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Séptimo Día |CIENCIA Y ARTE DE LA MANO
El Norte y el mar argentinos en los libros de dos platenses

Dos obras recién editadas en la Ciudad. Una de Juan Carlos Manchiola, sobre investigaciones arqueológicas en el NOA. Otra de Mario Fernández Rivero, que rescata temas marinos. Testimonios y definiciones

El Norte y el mar argentinos en los libros de dos platenses

Juan Carlos Manchiola / Facebook

Por: MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

24 de Abril de 2022 | 07:27
Edición impresa

No importó la pandemia. La cuarentena no fue un obstáculo, sino un incentivo. Uno, Juan Carlos Manchiola, investigó en la historia del Norte argentino, rescató datos de las culturas originarias, de los pioneros del coleccionismo arqueológico –entre ellos el aporte trascendental del explorador y cura franciscano Bernardino Gómez-, consultó más de 200 referencias bibliográficas identificadas al final de su trabajo, detalló el legado de la conquista española y de las diversas expediciones arqueológicas. “La memoria entre las sombras”, que es una historia localizada de la arqueología en el país, será presentado ahora en la Feria del Libro.

El otro, Mario A. Fernández Rivero, sintetizó en su libro titulado “Mar abierto. Singladuras del silencio” –que también será presentado el 30 de este mes en la Feria del Libro- la influencia vivencial y poética del mar en su vida. Hijo de educadores, nieto de periodista y bisnieto de un intelectual amigo de Joaquín V. González, todos ellos también platenses, asegura que “el personaje central de la obra es el mar”, luego de haber navegado a lo largo de su vida por las aguas del mundo.

“La investigación en la Argentina y la cultura, desde hace años, están esqueléticas”

 

El primero cuenta con múltiples antecedentes en la docencia en La Plata, sobre todo en lo concerniente a la Historia del Arte: “el arte debe estar ligado a los procesos de investigación, ya que la obra de arte no se explica en sí misma, tiene un laberinto muy dinámico”, dice Manchiola.

El segundo, marinero en su juventud, jubilado de la Administración Federal de Ingresos Públicos en las áreas jurídica y de fiscalización interna, es un especialista en literatura marina de nuestro país. Es cultor de modelismo naval y dibuja faros en el mundo. Tiene numerosos artículos publicados en revistas argentinas y extranjeras. En su juventud integro dotaciones de la Estación de Salvamento y Buceo de la Base Naval de Río Santiago.

MANCHIOLA

Elaborado a partir de su propia producción artística, el libro de Manchiola presenta una exhaustiva simbología de los pueblos originarios del Noroeste argentino. Se trata en principio de una reseña histórica que rescata la investigación arqueológica realizada por Bernardino Gómez (1878-1961), un hasta hoy casi desconocido expedicionario y cura franciscano que descubrió y rescató piezas únicas en sus exploraciones realizadas en los departamentos Capital, Sanagasta, San Blas de los Sauces, Castro Barro, Arauco y Famatina de la provincia de la Rioja.

Gómez dejó como legado unan institución -el Museo Arqueológico Regional Inca Huasi de la ciudad de La Rioja- con piezas arqueológicas halladas por él en sus expediciones, que exhiben restos materiales del pasado prehispánico en esa región. Asimismo, el libro rescata la memoria de todos aquellos hombres olvidados que tuvieron iniciativas y contribuyeron a conservar la herencia cultural propia de las comunidades prehispánicas. Ya al final, la obra de Manchiola, que se extiende a lo largo de 414 páginas, también analiza el legado de la conquista española.

Aquel río hispánico fue caudaloso y rico en episodios. La corriente colonizadora española que bajó desde el Perú dio origen a las ciudades de Santiago del Estero (1553), San Miguel de Tucumán (1565), Córdoba (1573), Salta (1582), San Fernando del Valle de Catamarca (1583), La Rioja (1591) y San Salvador de Jujuy (1593).

Y esta corriente del Norte se asentó en los territorios en donde se encontraban las poblaciones indígenas nuestras, de las culturalmente más ricas del país, que tenían influencia de los incas. De allí que la del Norte haya sido la empresa histórica que más desarrollo económico, cultural y poblacional impuso en nuestro país.

“El mar preexiste a la historia del hombre. El mar sirvió como vehículo cultural”

 

“Viajé en 2007 al NOA - La Rioja, Catamarca y Jujuy- y por circunstancias del destino encontré al Museo Inca Huasi caminando una mañana calurosa por la riojana calle Alberdi. En una ventana un viejito cura franciscano de 93 años estaba leyendo su periódico. Resultó ser el director, fray Nicolás Pugliese. Ahí comprobé, como decía el genial Picasso el famoso “yo no busco, encuentro”. Entonces vi que ese rincón enclavado en el olvido de la historia argentina, era digno de rescatar, de elevarlo a la memoria”, dice Manchiola.

