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Engaños, codicia y una disculpa tardía: cómo le mintieron a Lady Di para que hable

En 1995 Diana Spencer dio una entrevista a la BBC en la que sacó sucios trapitos al sol de su vínculo con el príncipe Carlos y el resto de la realeza británica. Más de 20 años después, se supo que accedió a la nota porque la sedujeron con datos falsos

Engaños, codicia y una disculpa tardía: cómo le mintieron a Lady Di para que hable

Lady Di ganó seguridad y autoestima tras atravesar un fallido matrimonio y un cruel divorcio en los `90

Por: VIRGINIA BLODEAU
vivirbien@eldia.com

30 de Mayo de 2021 | 10:18
Edición impresa

Hay personas que mueren dos veces. O tres. O más. Se fueron de manera trágica y, por la fama que tuvieron en vida, se sigue escarbando, analizando y polemizando sobre su muerte. Y en cada nuevo escándalo reviven y vuelven a morir, también trágicamente.

Y así sucede con la mujer más famosa de la segunda mitad del siglo XX, la que nos llevó a soñar con imposibles príncipes azules pero su vida fue una pesadilla: Diana, princesa de Gales.

La historia oficial dice que lady Diana Frances Spencer nació el 1 de julio de 1961 en la finca que su padre, el conde Spencer, tenía en Sandringham, muy cerca del castillo de la familia real, con quien Spencer tenía una gran amistad. De hecho, las hermanas mayores de Diana formaban parte del círculo de amistades de la princesa Ana y del príncipe Carlos.

Diana era una niña soñadora a la que el complicando y nada amistoso divorcio de sus padres había socavado la poca personalidad que tenía. Aunque era aficionada a la música y a la danza llegó a la adolescencia sin haber desarrollado ningún talento específico y con la autoestima por los suelos. Pero… cuando tenía 16 años conoció a alguien que reparó en su angelical belleza. El problema era que ese alguien salía con su hermana Sara, tenía 29 años y era el heredero al trono de Inglaterra así que todo quedó en una ilusión.

Fue la entrevista que cambió el modo en que se trataría la información sobre la monarquía

 

Para Diana, dejar la casa paterna y trasladarse a Londres a trabajar fue el primer paso para comenzar a crecer. Pero, cuando se estaba afianzando en el jardín maternal donde trabajaba, el destino quiso que se volviera a encontrar, en la casa de unos amigos, con aquel príncipe. Era julio de 1980, ella tenía 19 años; él, 31 y estaba soltero y presionado por su familia para que se casara y diera herederos al reino. Carlos y Diana no se despegaron en todo ese fin de semana que pasaron juntos y en seis meses se comprometieron. Diana, la más inestable y menos elegante de las Spencer, la misma por la que las hermanas y la madre no apostaban ni un penique, conquistaba al soltero más codiciado. La joven estaba tan pero tan fascinada, tan asombrada de que su vida hubiera dado un vuelco semejante que no reparó en que un noviazgo de dos almas tan dispares, que solo tuvieron la oportunidad de verse 13 veces antes de la boda, podía desencadenar en un matrimonio horrendo. Tampoco sospechó que no era la única mujer en el corazón de Carlos quien, además, tenía el concepto de su madre y toda la familia real en la que la fidelidad y el amor no eran los valores fundamentales para formar un buen matrimonio. Lealtad, complicidad, protección, ayuda mutua y amistad era lo que se esperaba de Diana y lo que Carlos tenía en mente.

En 1992 ya no era una adolescente deslumbrada por un príncipe sino una mujer sufrida

 

Ninguno de los dos tuvo oportunidad de hablar de sus expectativas y el 29 de julio de 1981 se casaron en una ceremonia que vieron por televisión 23 millones de personas en todo el mundo. Al año siguiente nació el primer niño y cuando, dos años después comenzaron los rumores de desavenencias en la pareja, se anunció un nuevo embarazo. Promediando la década del 80 parecían una pareja feliz. Ella era el espejo en el que querían mirarse todas las jóvenes del mundo: rubia, alta, linda, dos bebés y un marido príncipe.

