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El hombre orquesta

Hace 50 años dirige las principales orquestas y agrupaciones corales de La Plata y del país. "El músico -aún el profesional- nunca pierde la emotividad", dice Roberto RuizPor MARCELO ORTALE

El hombre orquesta

Roberto Ruiz

5 de Febrero de 2012 | 00:00

Se alzan las manos del maestro Roberto Ruiz. La función va a comenzar. ¿Cuántos miles de músicos y coreutas sumados en sus casi sesenta años de labor le responderán? Sonríe porque no sabe cuántos podrían ser, aunque admite que fueron y siguen siendo muchos, muchísimos. Y se puede ver que sus manos están llenas de música, que esas manos disciplinadas se mueven elegantes y ágiles en la conversación que mantiene ahora en su casa del barrio de Meridiano V.

"El rol de un director de orquesta es más totalizador que el de un coro, es más abarcativo de la literatura musical. La orquesta tiene una riqueza tímbrica mayor que la de un coro, aunque todo lo coral es entrañable para mí".

Nació en la trabajadora ciudad de Rosario y pronto, influenciado por un padre que no era músico pero que amaba el arte musical, comenzó a estudiar piano. A los 11 años, al comprobar que su padre no contaba con recursos como para comprarle un piano, se dedicó al violín. Participó luego en una orquesta juvenil del Círculo de Obreros y a los 19 años, ya en Buenos Aires, ingresó por concurso a la Orquesta Sinfónica Juvenil de Radio Nacional.

En 1957, cuando sólo tenía 23 años, ganó por concurso el cargo de director del Coro Universitario de la UNLP. "Fue un jurado muy extraño y muy bravo. Lo conformaban todos los integrantes del coro". El Universitario de La Plata, primero en el país, había sido fundado en 1942: "la aparición de ese coro fue como un detonante, ya que en no más de veinte años, todas las sedes universitarias habían creado ya su coro".

A partir de entonces Ruiz desplegó una actividad más que intensa. Luego de estudiar dirección orquestal en Bellas Artes con su admirado Mariano Drago, resultó becado por el gobierno de Francia en 1965. Allí estudió en el Conservatorio Nacional de París y en la Escuela Nacional de Música. Regresó en 1968 y fundó -con otros músicos platenses colmo Carlos Sampedro, Roberto Poli, Guillermo Jacubowich y Héctor Almerares- la Orquesta Sinfónica Municipal, de la cual sigue siendo director titular.

También dirigió en esa época y por varios años la Sinfónica de la Universidad Nacional de San Juan y a partir de allí condujo durante décadas la orquesta del Teatro Argentino -donde ocupó los cargos artísticos más relevantes-, la orquesta estable del Teatro Colón, la Sinfónica Nacional y la Filarmónica de Buenos Aires.

En todos esos años viajó mucho por el mundo y actuó como director en teatros de París, Viena, Roma, Nueva York, Puerto Rico, Maracaibo, Montevideo, Colorado, Arezzo, Frankfurt, Taormina, Santiago de Chile o México, entre otros lugares.

En general se habla del origen de los instrumentos. Pero casi nunca se cuenta nada sobre el origen de la batuta.

"La batuta empieza como el bastón de mando. Concretamente era un bastón, con el que se golpeaba en el suelo para mantener el ritmo de la orquesta. Se usó el bastón de mando hasta el siglo XV, creo. Y de allí debe venir esa suerte de falso concepto de que una batuta da poder. Para mí no tiene nada que ver con una vocación de poder".

¿Usted dirige con las manos o utiliza batuta?

"He alternado. Pero mi maestro, Drago, era un gran defensor del uso de la batuta. El uso de la batuta conlleva una cierta técnica o disciplina para la orquesta".

Usted tiene años de profesión, ¿esa experiencia le quita emotividad a su tarea?

"El pensamiento musical y la preocupación profesional de todo músico obliga ciertamente a respetar una cantidad de cosas, pero siempre está la emoción. A veces mi mujer, Mirta, me cuestiona porque cuando veo un concierto por TV se me escapa... uyy... mirá ese trombón, qué mal... y entonces esa suerte de deformación profesional no es buena. Pero más allá de ella, la música me sigue produciendo una gran emoción. Hace unos días venía manejando mi auto y en la radio empezaron a transmitir la Primera Sinfonía de Brahms, que es mi autor casi predilecto. La había dirigido muchos años atrás, pero hacía mucho que no la escuchaba. Detuve el auto y de pronto advertí que se me habían llenado los ojos de lágrimas".

