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Información General |DE LA PLATA AL MUNDO
Horacio Villalobos: una vida con la cámara al hombro para contar miles de historias en fotos

Capturó imágenes que recorrieron el planeta, como la última del presidente Allende o la balacera de Ezeiza, y trabajó para medios internacionales como AP, UPI, France Press o Getty, entre otros. Radicado en Portugal, cuenta sobre sus inicios en nuestra ciudad, los peligros que enfrentó, y los secretos de un oficio “al que siempre le puse el cuerpo”

Horacio Villalobos: una vida con la cámara al hombro para contar miles de historias en fotos

Horacio Villalobos

Ricardo Castellani

Ricardo Castellani
rcastellani@eldia.com

2 de Octubre de 2022 | 03:44
Edición impresa

A Horacio Villalobos (76), siempre le atrajeron las imágenes. Desde chico. Y a lo largo de su vida, buscó (y sigue todavía buscando) fijarlas para siempre, recorriendo el mundo con su cámara al hombro y el ojo atento. Una revuelta de universitarios platenses en los tiempos de Onganía; partidos de fútbol de Estudiantes y Gimnasia (luego de Seleccionados en distintos mundiales); la vida de internados psiquiátricos en el Hospital de Melchor Romero; la sangrienta Guerra de Eritrea; la balacera de Ezeiza en el regreso de Perón; o la última fotografía del Presidente Salvador Allende con vida en Chile. Son esas apenas algunas de las miles de imágenes que Horacio Villalobos supo capturar para siempre y que recorrieron el mundo. Porque como él mismo dice, “lo importante de una foto es que tenga un resignificado a lo largo de la historia”.

 

“Lo más peligroso fue la cobertura de la pandemia cuando no había vacuna que la combatiera”

 

Se inició como reportero gráfico en el diario EL DIA, pero su afán por documentar desde episodios de la vida cotidiana en el Gran La Plata a importantes sucesos internacionales en cualquier lugar del mundo, lo convirtió en un conocido reportero gráfico en Europa. Por supuesto dominó la técnica fotográfica y para informar llegó a correr grandes riesgos.

Claro que algunas de sus fotografías no le gustaban, otras le trajeron algún que otro dolor de cabeza, y muchas le dieron importantes premios.

“Siempre me gustaron las imágenes -cuenta desde Portugal, donde actualmente reside y donde sigue trabajando para la agencia internacional Getty- y me atraía sacar fotos desde chico, aunque las que sacaba por entonces eran francamente muy malas. Una vuelta, mientras estudiaba Licenciatura en Física en la facultad de Ingeniería de La Plata, yo tenía un cargo menor en el Centro de Estudiantes, donde debatíamos con otras agrupaciones de la Federación Universitaria, y resulta que una noche nos pusieron una bomba en el Centro de Estudiantes. Eran los primeros tiempos del gobierno de Onganía, y yo había sacado unas fotos de cómo había quedado el lugar, con las que armamos unos carteles que salimos a pegar por las calles de La Plata. Pero junto a un compañero nos agarró la policía y nos llevaron detenidos a la comisaría primera. Todavía me acuerdo de la cara de un sargento regordete que nos metió en un patrullero. Pero el asunto es que la Justicia de Faltas nos impuso la pena máxima, 30 días de prisión por ‘incitar a la violencia de las masas’, un disparate. Por suerte unos amigos influyentes se movieron y nos bajaron el castigo a 10 días por ‘pegar carteles sin permiso’. Una diferencia de criterio notable, pero los 10 días en la primera me los comí igual”.

 



Julio Cortázar / Horacio Villalobos

 

Aquellos eran tiempos inestables, y la familia Villalobos -papá Serafín Félix, médico hematólogo, y mamá Iris María Bollo, profesora de Bibliotecografía- debían conformarse con ir a visitar al hijo mayor en la celda de la primera. “Eran cosas de la época, pasaba todo el tiempo y los viejos no me dijeron nada. Yo lo recuerdo como los primeros gajes del oficio, aunque de aquello también me quedó la imagen de un hombre que estaba en una celda contigua, lo acusaban de haber robado el sable corvo de San Martín, lo que por supuesto era falso, y que me decía ‘va a correr sangre de vacas sagradas’”.

