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Información General |Historias que va dejando el COVID-19 en la Región
La cuarentena les cortó la experiencia de vivir en La Plata a una tailandesa y un italiano

Ambos tienen 17 años y llegaron a la Ciudad como estudiantes de intercambio por un año: Francesco alcanzó a estar siete meses, pero Laila arribó a finales de febrero y el 18 de mayo se tuvo que tomar un vuelo de repatriación de regreso a su país

La cuarentena les cortó la experiencia de vivir en La Plata a una tailandesa y un italiano

laila sanga y una de las fotos en sus estadías en el pais / afs

Lautaro Segura

Por: Lautaro Segura
lsegura@eldia.com

2 de Junio de 2020 | 02:11
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Laila Sanga nació en Tailandia hace 17 años y llegó a la ciudad de La Plata a finales de febrero con la ilusión de vivir durante 12 meses una experiencia diferente como estudiante de intercambio en el Colegio Juan Manuel Estrada de City Bell. La pandemia del coronavirus le cambió los planes: asistió apenas unos días a la escuela, tuvo que cumplir más de 50 días de cuarentena junto a su “familia platense” y se volvió antes de lo pensado a su hogar en el continente asiático.

Pero no fue el único caso en nuestra ciudad: Francesco Cappelli, un estudiante italiano de 17 años, estaba desde agosto del 2019 cursando en el Bachillerato de Bellas Artes. Si bien su programa contemplaba un año de intercambio, el COVID-19 lo obligó a pegar la vuelta antes cuando comenzó el aislamiento obligatorio en territorio argentino a finales de marzo. Al menos tuvo siete meses viviendo como un platense más y conociendo una cultura distinta (aunque no tanto) a la suya.

Al igual que ocurre con los argentinos varados por el mundo, la repatriación a sus países de origen no fue sencilla. Si bien el trabajo estuvo a cargo de las Embajadas de Tailandia e Italia, respectivamente, desde la organización que materializó sus viajes de intercambio trabajaron para que no haya ningún inconveniente. La misma se llama AFS y se dedica, a nivel mundial, de cientos de programas interculturales para jóvenes de 14 a 18 años. Según señala su sitio web, “es una organización internacional, voluntaria, no gubernamental, sin fines de lucro (aunque vale aclarar que son pagos), que promueve oportunidades de aprendizaje intercultural para ayudar a las personas a desarrollar el conocimiento, las destrezas y el entendimiento necesarios para crear un mundo más justo y en paz”.

En nuestro país hay más de 600 voluntarios de AFS y La Plata es una de las ciudades que año tras año recibe a estudiantes de diferentes partes del mundo. Cuando el coronavirus aterrizó a la Argentina, estaban los dos ya mencionados: Laila, nacida en la ciudad tailandesa de Hadsamran, y Francesco, oriundo de Milán (una de las ciudades europeas más afectadas por el COVID-19).

“Desde que comenzó la pandemia habían comenzado distintas acciones de replanificación de ciertos viajes y programas. Se empezó con la cancelación de los programas a China y comenzando a repatriar estudiantes de ciertos destinos. Se comenzó con los argentinos en Italia y con el pasar de los días se fueron sumando otros destinos hasta que AFS Internacional tomó la decisión de repatriar a todos los estudiantes y finalizar todos los programas llevados a cabo en ese momento”, le explicó a este medio Sofía Marturet, una de las voluntarias de AFS en nuestra ciudad.

En relación a los dos estudiantes que estaban en La Plata, indicó: “Francesco fue el primero que volvió, pero pudo vivir gran parte de su experiencia. En cuanto a Laila, el vuelo de repatriación fue el 18 de mayo. Si bien no pudo realizar su experiencia, en la cual una de las principales patas es la asistencia al colegio, al menos pudo tener otro tipo de vivencia y pasó dos meses la ciudad”. En esas semanas pudo vivenciar cómo se vive en nuestra región y dio “sus primeros pasos” en el idioma español.

LA EXPERIENCIA DE VIVIR COMO “UN JOVEN PLATENSE MÁS”

Marcos Ambrosi, otro de los voluntarios platenses de AFS, contó de qué se tratan estos programas de estudiantes extranjeros y destacó de que se hace énfasis en que las “familias anfitrionas” los tomen como uno más en el hogar.

“Son de un año o de seis meses los programas. Los chicos viven en una casa de familia y tienen que asistir a la escuela, ya que ingresan al país con visa de estudiantes. La escuela es un factor importantísimo y si quedan libres, por ejemplo, pierden la visa. Las actividades son las que tiene cualquier adolescente entre los 14 y los 18 años en Argentina. Las familias tienen sus tiempos de adaptación con los chicos y rara vez saben el idioma al llegar, y eso obviamente es parte del proceso. Son uno más. Tratamos de incentivar a los chicos y la familia que sean uno más, que el trato sea muy parejo si tienen hermanos. Que no sea un turista, sino una experiencia de vivir acá”, explicó.

Sofía, por su parte, explicó que cada estudiante recibe acompañamiento por parte de los voluntarios de la organización. “Se brinda un acompañamiento por la figura de un Consejero, que es el nexo entre el estudiantes y la organización, mediando con la familia en caso de que se produzca alguna situación que lo amerite. Además hay instancias de orientación, en las cuáles se trabajan herramientas de sensibilidad intercultural para ir procesando esa experiencia que va significando en ellos”.

Ante la consulta de cómo es que una tailandesa o un italiano llegan a La Plata, la voluntaria contó: “Los estudiantes cuando hacen la postulación eligen el destino y luego, dentro de cada país anfitrión, se gestiona desde los voluntarios qué ciudad le corresponde a cada uno. Somos los que elegimos los perfiles y buscamos motivar una familia que lo reciba durante su experiencia”. Marcos, al respecto, agregó: “A nosotros cuando nos llega el perfil, como cualquiera de los 600 voluntarios que hay en el país, tratamos de que el chico no vaya a chocar en todos los aspectos con la familia. Si el chico fuma y la familia no tolera el humo, obviamente tratamos de no ponerlos juntos”.

Tanto Sofía como Marcos, cuando estaban en el secundario, vivieron la experiencia de vivir con una familia del exterior y cursar en una escuela totalmente distinta a la que estaban acostumbrados.

“En mi caso viajé a Alemania. Soy la menor de tres hermanos y ellos ya habían viajado a Alemania y Francia. Y en el medio habíamos recibido dos veces. Mi mamá lo vio como una inversión en la formación de sus hijos con una mirada más sensible y amplia. La verdad que viajé a los 15, bastante chica, y realmente resulta un punto de inflexión. Sobre todo poniéndolo en contraste con mis compañeras en el colegio, como realmente se daba cierta diferencia”, recordó Sofía.

Marcos, por su parte, contó: “Viajé en el 2000 a Holanda. Fui sin saber el idioma y lo aprendí allá. La verdad que mi experiencia fue muy buena. Sigo en contacto con la familia y los fui a visitar dos veces en estos 20 años. Ellos me visitaron varias veces también. Es ese punto de inflexión. Mis padres también tenían la idea de que era una inversión desde lo personal. Uno vuelve muy distinto a cómo se va”.

 

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