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Salud |LA PANDEMIA HIZO MÁS DIFÍCIL EL CONTROL
¿Podemos frenarlo?: por qué comemos cuando tenemos ansiedad

¿Podemos frenarlo?: por qué comemos cuando tenemos ansiedad

La ansiedad provoca a muchos la necesidad de comer / Web

3 de Octubre de 2021 | 05:21
Edición impresa

Comer es un placer por regla general. Por eso nos gusta darnos nuestros “caprichos” de vez en cuando en este sentido e irnos a comer o cenar fuera, al restaurante que nos gusta. No obstante, y más desde el inicio de la pandemia, seguro que más de uno ha echado mano del frigo o de la despensa en determinados momentos. No son tiempos fáciles para muchos y, en más de una ocasión, comer nos alivia.

Isabel Campos Del Portillo es dietista-nutricionista del Centro Médico Quirónsalud Toledo y explica que sentir placer por lo que comemos es normal, si bien advierte de que lo preocupante es cuando esas emociones toman el control de nuestra alimentación y muchas veces motivadas por nuestra situación de ansiedad.

De acuerdo con la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), la ansiedad es una emoción natural, y es experimentada como algo desagradable, negativo, que surge en una situación ante la que el individuo percibe una amenaza (posibles consecuencias negativas).

“Para afrontar esta situación y tratar de reducir las consecuencias negativas el individuo debe ponerse en alerta”, aconseja la SEAS, al tiempo que establece que la reacción emocional puede observarse a un triple nivel: cognitivo-subjetivo (la experiencia), fisiológico (cambios corporales) y motor (conductual-observable). ¿Por qué lo hacemos? Por no hablar, tampoco, del cambio de nuestras costumbres, más en esta época, o de los altos niveles de estrés crónico a los que estábamos y estamos sometidos; a lo que habría que sumarle nuestra “pobre” manera de gestionar las emociones, sostiene la especialista. “Con todo ello, obtenemos la fórmula perfecta para que nuestro cerebro emocional tenga todas las facilidades para decidir a su antojo lo que comemos. Nuestro sistema de recompensa está constantemente activado y su objetivo principal es disminuir el miedo, el estrés o cualquier malestar, provocando placer a través de acciones agradables que generen dopamina, como por ejemplo el comer. Así, consigue asociar sensaciones placenteras a determinadas acciones para que repitamos esas conductas una y otra vez”, recalca la experta de Quirónsalud en Toledo.

Así, Campos Del Portillo indica que el mero acto de comer produce un aumento de dopamina de forma normal, pero comer, o incluso pensar en alimentos ricos en azúcar, dulces o edulcorados, con harinas refinadas, grasas muy sabrosas, sal o con otros potenciadores del sabor, produce un aumento muy exagerado del neurotransmisor del placer.

“Ese mismo aumento descontrolado es el causante de que esa oncita de chocolate que tanto te apetece por la noche te provoque un éxtasis de placer y te ayude a relajarte, provocando también la necesidad de seguir comiendo más, a pesar de no tener mucha hambre”, sostiene la dietista.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Esta especialista remarca que el placer es “efímero” y, a veces, viene acompañado de un batiburrillo de pensamientos de duda (‘quizás comí mucho chocolate’), de culpa (‘qué mal he hecho al comerme toda la tableta’) o ira con nosotros mismos (‘soy culpable por habérmelo comido todo’).

 

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