No hubo que esperar mucho tiempo para que el espejo se rompiera y nos deparara siete años de mala suerte. Hacia el final de la década era un secreto a voces que Carlos había vuelto al lecho de un viejo amor y que Diana entraba en un bucle sin fin de depresiones, amantes y anorexia. Finalmente en 1992 se anunció su separación y Diana comenzó a forjar su propia historia.

Ya no era una adolescente deslumbrada por un príncipe sino una mujer que había sufrido. Su inseguridad se transformó en narcisismo y su sensibilidad en una coraza que cerraba y abría según le conviniera. Se enamoró de su cuerpo, ese que tantos trastornos alimenticios le habían provocado, y permitió que diseñadores y fotógrafos crearan a la nueva Diana. Pero no descuidó su espíritu y se alió con los grandes referentes de la solidaridad mundial para salvarse a sí misma a través de la salvación del mundo. Casi lo logra.

Diana y Martin, en plena entrevista el 20 de noviembre de 1995

En 1995 Diana estaba en su apogeo. Más hermosa y más star que nunca. Muy lejos de la discreción aburrida de su ex familia política. Todos la adoraban pero, sin embargo, no tenía sosiego. No consideraba que su popularidad fuese suficiente venganza y encontró la oportunidad de ponerle moño a su resentimiento dando una entrevista a la BBC, la señal de televisión oficial a través de la cual se trasmitían los grandes acontecimientos de la corona.

Diana nunca había sido discreta. Había grabado cintas contando lo infeliz que era, había permitido que sus amigos colaboraran con su biógrafo y mostraba su sus lágrimas en público. Pero una entrevista era un golpe certero para herir a la monarquía.

Quien le ofreció la oportunidad fue el periodista Martin Bashir que tenía un programa llamado Panorama. Ya veremos después que hubo muchas idas y vueltas en las negociaciones en las que oficiaba de intermediario Charles Spencer, el hermano de Diana. Finalmente la entrevista se realizó el 20 de noviembre de 1995 y causó un gran impacto. Como dijo en ese entonces Tony Hall, el director de la BBC, fue la entrevista de la década y cambió para siempre el modo en que se trataría la información sobre la monarquía.

Los lectores menos jóvenes recordarán el reportaje: Diana vestida de negro, con una dicción impecable, un tono de voz monocorde y miles de mohínes que resaltaban su tristeza. En esa entrevista nació el mito y dio titulares a la prensa que se sellaron a fuego en los seguidores de la princesa. “Éramos tres en mi matrimonio”, en clara alusión al romance de Carlos con Camila; “Quiero reinar en el corazón de la gente” para recalcar que no le interesaba perder la posibilidad de ser reina consorte; “Yo me manejo con el corazón, no con la cabeza”, refiriéndose a la frialdad de su suegra; “Carlos me envidia porque yo brillo más que él”, una verdad indiscutible que no hablaba muy bien de su protagonismo. Pero toda su fuerza, lo que la hizo grande ante los ojos del mundo, estuvo en mostrarse tan vulnerable. Contó que había tenido bulimia y anorexia; que se había autolesionado, y que había sufrido depresión postparto. Y lo más impactante fue que reconoció que había tenido una relación extramatrimonial con su instructor de equitación.

Diana estuvo muy ligada a la Madre Teresa de Calcuta

A pesar de las tremendas confesiones y de mostrarse tan poco cuerda, el público la amó. Amó su belleza, su juventud, su valentía, la manera en que parecía despojarse de la capa de armiño y la tiara de platino que le ofrecía ese grupo de malvados en pos de conseguir el amor de los desposeídos y la paz mundial.

