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En política, las facturas suelen cobrarse tarde, pero casi nunca se pierden

En política, las facturas suelen cobrarse tarde, pero casi nunca se pierden

Claudio “Chiqui” tapia y Pablo Toviggino / web

Germán López

4 de Enero de 2026 | 03:14
Edición impresa

Con la intención de ir por la reelección de Javier Milei ya explicitada por el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem -“ya estamos en marcha trabajando por la reelección de Milei”-, el escenario político de los próximos dos años adquiere una certeza clave: el oficialismo ya definió el eje en torno al cual ordenará expectativas, alianzas y conflictos. Se trata de una decisión que busca disciplinar a la propia fuerza detrás de un objetivo central y, por eso, se formula con tanta anticipación.

De esta forma, el Gobierno pretende capitalizar la inercia triunfalista de octubre y exprimir al máximo el indudable éxito que significó la aprobación del Presupuesto 2026. La incógnita se desplaza, entonces, hacia la vereda opuesta: quién y desde qué fuerza política estará en condiciones de asumir el rol de antagonista.

En ese terreno comenzaron a aparecer señales nítidas desde el espacio que lidera Axel Kicillof. El gobernador bonaerense parece decidido a ocupar el rincón del retador y, al igual que el oficialismo, busca ordenar su propio campo mediante alineamientos. En esa lógica se inscribe la promesa a los intendentes de avanzar en 2026 con la reinstalación de las reelecciones indefinidas en la Provincia, un incentivo potente para asegurarse respaldos territoriales. También debe leerse en esa clave la ronda de encuentros con gobernadores como Sergio Ziliotto, Ricardo Quintela, Gildo Insfrán, Gustavo Melella y Gerardo Zamora, donde Kicillof aparece como primus inter pares.

El armado incluyó, además, señales claras hacia el sindicalismo. Kicillof recibió en La Plata a Hugo “Cachorro” Godoy y Hugo Yasky, referentes de las dos CTA, junto a aliados tradicionales del peronismo como Roberto Baradel y Daniel Catalano. Días antes, acompañado por su vicegobernadora Verónica Magario, había visitado la sede de la CGT, donde fue recibido por la nueva conducción de la central. En ambos casos, el rechazo a la reforma laboral funcionó como excusa convocante.

Hasta aquí, el manual clásico del peronismo de construcción electoral. Sin embargo, al encabezar un acto de su Movimiento Derecho al Futuro en Ensenada, Kicillof introdujo un matiz relevante: admitió que “no alcanza solo con el peronismo” y llamó a construir una alternativa más amplia, “sin sectarismos y sin dejar de hablar con quienes piensan distinto”. La afirmación no es casual. En el kicillofismo parecen haber asumido que el piso electoral del peronismo es alto, pero insuficiente. Los datos de la consultora QSocial refuerzan esa lectura: el 35% de quienes votaron a La Libertad Avanza lo hicieron, ante todo, para evitar un triunfo del peronismo. Ese rechazo sigue siendo un obstáculo estructural.

Así como la estrategia del mileísmo para las elecciones de octubre fue salir en busca de quienes en septiembre se habían quedado en casa, el kicillofismo apunta ahora a despertar la adhesión de los electores que optaron por la abstención en los últimos comicios. En ese universo -algo más del 30% que no participó de las legislativas nacionales- el espacio del Gobernador cree encontrar la clave para volver a ser competitivo en 2027.

El razonamiento parte de un dato más amplio: cerca del 60% de los argentinos en condiciones de votar no eligió a La Libertad Avanza. El kicillofismo cree que ese electorado es recuperable porque no se fue con Milei: se fue de la política. La incógnita no es si existe, sino si alcanza con volver a convocarlo sin antes resolver el problema de fondo que lo empujó a quedarse en su casa. Y si se lo puede seducir sin romper con el discurso tradicional del peronismo.

UN POLO DE PODER

La tarea del Gobernador se complica por otro factor: la interna. Aunque todavía no emergió una figura con volumen suficiente para disputarle la candidatura presidencial, existe un polo de poder integrado por gobernadores peronistas, incluidos aquellos que optaron por acercarse al Gobierno nacional a cambio de beneficios fiscales y respaldo presupuestario, como Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo o Gustavo Sáenz. La historia ofrece una advertencia: en 1988, Antonio Cafiero parecía imbatible en la interna peronista y terminó derrotado por la astucia de Carlos Menem, un gobernador que también supo negociar con el poder central.

EL ESCÁNDALO DE LA AFA

En paralelo, el escándalo que rodea a la AFA suma un componente adicional al clima político. Las investigaciones judiciales y revelaciones periodísticas sugieren que la trama construida por Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino excede largamente el mundo del fútbol y se proyecta sobre la política. Se especula que maniobras como la compra de dólares al tipo de cambio oficial para su posterior venta en el mercado paralelo durante el cepo —que habrían dejado ganancias extraordinarias— no podrían haberse concretado sin avales en el más alto nivel. Los hechos se habrían producido hacia el final del gobierno de Alberto Fernández, cuando Sergio Massa concentraba poder como superministro de Economía.

Claudio “Chiqui” Tapia y su entorno ocupan hoy el centro de la escena

El listado de los ilícitos presuntamente generados alrededor de la AFA —y dentro de ella— no termina ahí y expone la impunidad y el desparpajo con que se habrían cometido esas maniobras: administración fraudulenta, reventa de entradas en el Mundial, apuestas clandestinas y soborno de árbitros para condicionar resultados, evasión de aportes e impuestos, desvío de fondos mediante contratos en el exterior y lavado de dinero. La pregunta inevitable es cómo fue posible que semejante saqueo se sostuviera durante tanto tiempo sin que se activaran las alarmas de las pesadas burocracias de control que existen en el país, empezando por la Unidad de Información Financiera (UIF). Tampoco fue la Justicia la que inició la investigación, aunque ahora, bajo presión mediática, parece acelerar los tiempos. Conviene recordar que todo se originó en un episodio aparentemente menor: la coronación de un campeón “de escritorio” y la sanción a un club que se negó a convalidar el protocolo triunfalista.

Tapia y su entorno ocupan hoy el centro de la escena, del mismo modo en que meses atrás lo estuvieron Karina Milei y funcionarios cercanos por el caso ANDIS. Aquella investigación, aún inconclusa, quedó relegada tras el estallido del escándalo en la AFA. No deja de ser paradójico que los audios que dispararon el caso ANDIS se difundieran desde una plataforma que muchos atribuyen a Toviggino y al gobernador Gerardo Zamora, es decir, desde el mismo entramado que hoy aparece bajo sospecha. En política, las facturas suelen cobrarse tarde, pero casi nunca se pierden.

 

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