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PASADO Y FUTURO EN UN MISMO E INMENSO PAÍS, REPLETO DE SIMBOLISMOS E HISTORIA

La inmensidad de China: una cultura inagotable que se refleja a cada paso

El gigante asiático desde la mirada de un periodista de El Día que cubrió el Mundial de Basquet y además se sumergió en las ciudades para tratar de descifrar este milenario mundo oriental, tan distante de la acostumbrada mirada occidental

Las clásicas esculturas que suelen acompañar cada establecimiento chino. En este caso, un hospital / EL DÍA

El impresionante hotel “Moon Bay Business”, ubicado en el centro de la coqueta ciudad de Dongguan / EL DÍA

La imponente “Torre de la grulla amarilla”, en el corazón de Wuhan / EL DÍA

Por FERNANDO ALEGRE

falegre@eldia.com

Paso a paso, China lo hace sentir rápidamente extranjero a uno. Quizás se deba a sus costumbres, a sus olores o a sus modos particulares de transitar el día a día. La paciencia con la que millones de personas en cada una de sus ciudades se mueven diariamente, contrastan desde el vamos con un ritmo occidental mucho más acelerado, en el que uno se se traslada de obligación a obligación con el “tic-tac” de un reloj que siempre lo acelera.

Allí es distinto. Allí hay tiempo para todo y nada parece alterar la paz, ni siquiera alarmar a sus habitantes.

Hay tiempo para sentarse entre amigos a jugar al Mahjong o a las cartas, hay tiempo para frenar a comer wontón (típica comida que suele venderse en las calles, que consta de una masa rellena de carne, pollo o a veces dulce). Hay tiempo para degustar todo tipo de té, una práctica habitual sea la hora que sea, y hasta hay tiempo para bailar en grupos de mujeres, algo recurrente más cerca de las noches.

Todo esto se hace carne al pisar suelo chino, y las diferencias que uno se imaginaba en la previa, se profundizan aún más en el día a día.

El olor constante a comida, debido a los cientos de puestos ambulantes distribuidos en pocos metros, impacta de lleno contra el paladar occidental y cuesta sentirse atraído por platos que incluyen pato frito o insectos distribuidos en brochettes, tales como escarabajos, cucarachas o escorpiones.

Es recién en ese entonces, en el que uno comprende la magnitud del lugar en el que se encuentra. Ancestral, tradicional y realmente muy distinta a lo propio, China aparece con sus tiempos, sus particulares ingestas y una sensación de otredad latente a cada minuto.

Su tradición, su historia, su cultura y sus costumbres, salen a la luz desde el momento mismo en el que uno pone pie en cualquiera de sus ciudades, más o menos cosmopolitas.

WUHAN, PRINCIPIO DE LA TRAVESÍA

Capital de la Provincia de Hubei, es la ciudad más poblada de la zona central de China, con poco más de 10 millones de habitantes. Sin embargo, y pese al modernismo que expone esquina a esquina (como todo punto asiático), preserva una gran ligazón con su historia. Entre sus sitios turísticos más destacados, Wuhan ofrece la posibilidad de conocer y recorrer los jardines de la famosa Yellow Crane Tower (Torre de la Grulla Amarilla), pulmón verde necesario, que fuera construido en primera instancia en el 223 d.c. y luego reconstruida en 1891. Todo el parque, que tiene como epicentro la torre, representa la posibilidad de desconectarse del ruido mecánico y de repasar las leyendas de Wang Zi’an y de Fei Wenyi, guerreros asiáticos de quienes dice la leyenda que montaron una grulla amarilla luego de convertirse en inmortales, y que solían descansar en la Colina de la Serpiente, también ubicada en el mismo parque.

Lejos de comidas suaves, la mayoría de sus platos suelen estar muy condimentados

 

Subir los más de 150 escalones hasta la cima de la torre, permite además, obtener una vista panorámica privilegiada de Wuhan, desde la cual se puede ver el río Yangtze, que divide a la ciudad en dos.

Otro de los puntos turísticos por excelencia, relacionado con la cultura oriental, tiene como epicentro la Universidad de Wuhan, y sus más de 53.000 estudiantes. También aislado del ruido cosmopolita, el campus cuenta con el mítico Old Building, las distintas facultades, entre las que se destaca la de Física, y el Museo de Arte Wanlin, que ofrece una exhibición de pianos históricos, y cuenta con la particularidad de que los estudiantes pueden acercarse y ensayar melodías clásicas en los mismos, lo que sucede a menudo.