Habrá visto la película de Fellini, Ensayo de Orquesta...

"Claro que sí. Es una gran película. Y le digo algo. El que hizo la música fue Nino Rota, un gran compositor. Estoy seguro que muchos de los secretos de la vida de esa orquesta se los pasó Rota a Fellini".

Los directores de orquesta suelen enojarse con los músicos cuando estos no aciertan. Y lo mismo pasa con los directores de coro, cuando los coreutas desafinan o entran a destiempo. ¿Usted es de los que se enoja y les grita a los intérpretes, como hacía, por ejemplo, Toscanini?

"No me gusta Toscanini. No me gustó nunca. No, yo me he enojado muchas veces, pero jamás insultaría a un músico. A mi no me enoja alguna eventual falla técnica. Lo que puede llegar a fastidiarme es la falta de compromiso. ¿Qué cuáles son mis directores preferidos? Leonard Bernstein, George Solti, Sir Simon Rattle y Claudio Abbado. Y entre los argentinos, Simon Blech".

¿Cómo puede ubicarse a La Plata analizándola desde el punto de vista de su actividad coral y orquestal?

"La Plata ha sido precursora en la actividad coral. No sé realmente cuántos coros tiene. Tal vez cerca de doscientos... Inclusive podría decirse que el mercado no puede absorber tanta oferta coral. Hay organismos administrativos, hay empresas, hay organismos de tipo asistencial que tienen coros. En cuanto a la música orquestal, está bien, está en escala con la ciudad. Las orquestas son las del Argentino, con su Camerata, y la de la Municipalidad".

¿Un coro estable, como lo es el del Argentino, o el del Colón, se diferencian en mucho de coros como el Universitario?

"Son irremediablemente distintos. Los coros de ópera, digamos, están integrados por profesionales. Y desde luego, las necesidades de volumen, por dar sólo un ejemplo, son mayores y más exigentes para coros como los del Argentino y el Colón".

Se conocieron últimamente algunas voces críticas sobre la acústica del Teatro Argentino. ¿Usted opina igual?

"No, no estuve de acuerdo con esas críticas. Creo que la acústica del Argentino es aceptable".

Tanto para el caso del Argentino como del Colón, ¿no le parece que podría montarse algún sistema de retransmisión de óperas y otros espectáculos para canales de TV, tanto de la capital como del interior? Hay producciones muy costosas que sólo son vistas por el público que asiste a tres o cuatro funciones.

"No hay ninguna buena razón para que no se intente algo así. Pero ¿le importarán a esos canales? Creo que es un tema interesante, que los entendidos debieran analizar. Una transmisión por TV multiplica enormemente la audiencia.

Si la realidad de la música estuviese tironeada desde un extremo por la razón y, desde el otro, por la emotividad, ¿usted dónde estaría, dónde se sentiría más cómodo?

Clic para ampliar"Prefiero estar en la mitad. Creo que esta tensión se presenta en todas las artes".

¿Entabla algún tipo de relación mental o emotiva con el compositor?

"Mire, toda obra es en movimiento y uno, el director, debe realizar la idea del compositor. Debe definir velocidades y flexibilidades. Todos los músicos tienen las mismas indicaciones que dejó el compositor en las partituras, pero a partir de allí uno puede variar: me interesa que sobresalgan los violines o los vientos... Es como una conquista y es distinta cada vez".

¿Qué siente cuando dirige?

"En toda ejecución hay un momento glorioso, intransferible, de gran creatividad, que se termina rápido pero que compensa, ampliamente, todas las dificultades, todas las penurias y sacrificios de la preparación".

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Su hijo, Gonzalo, es un brillante oboísta con mucho trabajo en Estados Unidos. Su otro hijo, Matías, es saxofonista, rockero, guitarrista, cantante, compositor e integrante del grupo Mutandina. Los otros dos hijos no son músicos pero sí universitarios. Su mujer, Mirta Cabral, es geóloga de la CIC. Viven cerca de la Estación Meridiano V, uno de los barrios más artísticos de la Ciudad. Las manos de Ruiz siguen hoy dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Municipalidad y el Coro de Cámara de la UNLP. El Maestro está allí, en la mitad, organizando el lirismo.

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