Agrega que decidió estudiar y exaltar la figura del cura Gómez, ya que “es un hombre que excede lo imaginario. Murió de un asma crónico que lo mataba despaciosamente y, sin embargo, vivió más de ochenta años. Cincuenta expediciones con un viejo Chevrolet modelo 28, a caballo y mula, recorrió las sierras del Velazco y Famatina. Este personaje está a la altura del caudillo Facundo, del sacerdote Castro Barros, de Joaquín V. González, entre muchas otras figuras de la historia del país”.

Mario Fernández Rivero

Manchiola inició entonces una investigación que demandó varios viajes a La Rioja, diez años de estudios solitarios, sin subvención alguna, en las sierras de Velazco y Famatina. “Conocí gente humilde y cariñosa, que colaboró en el seguimiento de los trabajos del cura Gómez. Nada de ámbitos universitarios, estoy alejado de ellos por decisión personal: la investigación en la Argentina y la cultura desde hace años están esqueléticas, anacrónicas y dependientes de la política estatal. Eso conmigo no va”.

Manchiola egresó de la facultad de Bellas Artes con los títulos profesor en Artes Plásticas (1989) y profesor en Historia del Arte (1991). Ejerció la docencia en esa unidad académica entre 1991 y 1997. Desde entonces trabaja profesionalmente en dibujo y pintura, habiendo participado en 130 muestras individuales y colectivas, locales y nacionales, obteniendo premios y distinciones. Obras suyas se encuentran en colecciones particulares e instituciones públicas y privadas.

FERNÁNDEZ RIVERO

Vive a una cuadra del centro cultural Malvinas, es platense desde siempre, estudió leyes e intereses marítimos y se enorgullece de haber integrado el primer grupo de platenses que estudió el curso de vela en Regatas para obtener el grado de pilotín. Tuvo dos veleros en su vida, el primero, prestado por un amigo, se llamó “Las vírgenes”. Y luego un grumete que fue suyo durante años, el “Sarandí”.

Navegó en el río, en el Atlántico, en el Mediterráneo. Aquí, entre Africa y Europa, vio las bengalas que de noche lanzan los inmigrantes africanos clandestinos, que buscan cruzar el Mediterráneo para llegar al continente europeo. Una avería mecánica, un inminente naufragio en aquella tiniebla oscura. La bengala luminosa “irrumpe en la negritud/ del espacio desolado/ tachonado por estrellas/ indiferentes testigos/ de muda esperanza viva/ Grito visual en altura/ sordo pedido de ayuda/ alerta del navegante/ sumido en la inmensidad”.

“Conocí gente que colaboró en el seguimiento de los trabajos del cura Gómez”

 

Ahora ya es marinero en tierra y de paso dice que admira a Rafael Alberti. También a Rubén Darío, a Juan Ramón Jiménez, a Antonio Machado, a Neruda y a Francisco López Merino, de quien su abuelo –Alfredo Fernández García, periodista durante cincuenta años del diario El Argentino- fue fraternal amigo.

“El mar preexiste a la historia del hombre. El mar sirvió como vehículo cultural, desde las migraciones más remotas para explorar, comerciar o con fines turísticos. Pero también hay otras motivaciones que impulsan a conocerlo y a navegarlo y una de ellas es la de embarcarse en los sueños que inspira su belleza, siempre imponente desde su aspecto imponente y su paisaje cambiante”, dice Fernández Rivero.

Con un café de por medio en el Malvinas, el poeta marino sigue entusiasmado su defensa del mar: “en sus olas navegaron poetas, aventureros, escritores, soldados, piratas, soñadores. Es en esta clase de navegantes en donde quise fijar mi visión, sin otra pretensión que la de acompañar y hablar con el idioma universal del marinero”.

Recuerda una noche de 1961 escuchó una terrible y sorda detonación que hizo temblar las paredes de la Base Naval, en donde él se encontraba de custodia nocturna. Se había registrado la terrible explosión del petrolero Ameghino, que estaba surto en el dock central del Puerto La Plata. “La nave quedó partida al medio y la labor desplegada por los bomberos y el personal de salvamento duró dos o tres días. Hubo un muerto, cuatro desaparecidos y varios heridos”, dice.

El mar, el río, suelen traer tragedias y habla de la función que cumplen los buzos, tarea que fue suya. Dirá el poeta: “Misión silenciosa/extraer del fondo/ objetos, historias/ de barcos hundidos/ volverlos al aire/ a la luz del día”.

Ya sorbe el fondo del pocillo. Hay que saludarse y se lo ve ir. “De mar graduado/ sin gorra, sin galones/ mecido por el oleaje/ en la tarde serena del otoño/ en alas del viento/ y de la vela…”, dijo este navegante intemporal y lírico, que se irá con sólo la compañía de su “noble navaja marinera”.

 

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