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“El último jubileo”: Isabel celebró 70 años en el trono de Inglaterra

Con 96 años, la reina participó activamente de algunos de los festejos en su honor, donde no faltaron las perlitas y polémicas en torno a las varias actividades que le dedicaron

“El último jubileo”: Isabel celebró 70 años en el trono de Inglaterra

El balcón del palacio de Buckingham al comienzo y al final de las celebraciones

Por: Virginia Blondeau
vivirbien@eldia.com

12 de Junio de 2022 | 06:37
Edición impresa

A mediados de noviembre de 2020, en plena pandemia y cuando nadie podía imaginar el futuro, la Casa Real de Gran Bretaña anunció que los festejos por los 70 años de la reina Isabel II en el trono se realizarían entre el 2 y 6 de junio de 2022 con grandes pompas, brillo y la presencia de la soberana y su familia. El anuncio reflejaba un optimismo radiante, el mismo que, necesariamente, debe tener Su Majestad para llegar a sus 96 años con esa gallardía.

Muchos contratiempos y tragedias hubo desde entonces: cuatro, cinco y hasta seis olas de virus; afianzamiento del Brexit; travesuras y delitos de los Windsor, y muchas muertes incluso la del príncipe Felipe. Pero cuando llegó el pasado 2 de junio, la reina se puso de pie y todo Londres con ella para cantar “God save the Queen” y celebrar su cumpleaños y el Jubileo de Platino.

Recordemos una vez más que Isabel “se subió a un árbol siendo princesa y se bajó siendo reina”. Este remanido dicho tiene una explicación: los príncipes Isabel y Felipe estaban visitando Kenia y paraban en el Treetops, un hotel en la selva construido sobre árboles. Durante la noche del 6 de febrero de 1952 llegó la noticia de que, allá lejos, en Londres, el rey Jorge VI había fallecido y, por lo tanto, su hija se convertía en reina a partir de ese mismo instante. Más allá de la confusión y tristeza, fue una fecha solemne e histórica que la reina no ha dejado de recordar en estos 70 años.

¿Qué es un jubileo?, se preguntarán los lectores. El “jubileo” o “año Jubilar” es una tradición religiosa de origen judío que el pueblo cristiano tomó con el fin de que sus fieles cada tantos años se tomaran uno sabático dedicado a la reflexión, perdón y reconciliación. Las monarquías comenzaron, en el siglo XIV, a denominar “jubileo” a algunos aniversarios “redondos” de sus monarcas en el trono y a otorgarles el nombre de un metal o piedra preciosa como si fueran aniversarios de boda. (Plata, oro, diamante, platino).

¿Y por qué es tan importante este Jubileo de Platino para Inglaterra? ¿Por qué la “royalmanía” llegó a su máxima expresión el pasado fin de semana? Porque tal vez sea el último gran aniversario jubilar en muchísimos años. La reina tiene 96 años y es imposible que esté en este mundo para celebrar 80 años en el trono; el príncipe Carlos tiene 73 años ¿llegará a reinar algún día? ¿llegará siquiera a cumplir 10, 20 años como rey? Poco probable. Las esperanzas están puestas en Guillermo quien comenzará su reinado ¿a los 50 y pico? Bueno… si todo sale bien dentro de unos 40 años podrá celebrar su Jubileo de Plata, o sea, sus 25 años en el trono. Por eso decimos que para una gran cantidad de británicos este fue su “último jubileo”.

Los festejos fueron muchos y hace un año que comenzaron. Desde 2021 todos los miembros activos de la familia real han plantado árboles, viajado por los países de la Mancomunidad y asistido a actos oficiales en nombre de la reina para celebrar sus 70 años en el trono. Se acuñaron monedas, se diseñó una nueva vajilla, se entregaron condecoraciones, se comercializaron souvenirs con un éxito sin precedentes (desde juguetes hasta jabones) y un muy largo etcétera de celebraciones en las que los Windsor han sido protagonistas. Pero la frutilla del postre fueron, sin duda, los actos que comenzaron el jueves 2 de junio con el Trooping the colour, el desfile con el que cada año se festeja el cumpleaños de la reina y en el que la familia real aparece en el balcón del Palacio de Buckingham. La gran intriga de este año era a quién la reina invitaría a estar con ella en el balcón. Sobre todo si estarían los más polémicos de la familia: Harry y Meghan, quienes renegaron de su posición y se autoexiliaron en California, y el príncipe Andrés, a quien le rozan causas por corrupción de menores.

Para evitar especulaciones unos días antes se aclaró que ni uno ni otro estarían ya que la lista se vería limitada a los “working royals” o sea, a los miembros de la familia que trabajan para la monarquía y representan a la reina.

Los días previos el Jubileo se palpitaban en los canales de televisión y en las redes. Documentales, fotografías, mensajes de salutación de otros monarcas, de presidentes y del propio Papa iban llegando y todo el país se iba vistiendo de fiesta. El Stonehenge, un sitio de piedras colocadas en semicírculo cuyo origen es antiquísimo, y otras construcciones sirvieron de pantalla para que se proyectaran imágenes de Su Majestad y las calles de cada ciudad amanecieron plagadas de banderas. Pero lo que más emocionó fue un corto video, un paso de comedia cuyos protagonistas fueron la propia reina y el oso Paddington, personaje emblemático de la literatura infantil inglesa. Paddington llega a tomar el té con la soberana pero lo bebe a borbotones y no le deja a la pobre ni una gota. Para remediar su descortesía le ofrece un sandwich de mermelada a lo que ella, pícara, le muestra que siempre lleva uno dentro de su inseparable cartera. Son dos minutos y medio deliciosos y les recomendamos a los lectores que lo busquen en la página de la familia real de Youtube bajo el nombre “Ma’amalade sándwich, Your Majesty?”. Es mucho más que un video, es la confirmación de que los Windsor son quienes mejor manejan el marketing institucional y mejor entienden lo que se espera de ellos. No en vano es la monarquía con mayor popularidad y los movimientos republicanos son mínimos.

