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LITERARIAS

Eduardo Rezzano: “Nocturna” o las criaturas que habitan la noche

Eduardo Rezzano: “Nocturna” o las criaturas que habitan la noche

Eduardo Rezzano: “Nocturna” o las criaturas que habitan la noche

Por SANDRA CORNEJO

Al tiempo que me llega “Nocturna”, libro reciente de Eduardo Rezzano, veo los capítulos finales de “Penny Dreadful”, serie que ahonda en los claroscuros del ser, en la noche y sus animales dispersos en ella, humanos o no; la poesía, de alguna manera, los conforta. “Nocturna”, reciente poemario del músico y poeta platense, inicia su recorrido justamente con un texto llamado “Criaturas de la noche”. En este poema, sin saber muy bien por qué, dialogan entre sí cucarachas, personas y grillos. Luego, en “Violeta”, una tortuga atraviesa la delgada raya “entre la hibernación /y la muerte” para ofrendar su pequeña obra de arte. Entrelíneas, las bestias, los muertos y los abandonados hablan en un lenguaje dificultoso, semejante al de la propia comunicación humana.

Sugestivo, “Nocturna” expone el universo de los invisibles. Establece una poética a partir de la mirada de quien ha sido abandonado, incluso, por su propio nombre. Rezzano, de vida errante él mismo, recorre aquí un paisaje urbano que deviene páramo; así, en una especie de limbo, el hombre, el niño o la mujer, como lobos de estepa, moran en “una compañía muda/ y deshabitada”. Leve en su hechura, poético desde la desolación, este libro traduce la soledad de distintas maneras y nos envuelve en su tejido sutil. Con voz musical nos arroja al azul, a las “partículas subatómicas” y compone un registro que mucho tiene que ver con las últimas cosas. Ese otro orden se dice de manera tenue, a expensas de lo dolido, de lo maldito, de lo marcado y del río de la vida que lleva “peces muertos/ y desperdicios”.

En “Nocturna” hay una noche cerrada, un dormir y nacer en lo oscuro; hay niños como rastros de carbonilla en el aire, niños lámparas nocturnas, niños, mujeres y hombres aturdidos por el ruido de las refinerías, en una habitación vacía, con una herida vieja que todavía sangra. También hay una conmovedora “Niña del viento” donde leemos: “Cuando murió Amparo/ mi primera mujer//mi hija me dijo/yo soy hija/del desamparo”. Textos hilvanados por la cadencia de la sencillez pero que demandan de nosotros una percepción aguda y descalza. Para entrar en “Nocturna” es preferible dejar afuera los preconceptos e ir de página en página como quien recorre las camas de los hospitales, en silencio, con los ojos bajos, pero el corazón atento.

Siguiendo la idea de las afinidades que inicié con “Penny Dreadfull”, si como dice Mirta Rosenberg: “Siempre me imaginé la poesía como un territorio / mejor aún, una isla. / Es como si fuese una reserva / a donde todos podríamos recurrir / cuando haya escasez de sentimiento en el mundo / e incluso de pensamiento”, en el tono de Rezzano hay un claro registro de esa perspectiva de territorio, de isla, de reserva ante la “escasez”. Cuando cada detalle de lo cotidiano expresa más un estado interior que una realidad, algunos seres construyen un mundo de palabras para que sean los libros quienes hablen por ellos.

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