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ELDIA |LA CIUDAD
Los chicos que se apasionan con la química y estudian por placer

Alumnos de distintas escuelas secundarias de La Plata comparten un singular entusiasmo por la Química, una materia que a simple vista podría parecer alejada de los gustos e intereses de los adolescentes de hoy. No son extraterrestres. Le encontraron el gusto a estudiar por placer y aprender a través de experimentos. Ellos mismos lo cuentan

16 de Noviembre de 2014 | 00:00
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SECUNDARIA 34, ESCUELA ITALIANA, COLEGIO AGUSTÍN ROSCELLI, ALBERT THOMAS, NORMAL 1, COLEGIO NACIONAL: 6 COLEGIOS, 11 ALUMNOS, UN EQUIPO Y UNA PASIÓN: LA QUÍMICA
SECUNDARIA 34, ESCUELA ITALIANA, COLEGIO AGUSTÍN ROSCELLI, ALBERT THOMAS, NORMAL 1, COLEGIO NACIONAL: 6 COLEGIOS, 11 ALUMNOS, UN EQUIPO Y UNA PASIÓN: LA QUÍMICA

Entrenan juntos todo el año en la facultad de Ciencias Exactas. Sus ‘técnicos’ son profesores y estudiantes de la unidad académica. Allí, en un gran laboratorio, aprenden a trabajar en equipo y se zambullen en contenidos que poco y nada tienen que ver con los que dan en sus escuelas; allí caen en picada los estereotipos y las diferencias entre colegios desaparecen; allí se familiarizan con las formas y el ritmo de la vida universitaria, lo que luego convierte el salto de nivel en un pasaje suave e imperceptible; allí traban amistades de por vida y terminan de decidir su vocación. Lo dicen los alumnos que participan de las olimpíadas de ciencias, como las de Química, que este año tuvieron en la final nacional a 11 participantes platenses, quienes afirman que todo lo que aprenden va “mucho más allá de una medalla”.

¿Qué lleva a un adolescente a pasarse hasta 6 horas diarias aprendiendo Química por voluntad propia? ¿Cómo empiezan a recorrer ese camino tan sano y productivo sin resignar ni salidas ni deportes ni pasatiempos?

“Alguna vez te da un envión un profesor, pero mayormente llegás por compañeros de otros años que te comentan la experiencia y te animan a participar. Es un boca a boca, así funciona”, dicen los chicos y chicas, y agregan que “el clima que se genera acá ayuda; el laboratorio, la facultad, el grupo, y si te gusta de verdad te enganchás, y si te enganchás, no parás. Es apasionante”, subrayan.

Así, no es casualidad que muchos ex olímpicos que hoy estudian en la facultad se hayan sumado al proyecto de extensión de Ciencias Exactas que hace 8 años prepara a secundarios para participar de las olimpíadas.

ESCUELAS SIN FRONTERAS

¿Ganaste una medalla? “No, ninguna”. ¿Y vos? “Una de plata”. Lo dicen como al pasar, como si no importara. El viernes a la tarde, todos los finalistas de la olimpíada nacional de Química que se disputó días atrás en Córdoba la pasaban bien en el laboratorio de la facultad donde se entrenaron duro. Charlaban, se reían, tomaban mate. Eran un grupo en todo sentido.

“Acá no importa de qué escuela venís, acá se borran todas las diferencias. Son muchas horas que pasamos juntos estudiando y partimos todos desde el mismo lugar”, afirma Catriel Alén Ramos Wac, alumno de 6° año del Albert Thomas, quien junto a su compañero de división Lucas Rapagnani compitió en el nivel 2 bis, un término medio entre el 2 y el 3. Catriel aún está en duda sobre qué carrera seguir: licenciatura en Física o Química. Lucas se anotará en Química y ya decidió hasta la orientación: Fisioquímica.

Del industrial de 1 y 58 también llegaron para el reencuentro los hermanos Rivera, Juan Pablo e Ignacio, quienes se trajeron una medalla de plata y la de oro, respectivamente (ver recuadro). Participaron en el nivel 2. ¿Carrera? “No, todavía no sabemos, estamos en 5° año y tenemos tiempo para decidir”, dicen.

Quien no tiene dudas es Ezequiel Chiri Laos, quien cursa el último año en la Secundaria N° 34 de 8 y 58 y piensa seguir Medicina. Desde Córdoba trajo en el cuello una medalla de bronce.

También está decidido Franco D’Alessandro -”se escribe igual que el del jugador”, aclara sobre su apellido-. El alumno de sexto de la Escuela Italiana se quedará en la facultad de 47 y 115 durante varios años, ya que en 2015 empezará la licenciatura en Biotecnología y Biología Molecular. En 5° del mismo colegio, Rodrigo Rentani Giusti dice que aún no se decidió.

Evelyn Iribarren, quien en unos días finalizará el secundario en el Colegio Agustín Roscelli, estudiará Bioquímica, y Melina Arcidiácono, que termina en el Nacional, se inclinó por Química.

A Delfina Torti le queda tiempo para elegir. Está en 3° año del Normal 1. Ella se trajo una medalla de plata, al igual que Lucas Daguerre, de 6° de la Escuela Italiana, pero “él se quedó en Córdoba porque también llegó a la final nacional de Matemática”, comentan sus compañeros.

Este año, Melina, Lucas y Catriel participaron por segunda vez consecutiva. Los 8 restantes lo hicieron por vez primera.

