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El Día de los Derechos del Estudiante Secundario se conmemora en recuerdo de la llamada “Noche de los lápices”, cuando estudiantes platenses que reclamaban el boleto estudiantil fueron secuestrados y desaparecidos

Por Marcos Cantasano

Sucedió la fatídica noche del viernes 16 de Septiembre de 1976. En un operativo realizado por un grupo de tareas de la Policía Bonaerense, seis estudiantes secundarios de la Ciudad que militaban en organizaciones estudiantiles, fueron arrancados de sus casas y trasladados a centros clandestinos de detención. En los días posteriores, otros tres correrían la misma suerte.

 

De ese grupo de adolescentes de entre 16 y 18 años, sólo tres lograron salir con vida. El resto integra la larga lista de desaparecidos que se conformó en Argentina durante la década del ‘70. Hoy, a 43 años de aquella fecha, la “Noche de los Lápices” es recordada como uno de los episodios más crueles cometidos por el terrorismo de Estado de la última, y más sangrienta, dictadura militar y como una de las heridas más profundas y dolorosas en la historia de La Plata.

 

María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Claudio de Acha, Horacio Ungaro, Daniel Alberto Racero, Pablo Díaz, Emilce Moller, Gustavo Calloti y Patricia Miranda tenían, en 1976, la potencia de una juventud floreciente y muchas cosas en común. Además de compartir colegios, experiencias y amistades, tenían un fuerte compromiso político que se reflejaba en su militancia en la Unión de Estudiantes Secundarios, una organización estudiantil que había sido creada por el peronismo de izquierda. La mayoría de ellos realizaba tareas de apoyo escolar, asistencia jurídica y ayuda sanitaria en barrios humildes de las afueras de la Ciudad, como parte de una militancia que también incluía la participación en asambleas, marchas y manifestaciones para conseguir uno de sus objetivos más buscados: la creación del boleto estudiantil, que había sido suprimido por el régimen militar.

 

LOS HECHOS

Aunque la versión oficial de la historia de la Noche de los Lápices centra la atención sobre lo sucedido en la madrugada del 16 de Septiembre de 1976, el secuestro y la desaparición de adolescentes platenses que militaban políticamente en la UES y que luchaban por lograr un boleto estudiantil había comenzado meses antes.

 

Según datos recogidos por organismos de Derechos Humanos, entre el 1 y el 4 de Septiembre fueron secuestrados en La Plata otros estudiantes del Colegio Nacional, como Eduardo Pintado, Víctor Marcaciano, Pablo Pastrana y Cristian Krause, y alumnos de otros colegios como el Liceo Víctor Mercante, la “Legión Extranjera” y el Bachillerato de Bellas Artes.

 

El operativo más sangriento que finalmente pasó a la historia como “La Noche de los Lápices” se llevo a cabo en varios puntos de la Ciudad. Allí fueron secuestrados de sus casas paternas María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Francisco López Muntaner (de Bellas Artes), Claudio de Acha (del Colegio Nacional), Horacio Ungaro y Daniel Alberto Racero (del Normal 3). Al día siguiente, el sábado 17 de Septiembre, corrieron la misma suerte Emilce Moler y Patricia Miranda, de Bellas Artes. Y el 21 fue secuestrado Pablo Díaz, alumno de la “Legión Extranjera” de 12 y 60, quien también había integrado las filas de la UES.

El destino de los adolescentes detenidos clandestinamente aquella noche recién pudo conocerse con certeza muchos años después, a partir del testimonio de los sobrevivientes. En un primer momento, los secuestrados aquella noche fueron trasladados al destacamento policial de Arana, convertido por esos años en un centro clandestino de detención, donde fueron torturados. Luego, siete de ellos (María Clara, María Claudia, Claudio, Daniel, Pablo, Horacio y Francisco) fueron llevados a otro centro de detención, el Pozo de Banfield. De allí, sólo uno de ellos, Pablo, logró salir con vida, aunque recién en 1980, después de haber sido puesto a disposición del Poder Ejecutivo y trasladado a una cárcel común sin que se lo haya acusado de ningún delito ni se le haya iniciado ningún juicio. Otros, como Emilce, fueron trasladados al Pozo de Quilmes, donde, al cabo de varios meses, también fueron puestos a disposición del Ejecutivo.

 

EL TESTIMONIO EN PRIMERA PERSONA

Pablo cuando estuvo frente al juez Baltasar Garzón, le relató al magistrado español que “se separa a siete estudiantes y se decide el traslado final, la desaparición hasta el día de hoy... Como estábamos en estado residual, no teníamos atención médica ni alimentaria, estábamos desnudos y atados con sogas y no podíamos salir del calabozo para hacer nuestras necesidades”, relató el platense a Garzón, quien abrió en 1996 un proceso contra la dictadura militar argentina.

Esa tortura duró 90 días, después de los cuales “teníamos tal estado de debilidad que no nos podíamos mover por nuestros propios medios”, recuerda Pablo, quien logró salir de allí gracias a las gestiones hechas por su padre ante el arzobispo de La Plata, monseñor Antonio Plaza.

 

“Decidieron que yo iba a sobrevivir, pero que tenía que pasar un estado de recuperación y de escarmiento”, añadió Pablo, quien pasó cinco años, de cárcel en cárcel, antes de “reaparecer”. De sus seis compañeros nunca volvió a tener noticias, pero sospecha que fueron asesinados poco después de su marcha, por lo que sólo quedó él para contar lo ocurrido. “El ser sobreviviente es una contradicción en sí mismo, porque tienes sentimiento de culpa y además sientes la pérdida de tus compañeros”.

 

Años más tarde, en 2006, Pablo sentenció que “quizá a la historia le faltaba hablar más claro sobre el final de La Noche de los Lápices. Y creo que es muy importante que se produzca ahora, porque este proceso no llega en un momento en que no es necesario, sino todo lo contrario. Hoy se ven manifestaciones con respecto a la situación de muchos militares que participaron de aquellos hechos y hay como una especie de refundación de ese sector. Entonces, este redescubrimiento de la sociedad con respecto a los hechos de la Noche de los Lápices pone a estos militares nuevamente en el tapete. Los obliga a salir a responder cosas. También lo que descubro en este aniversario es que las generaciones nuevas siguen trasladando todos los sentimientos que pueden haber tenido los adolescentes de ayer, ya no por situaciones de testimonio directo, sino por un fenómeno de boca en boca. Todo eso se suma a la iniciativa del Poder Ejecutivo Nacional de manifestar su adhesión y difusión de los hechos de una manera que no tiene registro. Siento que por primera vez, el Ejecutivo pone todos sus mecanismos de funcionamiento para reivindicar u homenajear a los chicos de la Noche de los Lápices”.

FINALE

Y no te olvides, no te olvides nunca que... Gracias al relato de Pablo y otros sobrevivientes del calvario sufrido bajo ese régimen dictatorial, quedará grabado en la memoria colectiva el repudio total de estas prácticas criminales para que jamás vuelvan a suceder.

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Desde el 2 de Marzo de 1884, fecha fundacional del Diario El Día y hasta la actualidad, funciona uno de los archivos más importantes de la Ciudad de La Plata.
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Marcos Cantasano
Responsable del Archivo del Diario El Día

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