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Realeza: Príncipes galanes, con amores que rozaron el escándalo

“Cincuentones” y jóvenes, tienen -o tuvieron- una vida nocturna activa, con romances que no dejaron de llamar la atención. Son herederos del trono, que ahora con la pandemia, cuentan con más protagonismo en acciones sociales como mimebros de la nobleza

Realeza: Príncipes galanes, con amores que rozaron el escándalo

El príncipe Federico de Dinamarca completa su primer Ironman

Por: VIRGINIA BLONDEAU

21 de Febrero de 2021 | 10:00
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Tres reyes ocuparon estas mismas páginas en nuestra última entrega: Felipe de los belgas, Guillermo Alejandro de los Países Bajos y Felipe VI de España. Tres monarcas que demostraron ser, además, hombres enamorados. Para muestra, el gesto del holandés que el 14 de febrero, día de San Valentín, subió una imagen en que se lo veía arrodillado ante Máxima replicando el momento y lugar en el que le había pedido matrimonio. “20 años después, el mismo lugar. Disfrutando del hielo”, era el epígrafe de la foto.

Románticos son también, sin duda, dos príncipes que están aún a la espera del trono pero que, dada la edad de sus progenitores, en esta crisis sanitaria han adquirido mayor protagonismo y oficiado, prácticamente, de regentes. Se trata de dos “cincuentones” que en su dorada juventud rompieron corazones y a los que la madurez los ha engalanado aún más: los herederos Federico de Dinamarca y Haakon de Noruega.

Unos meses después que Felipe VI de España y unos cuantos kilómetros al norte nació, el 26 de mayo de 1968, un príncipe vikingo: Federico Andrés Enrique Cristián, hijo de la ahora reina Margarita II de Dinamarca y su marido, el príncipe Enrique de Monpezat. Cuando nació reinaba aún su abuelo quien pronto falleció y, al convertirse su madre en reina, él se convirtió en heredero. Federico siempre tuvo fama de flojo, vago, inmaduro y disoluto y la prensa nunca lo trató demasiado bien. Es verdad que no se destacó demasiado salvo por su buena pinta y natural aire de seductor. Fue un joven con múltiples intereses: habla varios idiomas; se graduó en Ciencias Políticas; tuvo formación militar; trabajó en la ONU y en la embajada de Dinamarca en París; es profesor, documentalista y escritor sobre temas de medioambiente, miembro activo del Comité Olímpico Internacional, y un gran deportista al punto de haber participado de maratones en las que la resistencia física y mental es fundamental. No nos parece ya tan flojo ¿verdad?

Federico es el más transparente de todos los príncipes y reyes de su generación. Cuando cumplió 50 años lo escuchamos decir en una entrevista que recién siendo adolescente se dio cuenta de que un día iba a ser rey. “Vi mi vida apagarse, comprendí que tenía que empezar a comportarme como un adulto y que nadie estaba dispuesto a explicarme como sería eso sino que tenía que forjar mi propio camino”. Su propia madre, la reina, confesó que posiblemente no había sido muy clara al enseñarle al chico cual era su destino y lo había dejado un poco a deriva. Ya vimos como Federico tenía múltiples intereses a los que se suman su afición a los locales nocturnos, su coqueteo con el alcohol, su deseo de tirar todo por la borda y convertirse en DJ y la mala elección de las novias (según la vara de su madre que nunca le vino bien ninguna). Como buen vikingo, su cuerpo se llenó de tatuajes y como buen joven que vive al límite se hizo adicto a los autos y motos de alta velocidad lo que le valió el apodo de “príncipe Turbo”.

En su dorada juventud rompieron corazones y la madurez los ha engalanado aún más

 

Vivió la vida al límite hasta que en las olimpíadas de Sidney, conoció a una abogada australiana que le robó el corazón. En mayo de 2004, cuando se casó con Mary Donaldson, conocimos el costado más sensible del príncipe: lloró a mares durante la ceremonia y la recepción. Y volvimos a verlo llorar hace un par de años cuando en la fiesta por sus 50 años su mujer dijo un emotivo discurso en que lo describió como un hombre apasionado, no convencional, valiente y muy sexy “aún en calzas” según expresó textualmente. Mary, en su discurso, hizo mucho hincapié en sus virtudes, especialmente en su apostura tanto de entre casa como de gala o uniforme lo que nos da la pauta de la fuerte pasión que aún existe entre la pareja.

El más joven de todos los protagonistas del día es el príncipe Haakon Magnus de Noruega que nació el 20 de julio de 1973 así que, si bien no califica como cincuentón, ha tenido una vida bastante paralela a la de los demás y ha estado siempre muy unido a Federico de Dinamarca, a los príncipes suecos y también al rey español.

