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Temas |LAS FAMILIAS REPUBLICANAS DE SUECIA Y NORUEGA

Con la felicidad como norte: entretelones del encuentro de grandes casas reales

La visita de los reyes de dos naciones nórdicas con estabilidad y tradiciones, donde prima el concepto de bienestar y progreso social. La continuidad y la trascendencia, uno de los aspectos destacados

Con la felicidad como norte: entretelones del encuentro de grandes casas reales

1947. La visita de los entonces reyes de Dinamarca a Suecia / Web

VIRGINIA BLONDEAU
Por VIRGINIA BLONDEAU

12 de Mayo de 2024 | 07:28
Edición impresa

¿Qué es la felicidad? ¿Puede, acaso, medirse? Tal vez no en lo individual sí es posible establecer indicadores para saber en qué países los ciudadanos se encuentran más satisfechos con el suelo que habitan.

El Informe Anual de la Felicidad es un reporte que elabora un ranking de países. Para definir el grado de satisfacción se tienen en cuenta el PBI per cápita, la esperanza de años de vida saludable, la libertad para tomar decisiones vitales, la generosidad, la percepción de la corrupción y la percepción sobre el apoyo social. El estudio no es caprichoso ni tendencioso sino que está avalado por encuestas e investigaciones de las universidades más prestigiosas del mundo y por foros económicos de relevancia. Es elaborado por la agencia Gallup.

En su último informe el top ten de países felices está conformado por Finlandia, Dinamarca, Islandia, Suecia, Israel, Países Bajos, Noruega, Luxemburgo, Suiza y Australia.

Una de las Fotos de la gala / Web

Este no es el único reporte que tenemos para saber cuáles son los países del mundo en que la gente vive mejor. Hay investigaciones que apuntan a determinar donde el progreso social fluye, donde se desarrolla mejor el talento y hasta cuál es el mejor lugar para ser mujer o para ser extranjero. Los resultados son similares y en los primeros puestos casi todos los años están ocho monarquías europeas de las diez existentes: Dinamarca, Noruega, Países Bajos, Suecia, Noruega, Luxemburgo, Bélgica y Reino Unido.

De estos resultados no se infiere que vivir dentro del régimen de monarquía constitucional garantice la felicidad sino que este sistema, considerado por muchos rancio, opresor y obsoleto, no es un impedimento para el bienestar de los ciudadanos. Una de las causas puede ser que hayan encontrado el equilibrio entre tradición y progreso.

¿Qué nos evocó esta reflexión? Una imagen.

La semana pasada los flamantes reyes de Dinamarca, Federico X y su esposa, la reina Mary, visitaron al rey Carlos Gustavo de Suecia que ya lleva 50 años en el trono. El rey más nuevo y el rey más antiguo. Fue una visita de estado tal como la que los reyes de España realizaron a los Países Bajos en abril y que relatamos con detalle a nuestros lectores en nuestra última entrega.

Nadie puede dudar de que tanto Suecia como Dinamarca encarnan la modernidad, el progreso, la innovación. Dos países en que las garantías constitucionales están garantizadas y la democracia muestra su mejor cara. Son la vanguardia del siglo XXI. Sin embargo la foto de la cena de gala ofrecida por los anfitriones a Federico y Mary podría haber sido hecha hace 50 años. Incluso podría haber sido un óleo de principios del siglo XIX y lo único que hubieran cambiado son los rostros.

 

Nadie puede dudar de que tanto Suecia como Dinamarca encarnan la modernidad

 

Nada en esa imagen tomada el 6 de mayo de 2024 nos habla de algo tan intangible e inmanente como el tiempo sino más bien de la trascendencia, valor fundamental de las monarquías. Los uniformes de ambos reyes podrían haber sido los de sus respectivos abuelos; las condecoraciones que lucen todos van pasando de generación en generación; las joyas de las reinas y de las princesas fueron hechas para las abuelas y bisabuelas de ellas o de sus maridos y solo son portadoras y custodias temporales y, finalmente, los atuendos de estas damas tenían algunas décadas en sus armarios salvo alguna que otra excepción. Por supuesto que el escenario, el maravilloso Palacio Real de Estocolmo, había albergado ya a unos cuántos Carlosgustavos y algún que otro Federico, siempre con el mismo esplendor. Esta foto fija atemporal no nos sorprendería si hubiera sido tomada en un país detenido en el tiempo y decadente pero no es el caso. Y a eso nos referimos cuando hablamos de equilibrio.