Finalmente llegó el 2 de junio y las celebraciones comenzaron con el desfile ecuestre en el que participaron los príncipes Carlos y Guillermo y la princesa Ana. La reina, sorpresivamente, hizo su aparición en el balcón del palacio con el anciano duque de Kent y luego se unieron los otros miembros activos de la familia. El centro de ese balcón reunió a cuatro generaciones de Windsor: la reina y los tres futuros reyes, Carlos, Guillermo y Jorgito. Las damas los acompañaban perfectamente engamadas con la soberana, todas en tonos celeste liláceo y blanco. Rodeando a este núcleo estaban los primos Gloucester y los primos Kent, la princesa Ana y el príncipe Eduardo con sus familias, todos leales soldados de la reina. Ese balcón fue el epítome del sistema monárquico que tiene a la trascendencia como unos de sus más importantes valores. Y no faltó el tono gracioso como para descontracturar tanta pompa: el principito Luis de Cambridge, de 4 años, saludaba con entusiasmo cuando no había que saludar, pasaba por delante de la reina a quien no paraba de dar charla y preguntarle cosas, hacía muecas indescifrables y se tapaba exageradamente ojos y oídos al paso de los aviones. Todo un show.

Pudo verse en otras ventanas del palacio a otros miembros de la familia pero sin duda todos los ojos estaban puestos en Harry y Meghan quienes no participan juntos de ningún acto familiar desde principios de 2019 cuando decidieron dejar de pertenecer al círculo de confianza de Su Majestad.

Aunque pudimos vislumbrarlos ese día fue al siguiente, el viernes 3, cuando participaron (y fueron protagonistas por el interés mediático que provocan) de la Misa de Acción de Gracias que se llevó a cabo en catedral de San Pablo. Meghan, con abrigo y sombrero blancos, de Dior, acaparó miradas pero no opacó a su cuñada, Kate, de la que se mantuvo convenientemente alejada. La duquesa de Cambridge llevaba un vestido de Emilia Wickstead en amarillo claro que le quedaba fabuloso. La misa tuvo asistencia casi perfecta. Estaban hijos, nietos, bisnietos, sobrinos, sobrinos nietos y primos de la reina, todos con sus mejores galas. Y si decimos “casi” es porque faltaban la propia reina y la vergüenza del reino: el príncipe Andrés a quien le agarró justo a tiempo un conveniente virus que lo mantuvo aislado y alejado de todas las celebraciones.

Entre otros muchos actos tuvo lugar el gran concierto del sábado por la noche al que volvió a acudir la familia al completo. En el escenario hubo música, humor y un fabuloso espectáculo de luces y sonidos. El acto lo presidió el príncipe Carlos quien, con Camila a su lado, dirigió unas sentidas palabras a su madre que lo miraba por televisión desde su hogar, a pocos kilómetros de Londres. Carlos comenzó diciendo “Your Majestic… mummy” y el público estalló en vítores con tanto entusiasmo y en forma tan sostenida que el príncipe agregó “Si aplaudimos así de fuerte es posible que pueda escucharnos”. También el príncipe Guillermo dijo un breve discurso con un único mensaje: agradecimiento por los 70 años de leal servicio.

Otro hito emocionante en las celebraciones fue la aparición de la reina en el desfile del domingo. Pero de una reina joven porque gracias a la tecnología pudimos verla hecha holograma dentro de la carroza dorada tal como hace 70 años para su coronación. Fue, sin duda, el gran momento del domingo.

Las celebraciones terminaron como habían empezado, en el balcón de Buckingham con la reina (de carne y hueso) y Carlos, Guillermo y Jorge, primero, segundo y tercero en la línea de sucesión. Acompañaban Camila y Kate, siempre en segundo plano pero imprescindibles para completar el cuadro familiar.

No se extrañó a nadie aunque la sombra de Felipe, el duque de Edimburgo y compañero de Isabel en su largo camino de servicio a la corona, sobrevoló cada instante y nadie pudo dejar de pensar que la fragilidad de la reina no sería tan aguda si tuviera en quien apoyarse.

A esta altura sería una obviedad decir “¡Larga vida a la reina!” Pero lo más importante no es la cantidad de años de reinado sino la admiración, devoción y alegría con que su pueblo la celebra. La popularidad sostenida en el tiempo es envidiada por hombres de estado e incomprendida por nuestro espíritu republicano. Gran Bretaña sabe que se sentirá huérfana cuando no esté y han dedicado este Jubileo a disfrutarla al máximo.

Todos miraban a Harry y Meghan, quienes desde 2019 no compartían un acto familiar

Lo que más emocionó fue un video donde la reina y el oso Paddington toman el té

 

 

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Multimedia

El balcón del palacio de Buckingham al comienzo y al final de las celebraciones

Meghan y Kate en la Misa de Acción de Gracias

Las calles de Londres en las celebraciones

Los simpáticos gestos del príncipe Luis

Una de las escenas del video donde la reina toma el té con el oso Paddington

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