Melina, quien compitió en el nivel 2, comenta que “algunos empezamos a prepararnos en diciembre del 2013, pero la mayoría arranca fuerte en marzo”.

Eso depende generalmente del nivel. “Antes todos los que venían eran del nivel 1, este año tuvimos del 2 y del 2 bis, y el que viene tendremos del 3”, dice el profesor Roberto Moreno, mientras los chicos aclaran que “los niveles los define el reglamento, y tienen que ver con el año escolar y las características del colegio”.

HASTA 6 HORAS DIARIAS

La competencia empieza en agosto con la fase colegial, sigue -mes a mes- con la intercolegial (abarca Gran La Plata), la zonal (Gran Buenos Aires) y la nacional. “Cuando llega la zonal, es decir, la que hay que pasar para ir a la final, venimos todos los días entre 5 y 6 horas”, apuntan los chicos.

Parece mucha carga. Pero ellos no lo sienten así. Porque “esto es lo que nos gusta, y además el ambiente acá es muy descontracturado, la relación se da con alumnos de la facultad que tienen dos o tres años más que nosotros”, resaltan.

Y allí aparecen los ex olímpicos, como Leo Robledo Candia, mención de honor en 2011 y hoy alumno de 2° año de la licenciatura en Química. “Esto te ayuda muchísimo a pasar del colegio (Albert Thomas, en su caso) a la facultad. En primer año me encontré con contenidos que ya había visto”, afirma.

“No tenés que estudiar menos, pero arrancás con una base muy importante”, dice Julia Marchetti, olímpica y medalla de bronce en el 2008 y actualmente a un paso de recibirse de Biotecnóloga. Ella rescata mucho “los lazos de amistad y el espíritu de grupo que desarrollan estas competencias, contra lo que se pueda pensar desde afuera. Cuando yo vine a entrenar, éramos tres del Nacional y tres del San Luis, y existía esa cosa de la rivalidad y demás”, recuerda, para resaltar que “lo cierto es que hasta el día de hoy nos seguimos reuniendo”.

Y así como en estos tiempos llama la atención que adolescentes de hasta 14 ó 15 años se pasen mañanas o tardes enteras estudiando Química por gusto, la pregunta es porqué los alumnos de la facultad le quitan horas al estudio de carreras muy complejas para ayudarlos.

Angel Huamaní, ex estudiante del Colegio San Antonio y medalla de oro en 2013, ahora cursa 1° año de la licenciatura en Química y forma parte del grupo de entrenadores. “Es que acá me ayudaron tanto, que sentí la necesidad de acercarme; es como una devolución”, dice el chico de barrio Aeropuerto.

A LA FACULTAD SIN BARRERAS

Los hermanos Rivera destacan que “esto te da un ritmo de trabajo, una rutina de estudio”, algo que aquellos que ya están en la facultad aseguran que el día de mañana -que para algunos está a la vuelta de la esquina- los ayudará “muchísimo”.

Las chicas afirman que “además te aporta otra forma de razonar, te abre la cabeza, te enseña que podés llegar a lo mismo por distintos caminos. Aprendés a estudiar, así como que estudiar de memoria no sirve absolutamente para nada”, remarcan.

Julia Marchetti recuerda que en la época en que ella participó -2008- había menos medios. “Ahora tenemos más infraestructura, por decirlo de algún modo. Nos manejamos con un grupo de facebook cerrado, donde se hacen consultas y todos participan. Además organizamos las clases con tiempo, adelantamos trabajos prácticos, coordinamos horarios, es otra cosa”, apunta.

Pero estar en el laboratorio es lo más importante. El proyecto de extensión lleva un título largo que los chicos, a través de sus comentarios, convalidan: “Actividades para la enseñanza y el aprendizaje de la Química. Un vínculo de integración entre el nivel medio y el universitario”.

¿Se evita ese salto al vacío que implica el paso de la secundaria a la facultad? “Por completo. Acá estamos todo el año, ya conocemos a un montón de alumnos, de docentes, el ritmo y los movimientos de la facultad. Cuando empecemos vamos a estar como en casa”, dicen sin rodeos. Y los ex olímpicos y actuales entrenadores lo confirman con creces: “El paso es natural, como si hubieses hecho un preuniversitario”.

Pero sobre la competencia en sí, aún sobrevuela una duda. Cuando cada uno está en una mesa individual y recibe 20 páginas, ¿con qué tipo de ejercicios se encuentra?

“Uno planteaba cuánto puede tardar una reacción química... Una reacción específica”, cuenta uno de los hermanos Rivera.

“En otro había que calcular cuánto calor libera una reacción determinada”, apunta Franco.

Un docente les acerca una prueba. Cuesta mucho explicar los ejercicios en un lenguaje llano. Hasta que Ezequiel Chiri Laos comenta que “uno preguntaba cómo afecta la lluvia ácida a las estatuas y monumentos”.

“Sí, ese está buenísimo”, dicen varios a coro, porque opinan que “demuestra que lo que estudiamos tiene relación con la vida cotidiana. Lo que sucede es que a medida que avanzan los niveles los enunciados son muy abstractos, poco tangibles”, resaltan. Y así, se despiden. Muchos se cruzarán el año próximo en la facultad. A otros les quedan olimpíadas por delante. Pero “el grupo ya está armado”.

Once
Alumnos de 6 escuelas distintas llegaron a la final nacional de las olimpíadas de Química 2014. Cinco de ellos obtuvieron medallas

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