Cuando su padre se convirtió en rey, Haakon tenía 18 años de modo que su infancia y juventud habían pasado bastante desapercibidas. Se educó, junto con su hermana, en escuelas del estado y cursó la universidad en Estados Unidos. Fue bastante discreto en sus relaciones sentimentales y la prensa lo dejó tranquilo hasta que en 2000 decidió alquilar un departamento en el centro de Oslo para irse a vivir con Mette-Marit, una chica que había coqueteado con las drogas y que era madre soltera. A los supuestamente open-mind noruegos les pareció un horror que un príncipe heredero conviva con una chica sin casarse pero más horror les pareció cuando anunciaron su compromiso. La pareja decidió seguir adelante a pesar de las críticas, ella pidió disculpas por su pasado y cuando en 2001 se casaron todo quedó olvidado. Los padres de Haakon, los reyes Harald y Sonia, poco podían oponerse ya que ellos mismos habían tenido que luchar años para poder casarse debido a la condición de plebeya de ella.

Vamos a cerrar esta semblanza con el mayor de toda esta generación y, tal vez, el más mediático: Alberto Alejandro Luis Pedro Grimaldi, príncipe soberano de Mónaco. A sus casi 63 años, poco pelo y mucha panza, hace rato que dejó de ser un galán cincuentón pero digamos que tuvo una larga y prolífica juventud hasta que sentó cabeza y comenzó con la crianza de sus niños y herederos.

Nació el 14 de abril de 1958 en el palacio, fruto de un matrimonio de ensueño formado por el príncipe Rainiero, ya en el trono, y la ex estrella de Hollywood Grace Kelly. Ya tenía una hermana mayor, Carolina, a la que, al nacer, le arrebató su condición de heredera por el simple hecho de ser varoncito. Después de siete años nacería Estefanía, la menor de los Grimaldi.

Fue un bebé, un niño y un adolescente precioso. El más Kelly de los tres hermanos; rubio, hierático, de facciones perfectas pero sin toque salvaje mediterráneo de Carolina y Estefanía. A medida que fue creciendo se le empezaron a conocer novias, una más bella que la otra como modelos de pasarela y actrices que eran en su mayoría. La más estable fue Tasha de Vasconcelos pero también se lo relacionó con Claudia Schiffer, Naomi Campbell y Sharon Stone. Pero al ver que el tiempo pasaba pero no “pasaba nada” empezó a correr el rumor de su homosexualidad. Y todo comenzó porque en unas vacaciones de esquí a Escandinavia se fotografió con unas drag queen que estaban celebrando un festival gay.

Alberto enfrentó los rumores pero al final se cansó de desmentir que era homosexual

 

Alberto siempre ha enfrentado los rumores pero al final se cansó de desmentir que era homosexual. El tiempo se encargó de eso. Luego del fallecimiento de su padre y una vez convertido en príncipe reinante, presentó a dos de los hijos que tuvo de soltero, fruto de dos relaciones con bellas mujeres, una estadounidense y otra togolesa. Y aún tiene pendiente de resolver otras demandas de paternidad. A todo eso ya pululaba por palacio una joven sudafricana, nadadora olímpica y muy muy rubia. Hacía tiempo que Alberto y Charlene, que hoy tiene 43 años, se conocían pero recién en 2006 se los empezó a ver juntos. Se comprometieron en 2010 y al año siguiente se casaron. Y así terminó la carrera de don Juan de Alberto.

Nos quedan fuera de rango otros príncipes de la realeza: dos desconocidos, Enrique de Luxemburgo, de 65 años, y su hijo Guillermo, de 39 y el “malo de la película”, Carlos de Inglaterra, de 72 años. Los primeros, predecibles. Y Carlos que merece una muy buena biografía para su intenso y polémico paso por este mundo. Ya los evocaremos en el futuro.

Estos reyes y príncipes pertenecen, sin duda, a una generación bisagra ya que son los últimos en ser criados con toda la fuerza de la historia dinástica de sus familias de origen pero los primeros en tener que demostrar que la sangre azul puede ayudar pero pesa más una buena gestión como jefes de estado. Aunque todo les fue dado, nada les asegura que puedan conservarlo pero, como contrapartida, tiene muchas más herramientas que sus padres; han recibido una educación exquisita, recorrieron el mundo varias veces, vivieron intensamente casi todos, han elegido mujeres fuertes, que manejan el sol a la perfección y saben cuando conviene hacerles sombra y cuando hay que dejarlos brillar.

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