Con el tiempo, Horacio fue percibiendo que le gustaban más las fotos que la Física, y logró conseguir un trabajo “free lance” en EL DIA para cubrir los partidos que Estudiantes y Gimnasia jugaban como visitantes.

“La verdad es que a mí nunca me gustó mucho el fútbol, aunque mi papá me llevaba a ver a Gimnasia y tenía la platea 46 en la techada. Pero me aburría, y además con el tiempo comprobé que el fútbol fue, siempre, un instrumento de los gobiernos. Si hasta en el Mundial de Inglaterra de 1966 inventaron algo que nunca ocurrió, como el episodio de Ratín con la Reina. Claro, como acá no llegaban las transmisiones televisivas, se podía decir cualquier cosa. Pero en aquella primera experiencia en el Diario, tenía que cubrir los partidos, y viajaba a todas las canchas. Eran tiempos del blanco y negro, con revelado artesanal, y yo ganaba minutos cuando volvíamos de la cancha y procesaba el material dentro del auto. Llevaba un bolso negro, me ponía unas mangas especiales y llegaba al Diario con el material casi listo. Era muy distinto a como se trabaja hoy, y cubríamos hasta las notas de vestuario. El problema se presentaba cuando empezaron los partidos de noche; teníamos que hacer 10 minutos y volver volando porque urgía llegar para que el material pudiera ser usado”.

 



Un paciente del hospital de Romero / Horacio Villalobos

 

EL PRIMER IMPACTOEN LA PLATA

Allá por el año 1972, el joven Villalobos comenzó a interesarse por realizar colaboraciones con el suplemento dominical del Diario. Y una de las coberturas que le pidieron fue para una nota en el Hospital de Melchor Romero. Pero su ojo inquieto fue un poco más allá.

“Primero hice la nota convencional -recuerda- y después me metí a recorrer el hospital lejos de las miradas de los custodios, y me encontré con situaciones impactantes. Había un lugar al que llamaban ‘la jaula’, donde los internos estaban en condiciones deplorables. Empecé a sacar fotos y registré imágenes, miradas y situaciones de maltrato muy fuertes, como la de un interno mirándome sin ver, con gesto suplicante. El diario EL DIA publicó esas fotos y se armó un gran revuelo, una abogada se interesó por los derechos de los internados y le hizo un juicio a la Provincia, que fue condenada, mientras que además terminó por demolerse aquel recinto al que llamaban la jaula, y por esas fotos recibí un premio de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)”.

 



Jorge Luis Borges / Horacio Villalobos

 

Mas adelante, Villalobos sería el primer fotoperiodista becado por la SIP para estudiar en la Universidad de Missouri, en los Estados Unidos “lo que fue un gran honor, pero que es parte de otra historia que después te cuento”.

También por aquellos años, Horacio se fue a vivir a Buenos Aires, conoció a corresponsales de medios internacionales en nuestro país, y fue contratado para trabajar por prestigiosas agencias de noticias como Associated Press (AP), United Press International (UPI) o France Press.

 

“Lo importante de una foto es que tenga un resignificado a lo largo de la historia”

 

“Me contrataban para trabajar por día -cuenta- y así cubrí para ellos distintos episodios, como la primera llegada de Perón en el 72 o la segunda en el 73, la de Ezeiza. De esta última me acuerdo que logré tomar unas 25 fotos de los terribles episodios que se sucedieron, y separé la mitad para AP y la otra mitad para UPI, pero todas fotos distintas. Y entre ellas una que fue emblemática, la del palco con dirigentes armados con revólveres, que luego sería tapa de libros, y por la que UPI también me dio un premio”.

Ya el de Horacio Villalobos comenzaba a ser un nombre reconocido en el mundo del fotoperiodismo, y desde la revista Time Magazine lo contrataron para una cobertura en Chile.

 



La última imagen de Allende con vida, en el balcón / Horacio Villalobos

 

“Era para cubrir una entrevista al presidente Salvador Allende -recuerda- viajé a Chile el 10 de septiembre de aquel año 1973, y el reportaje, que nunca se hizo, estaba programado para el día 11. Porque pasó que ocurrió el Golpe de Estado, y de los tres días iniciales convenidos me quedé 12 días en Chile, y pude sacar la última foto de Allende con vida, cuando estaba en un balcón con un fusil, por la que también me dieron otros premios, y que muchos años después sería utilizada por la presidente Bachellet para la edición de un folleto. Pero la importancia de una foto no son los premios, sino su significado en la historia, y esa de Allende hablaba de muchas cosas, pero por sobre todo, de la dignidad de ese mandatario”.