FOSHAN, EL SEGUNDO PASO

El derrotero por el gigante asiático continuó en Foshan, a 847 kilómetros de Wuhan. El traslado, dentro de un país tan grande como China, no representó grandes complicaciones, excepto por el idioma, la principal traba sin ninguna duda. Y es que, pese a ser muy serviciales y gentiles en el trato, son muy pocos los que manejan el inglés, por lo que la comunicación diaria resulta casi imposible pese a la predisposición a ayudar. Ante dicho inconveniente, aplicaciones como “MetroMan”, “Maps.Me”, “WeChat”, “DiDi” o “BaiDú”, poco conocidas por estos lares, resultaron herramientas más que necesarias para desandar los miles de kilómetros recorridos.

Sólo gracias al ordenado y eficaz sistema de subtes, y al impecable tren bala, en poco más de cuatro horas Wuhan quedó atrás para darle lugar a Foshan. Algo más cosmopolita que la anterior, la “ciudad-prefectura” se caracteriza por los imponentes centros comerciales, con más de 10 pisos cada uno y por, al igual que toda China, conservar el espacio para lo tradicional.

Ancestral y tradicional, China genera sensación de otredad latente a cada minuto

 

Así, el “Templo Ancestral”, lugar de veneración de dioses, el Centro de las Artes Manuales y el Jardín de los Liang, son los puntos que enlazan lo “nuevo” con lo “viejo”, dentro de un país en el que se observa de manera constante dicha interpelación.

DONGGUAN, ANTEÚLTIMA ESCALA

A poco más de 100km al Este de Foshan, y como parte del centro de la Provincia de Cantón, aparece Dongguan, la ciudad más industrializada del recorrido. Con lujosos hoteles que iluminan la noche asiática, otra de las características de un país que cuando se esconde el sol muestra lo mejor de sí, el tercer punto de la travesía ofreció uno de los costados más occidentales de Oriente.

Más apuntado al consumo dentro de una nación comunista, Dongguan cuenta con una gran oferta culinaria, muy característica de la zona.

Allí es común probar los distintos platos que combinan la sopa, los fideos y el arroz, con el pato, una de las principales vías de alimentación. Además, suele ser común encontrar grandes cadenas norteamericanas de comida rápida, algo no tan usual en otros sectores del país.

BEIJING, LA CAPITAL DEL GIGANTE

Por último, y como núcleo de la gran final, el viaje para seguir a la Selección Argentina culminó en Beijing. La gran capital de China, con sus más de 20 millones de habitantes, resultó el fiel reflejo de la combinación entre lo ancestral y el avance de un país muy futurista en relación a lo que uno está acostumbrado.

Con la imponente Muralla China como su carta de presentación, y los miles de turistas que la visitan diariamente, la Ciudad Prohibida y la Plaza de Tian’anmen como puntos obligatorios, Pekín (también llamada de esa manera) representa, quizás, lo más clásico del gigante asiático.

En cada uno de los sectores mencionados, uno se empapa de la cultura China, con sus grandes guerreros históricos y los monumentos característicos de una historia milenaria, que pese al paso de los años, se mantiene intacta en varias de sus costumbres.

EL CONTROL CONSTANTE Y LA COMIDA, LOS GRANDES CHOQUES

China se caracteriza, entre otras cosas, por su tradición culinaria. Lejos de comidas suaves, la mayoría de sus platos clásicos suelen estar muy condimentados, por lo que resultan ciertamente picantes para el paladar occidental.

El Museo de Arte Wanlin tiene pianos donde los estudiantes pueden ensayar libremente

 

Con el hervor y el frito como sus principales opciones, las sopas están a la orden del día y el pato, el cerdo o los insectos, aparecen como otras posibilidades latentes.

El arroz sustituye al pan y suele ser el acompañamiento de cualquier comida, sea el momento del día que sea.

La oferta, constante en cada una de las ciudades gracias a la venta ambulante, transita junto a uno con sus aromas, que en primera instancia producen el efecto contrario a la apertura del apetito, y lo terminan alejan de los platos característicos.

La imagen de patos colgando, desplumados y listos para la venta es algo común, pero suele tener el mismo efecto ante la noción occidental no acostumbrada a ello.

Los insectos, como escarabajos, cucarachas o escorpiones, también se venden como tentempiés llenos de proteínas para una población que presenta muy bajos índices de obesidad, algo relacionado sin dudas a su alimentación basada más en verduras que en carne o harinas.

Otra de las cuestiones que llama la atención cuando uno transita las distintas ciudades de China, son los controles. Sea entrando al subte, en los estadios o en los distintos hoteles, uno siempre debe exponer sus pertenencias a los scanners y los controles de metales. Además, las cámaras de seguridad suelen acompañar cualquier recorrido, independientemente de la ciudad o de la hora. De hecho, es tal el seguimiento, que la mayoría de las aplicaciones de celular conocidas en Occidente suelen estar prohibidas, otro de los grandes contrastes que uno encuentra.

 

 

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