensidad especial que tiene lo vivido. Pero al mismo tiempo, si uno lo enmarca bien, va a generar la duda sobre si eso que se cuenta… Esa duda es liberadora, porque si es una duda que no se puede responder deja de tener importancia. A la vez, la mezcla de cosas tiene que ver con que quería escribir un libro sin género. En ese sentido es opuesto al libro anterior, ‘Tres cuentos espirituales’, en el que hay una elección de género y algo así como narración pura. En este no hay nada, y esa terminó siendo la propuesta: producir un vacío”.

Katchadjian (1977) es conocido por la intervención en obras de la tradición argentina, como el “Martín Fierro” de José Hernández, que en su versión titulada “El Martín Fierro ordenado alfabéticamente” (2007) presenta los versos del poema colocados en orden alfabético. A Borges, el mayor escritor e interventor del canon argentino -quien casualmente hiciera operaciones literarias sobre la obra gauchesca en algunos relatos- le interviene su cuento más conocido, con digresiones novelísticas y así nace “El Aleph engordado”, libro que por el que afrontó una contienda penal por los derechos, lo que despertó en su momento el apoyo de la mayoría de los escritores incluido el reservado César Aira, que en 2015 hizo una defensa presencial ante una multitud en la Biblioteca Nacional.

Otras operaciones por lo que se lo suele considerar “vanguardista” son las que realiza con “Mucho trabajo” (2011) donde publica un texto en una letra tan pequeña (2,1 de New Times) que no se puede leer ni con una lupa. Y en “La Cadena del desánimo” (2012) enlaza declaraciones de figuras de la política argentina que aparecieron en periódicos argentinos en el 2012.

El Amado Señor de la novela le pide al autor que le explique lo que está ocurriendo

 

“El problema de la palabra vanguardia es que nadie sabe qué es la vanguardia aparte de lo que suele llamarse ‘vanguardia’ cuando se habla de los movimientos de principios de siglo”, dice Katchadjian, y puntualiza que, además, “enseguida aparece la palabra retaguardia y se arma una jerarquía. No es un término que yo use, porque no me atrae la jerarquía que propone y porque no define nada con precisión. Así que no me ubicaría en ninguno de los dos lugares, porque si me identificara con las vanguardias debería decir, dada la situación general, que estoy no tanto en la retaguardia como en la resistencia. Pero no es el caso, no. Lo que yo podría preguntarme es por qué muchas veces aparece esa palabra referida a lo que escribo. Quizá porque me interesa, como a las vanguardias, exhibir la mediación y hacer aparecer cosas que no estaban y que responden a la época de manera liberadora. En ese sentido la vanguardia no sería formal, porque lo formal no libera”.

 

Amado Señor
PABLO KATCHADJIAN
Editorial: Blatt & Ríos
Páginas: 172
Precio: $690

 

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