Llegarían después muchas otras coberturas internacionales, como la del Mundial de fútbol de 1974 en Alemania para UPI, y una oferta de trabajo de AP para ser corresponsal en México.

 



Una imagen de Rhodesia / Horacio Villalobos

 

“Era una oferta muy buena -dice Horacio- pero yo tenía todavía pendiente la beca de la SIP, y rechacé la oferta de AP para optar por la beca. Estuve dos años en la Universidad de Missouri, y nunca me arrepentí de la decisión que había tomado, porque para mí fue un verdadero honor haber tomado aquella beca”.

LOS PELIGROS DE LA GUERRA

Según recuerda Horacio, su abuelo le había hablado muchas veces de Eritrea, de estudiantes que había conocido de ese país de África Oriental a principios del Siglo XX, y de un sinnúmero de historias. Y dice que fue tal vez por eso que un día decidió ir a cubrir el conflicto que atravesaba aquel Estado, que derivó en la guerra más larga del Siglo XX, entre 1961 y 1991.

“No era conveniente desde lo económico y al final estuve 3 meses y apenas si logré salvar la plata, pero fue una experiencia fascinante. Yo había arreglado con Black Star y con Time Magazine para enviarles crónicas y fotos, y hacia allá fui. Era una guerra entre hombres pobres, donde si te morís ahí nadie se entera, por donde recorrí lugares horribles, y donde el peligro mayor no eran las balas ni los bombardeos, sino la malaria, que finalmente contraje. En fin, fue también una experiencia enriquecedora”.

 



Dirigentes armados en Ezeiza, en el regreso de Perón / H. Villalobos

 

De regreso en el país en 1976, en el archivo de sus fotografías se encuentran las que tomó para UPI del helicóptero que trasladaba a Isabel Perón tras su derrocamiento; de conflictos en Rhodesia; de sus trabajos en París para la agencia Corbis, que era propiedad de Bill Gates; de sus coberturas para Diario Popular, donde trabajó hasta el año 2003; o de sus tareas como corresponsal para distintos medios en Francia, Alemania o Portugal.

“Hace 20 años que vivo en Europa -relata- y la verdad es que no extraño demasiado. Elegí Portugal en el 2016 para trabajar, porque es un país maravilloso, y donde soy miembro de la Asociación de Prensa Extranjera, trabajando para Getty, que es la agencia fotográfica mas grande del mundo, y haciendo lo que hice siempre, me levanto todos los días a las 7 de la mañana para leer los diarios, porque tengo que estar informado de todo lo que me puedan pedir, y a donde voy viajo con la cámara, que por cierto es bastante pesada y después de tanto tiempo me ha costado mis buenas sesiones de fisioterapia”.

 



Maradona, campeón en la bombonera / H. Villalobos

 

Mientras tanto, a la distancia, Horacio responde dos preguntas finales. “¿De mis coberturas más peligrosas?, sin dudas que no fueron las guerras, ni los bombardeos ni los tiroteos, lo más peligroso fue la cobertura de la pandemia cuando no había vacunas ni remedio que la combatiera. Yo siempre le puse el cuerpo a todo y estuve en cementerios y hospitales sin vacuna, donde el virus era más peligroso que un tiro que uno sabía de donde podía venir, pero siempre con el deber de ser testigo, como dicen los franceses, con el deber de memoria, mirando el instante para ver instintivamente lo que puede ocurrir”.

“¿Y la última cuál era, de La Plata? Bueno, La Plata es mi niñez y juventud, la imagen de una ciudad hermosa, con sus veredas anchas; las caminatas por diagonal 77 desde mi casa hasta la Escuela Anexa, la vuelta en el tranvía 15 desde 1 y 50; la Ciudad Universitaria. Yo hace 20 años que vivo en Europa y hablo tres veces por semana con mi hermano Mario Arnaldo, que es tres años menor que yo, es médico cardiólogo y sigue viviendo en La Plata, pero no sé, me cuentan que está muy distinta a la Ciudad que yo viví, que se volvió mas ruidosa, más disgustante, pero La Plata siempre está en mi corazón”.

 



Isabel Perón deja la Casa Rosada en helicóptero / H.V

 

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