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Con Elvis hasta el final

Por ALEJANDRO CASTAÑEDA

Con Elvis hasta el final

El platense John McInerny protagoniza “El último Elvis”, de Armando Bo (nieto)

EL ULTIMO ELVIS, de Armando Bo.- No imita a Elvis. Es Elvis. El filme retrata el fanatismo desbordado de un apasionado que no hace otra cosa que vivir a la sombra de su ídolo. A su hija le piso Lisa Marie y a su mujer le dice Priscilla. Desaliñado, gordo, con barba, cuando alguien lo llama por su nombre verdadero, Carlos, se enoja. Anda con su Fairlane por esas calles del conurbano animando todo lo que puede: fiestas familiares, geriátricos, bingos. Pero su idolatría está más allá del éxito. Lo pedalean con el cachet, pierde a su mujer, en su casa es un ausente. El tiene una sola devoción y con eso le basta para mantenerse en pie. Una película viva, carnal, con defectos, pero auténtica, fresca, intensa, que mira con piedad a estos perdedores. Bo sabe retratar ese mundo, sus maneras y sus diálogos, sus sueños y sus patinadas. Y tiene como mejor aliado a John McInerny, el actor platense que no siempre acierta en las escenas dramáticas, pero que cada vez que canta se transforma y llena el escenario y la película con su voz, su presencia, su mirada, su entrega. Como Elvis, conmueve y como Carlos no desafina. El saldo es más que bueno. No es una gran obra. Pero hay energía, soltura y ganas. Y encima, el regalo de media docena temas del gran Elvis Presley. (**** MUY BUENA)

MIENTRAS EL CUERPO AGUANTE

SHAME, de Steve McQueen.- Hastío, indiferencia, un cansancio existencial que solo el sexo alivia. Y Brandon acude a él, con enfermiza recurrencia, para combatir un tedio que lo supera. Es una de esas películas donde los personajes no necesitan más que sus obsesiones. Allí encuentra la angustia y una engañosa salida. El tipo consume sexo en varios formatos: por Tv, contratando prostitutas, visitando baños en busca de hombres o mujeres y masturbándose a toda hora. Hasta que aparece su hermana, extraviada también. Pero es la única que ruega por un poco de afecto en medio de un escenario donde solo hay lugar para lo momentáneo, lo violento, lo triste. Su hermana lo pondrá frente a la imagen de la familia y de los lazos duraderos. Y eso acabará sumiendo al protagonista en una crisis más honda. Será ella la que le mostrará que esa existencia transitoria y casual es parte de sus vidas y de su destino. Un filme que quiere decir más de lo que muestra. Exhibicionista, efectista, lánguido y algo impostado. "No somos malos, venimos de un lugar malo" le dice la desesperada hermana a este personaje que recurre maniáticamente a su cuerpo para que le dé noticias de que sigue estando vivo. (*** BUENA).

BUENAS INTENCIONES

EL POZO, de Rodolfo Carnevale.- Cuenta la historia de Pilar, una joven que padece autismo y un grave retraso mental. Y cuenta cómo estos aspectos repercuten primero en su familia y después en el medio que la rodea. El director ha informado que ha experimentado en carne propia este problema porque que tiene un hermano autista. Las buenas intenciones nunca están de más, pero no bastan. El filme muestra cómo esa familia se va deteriorando. Pero cobran demasiado protagonismo los ataques de la enferma y lo que pasa en el centro de rehabilitación. Patricia Palmer es lo mejor de un elenco que da vida a personajes mal delineados. El tema importa y técnicamente está bien hecha. Pero los golpes de efecto y los subrayados ayudan poco. (** ½)

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