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LITERARIAS

Una Batalladora de las letras

Aurora Venturini, a los 85, premiada con el Nueva Novela

Una Batalladora de las letras

Una Batalladora de las letras

Es una lección: a los 85 años continúa trabajando, proyectando argumentos, revisando traducciones y manteniendo vínculos con escritores jóvenes, a los que promueve a través de un concurso que lleva su nombre y que ella misma sustenta económicamente. El departamento en el que escribe es un campo de trabajo: originales, cartas, manuscritos, todo perfectamente ordenado. "Salvo cuando estoy en obra", aclara con una mueca socarrona. Dos semanas atrás recibió el Premio Nueva Novela organizado por el diario Página 12 y el Banco Provincia. Un jurado compuesto por Juan Ignacio Boido, Juan Forn, Rodrigo Fresán, Alan Pauls, Sandra Russo, Guillermo Saccomanno y Juan Sasturain eligió su original "Las primas" de entre más de 600 novelas. Aurora Venturini toma el premio con humildad sin embargo, con bastante serenidad incluso. "Me puse en la piel de una muchacha diferente, con capacidad diferente -aclara-, pero si me preguntan cómo escribí esa novela creo que no lo sé, fue como un ramalazo, casi sin respirar". Es autora de más de 30 libros, se exilió a la caída del segundo gobierno peronista y fue posteriormente condecorada con la Cruz de Hierro por el gobierno francés por sus traducciones de Villon y Rimbaud y también por el italiano. Es novelista, cuentista, poeta, traductora y ensayista, pero, sobre todo, una batalladora de las letras. "Trabajo y trabajo -dice, e inmediatamente agrega-: y poné que después de trabajar sigo trabajando, ése es el único secreto". El premio que le entregaron de 30 mil pesos tiene un plus: una escultura de Adolfo Nigro. La vida de Aurora Venturini está surcada de anécdotas, todas protéicas, relevantes, como cuando trabajó junto a Evita o cuando conoció a Violette Leduc, Eugene Ionesco, Sartre y Simone de Beauvoir, entre otros intelectuales. En Sicilia frecuentó la amistad de Salvatore Quasimodo. "Ahí tengo cartas, de todo el mundo, de los escritores que te imagines", dice señalando un mueble con cajonera, pero lo dice en tono pausado, humilde. "Los libros deben hablar por uno, no uno, los malos escritores van adelante de sus libros, los cocorean, en fin, la gente sin embargo sabe diferenciar, se da cuenta dónde hay ínfulas y dónde verdaderamente hay obra". El libro que fue premiado ("Yo no bajo los brazos, sigo concursando como una chica, como si recién empezara"), cuenta la historia de una familia disfuncional clase media ubicada en los años cuarenta en nuestra ciudad. La voz que narra pertenece a Yuna, una muchacha salvaje, transparente, ingenua, pero por momentos feroz, brutal, y es ese tono el que va llevando el hilo conductor de un relato que habla de ascensos y descensos, sexualidad, historias barriales, infidencias, mitos y temores. "Pero esa voz -señala Aurora-, es como arrebatada, extraña y diferente a la vez, porque Yuna no pertenece al común. Lo increíble es que tuve que soltarla y darle espacio, clamaba por salir". Si se le pregunta por el premio que acaba de recibir, no duda: "No tenía ni idea, ni sabía quién estaba en el jurado, ni nada, pero sí tuve la intuición de que debía enviar ese original y de que debía enviarlo con ese seudónimo: Beatriz Poltrinari". Como una reminiscencia de Dante en el seudónimo, el personaje central de "Las primas" hace su particular descenso. "Es al infierno interior que desciende Yuna -dice Venturini-, pero el exterior infernal no le va en saga". Su último trabajo editado, precisamente, es otro descenso a los infiernos, el que le provocó la traducción de Isidore Ducasse, el Conde de Laureámont, a través de los Cantos de Maldoror. "Meses y aún años estuve trabajando en esa poesía, respetando la particular dicción de Ducasse, reelaborando la tríada maldita allí concebida". Cuando se le pregunta por el mejor libro que ha escrito, aclara: "Podría ser éste, el que premiaron, pero no sé, son tantos". Y sonríe reconcentrada, con una mueca de orgullo. Aurora Venturini es una mujer de carácter, altiva cuando debe serlo, pero con la modestia genuina que da la estatura. "La talla debería ser medida por la moral", asegura. La novela va a ser editada y distribuida por el sello "La Página" en todo el país, pero ella advierte que no habrá tregua. "Podría descansar, ¿no?, pero no creo, ya me está sobrevolando otra historia y tengo que ponerme a escribir". En su departamento de Barrio Norte hay imágenes de santos, el Jesús Misericordioso, el Niño Jesús y una Virgen muy joven, casi niña. "Ella me escucha, yo le hablo, creo que conoce todos mis argumentos".

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