Meses después hubo denuncias contra Martin Bashir. Al parecer el reportero, para convencer a Diana de la entrevista, le había presentado unas facturas que demostraban que el personal del palacio estaba sobornado, que la espiaban y filtraban información. Diana, en su deseo de venganza, aceptó la entrevista sin sospechar que esa documentación podía ser falsa. La BBC hizo una investigación y concluyó que Bashir era un periodista honesto que no había faltado a ningún principio ético.

El periodista Martin Bashir

El año pasado se cumplieron 25 años de ese reportaje y en un documental volvió a ponerse el tema de las facturas falsas en el tapete. Eran tantas las pruebas que Bashir tuvo que reconocer que habían sido confeccionadas por los diseñadores gráficos del periódico pero dijo, en su descargo, que aunque nunca se las hubiera mostrado, Diana igual hubiera dado el reportaje.

A su vez Charles Spencer, el hermano de Diana que había oficiado de intermediario, presentó unas notas que había tomado en una de las reuniones en las que habían participado los tres en los que se enumeran 33 cuestiones relacionadas con la casa real que, supuestamente, Bashir le contó a Diana con el fin de chicanearla. Episodios como que la niñera de William y Harry era amante de Carlos, que la reina tenía problemas cardíacos e iba a abdicar, que la Casa Real iba a obligar a toda la familia de Diana a emigrar a Estados Unidos, entre otros dislates.

Ante semejante escándalo (y Diana en su tumba sin poder descansar en paz) se le encomendó a un ex juez, el prestigioso Lord Dyson, a realizar una segunda investigación cuyos resultados se dieron a conocer la semana pasada.

Dyson concluye en que la investigación de la BBC de 1996 fue “lamentablemente ineficaz” y que la BBC “no cumplió con los estándares de integridad y transparencia que son su sello distintivo”. Certifica que los documentos presentados eran falsos y la conducta del periodista fue vergonzosa.

Los ecos de estas conclusiones no se hicieron esperar. El actual director de la BBC pidió perdón en nombre de la emisora y devolvió los premios que habían recibido por ese programa; el antiguo director reconoció que la investigación que había llevado a cabo había pecado de exceso de confianza y Martin Bashir, el acusado, sigue sin arrepentirse de lo que hizo.

El ex juez Lord Dyson

Lord Charles Spencer, hermano de la princesa, y el más interesado en que todo se aclare, declaró que se siente estafado por la mentira en la que cayó y dedicó sus redes a brindar un homenaje a su hermana.

Patrick Jephson, secretario de Diana, declaró que el reportaje tuvo consecuencias devastadoras para la princesa y que con ella comenzó a trazarse la línea que desembocaría en su muerte. Una de sus amigas, que también dio testimonio para la investigación, dijo que Diana jamás hubiera accedido a la entrevista por voluntad propia y que ésta le trajo como consecuencia que Carlos le pidiera el divorcio.

Los príncipes Guillermo y Harry, en sendos comunicados, aceptaron las disculpas de la BBC, agradecieron a Lord Dyson y recalcaron la necesidad de que no vuelvan a suceder estos hechos tan reñidos con la ética. Harry es pesimista y asegura que nada ha cambiado y, aunque no lo dice, deja entrever que él y su esposa, Meghan, también fueron víctimas de prácticas deshonestas.

Conde Charles Spencer, el hermano de Diana

Guillermo corrió un velo sobre la salud mental de Diana al decir que “los fallos de la BBC contribuyeron significativamente a su miedo, paranoia y aislamiento que recuerdo de esos últimos años con ella”. Un gran dolor que le hace asegurar que Diana fue influenciada para decir lo que dijo y que sus declaraciones empeoraron la relación entre sus padres.

Es imposible saber cómo hubiera sido la vida de Diana de no haber dado esa entrevista pero es cierto que fue un punto de inflexión en la relación con la prensa a la que Diana recurría para afianzar su imagen pero a la que quería evitar cuando no le convenía. Y, precisamente, en esa carrera para evitarla fue donde perdió la vida. Ojalá algún día pueda descansar en paz.

 

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