La visita de estado fue rutilante pero a la vez, muy cálida. Las familias reales de los países escandinavos son muy cercanas. Y como bien dijo el propio rey Carlos Gustavo en su discurso “No somos solo amigos, somos familia. Mi tía Ingrid es la abuela del rey Federico y fue una fuerza unificadora. Ella jugó un papel muy importante en nuestras familias y mi prima Margarita, vuestra madre, ha significado mucho para mí en estos años”. El rey Federico devolvió la gentileza recordando que su abuela Ingrid, de origen sueco, siempre le decía que un heredero al trono es lo que es gracias a su familia y concluyó “Querido tío Carlos Gustavo, querida tía Silvia: Están cerca de nosotros. Gracias por invitarnos”

 

Son países con la democracia y las garantías constitucionales garantizadas

 

La visita tuvo un condimento especial ya que Federico y Mary llegaron en barco y fueron recibidos por Victoria, la princesa heredera, y su esposo, Daniel. Federico y Victoria se conocen de toda la vida y ella lo considera un hermano mayor. Juntos asistieron desde chicos a bodas, funerales y coronaciones acompañando a sus padres y, cuando los nueve años que los separan dejaron de notarse, se hicieron amigos e incorporaron a sus respectivas parejas a su círculo. Ahora él es rey y ella aún espera para ser reina pero se notó en ese encuentro que no hay lugar para las diferencias.

La calidez no estuvo reñida con la teatralidad que la ocasión requería. Una vez abajo del Dannebrog, el tradicional barco danés que ya tiene 90 años, los reyes y sus anfitriones se subieron a la barcaza Vasaorden, de la corona sueca. Con sus 100 años aún impacta su color azul y sus detalles en oro.

Otra secuencia de la gala / Web

El desembarco fue en el Palacio Real donde aguardaban los reyes Carlos Gustavo y Silvia y otros miembros de la familia. Las damas estaban preciosas con sus atuendos de día pero la expectativa estaba puesta en la cena de gala.

Con el atardecer comenzaron a llegar los invitados…

En la reina Mary, la invitada de honor, se posaron las miradas. Es reina hace solo cuatro meses y pocas oportunidades tuvo de lucir el joyero real en todo su esplendor. Esta era una de ellas y, aunque estaba espléndida, la vimos repetir una vez más las joyas y los atuendos que la acompañan desde hace años. ¿Es que acaso su suegra no le ha dado aún la llave del cofre? No lo sabemos.

De todas formas que haya usado el conjunto de rubíes, compuesto por tiara, aros, collar y broche, tiene un justificativo: fue hecho para la reina sueca Desirée a principios del siglo XIX quien lo lució en la coronación de Napoleón Bonaparte. Llegó a Dinamarca cuando su bisnieta se casó con un príncipe danés y fue una de las piezas preferidas de la reina Ingrid, abuela de Federico, a quien se la dejó en herencia para que la luciera su futura esposa. Mary le ha hecho honor como princesa y, ahora, como reina. El vestido que Mary llevó a la gala, de raso color nude diseñado por Jesper Hovring, fue estrenado en 2017 y es la cuarta vez que lo usa. Lo ha “renovado” para la ocasión sobreponiéndole un top de tul color borravino que, a nuestro entender, le quitaba protagonismo a las joyas. No es que estemos en contra de la reutilización de un vestido tan fabuloso pero ahora es la reina y es hora de brillar con luz propia, sin la sombra de suegras indiscretas.

Viaje en la barcaza real / Web

La tiara de la reina Silvia tenía zafiros y un origen similar a la de Mary ya que precisamente fue Napoleón quien la encargó. Por matrimonio pasó a ser parte del joyero de los Bernardotte, dinastía a la que pertenece Carlos Gustavo. Es una tiara de motivos florales, sencilla pero que, acompañada de gargantilla, aros y broche gana en esplendor. La reina Silvia fue a lo seguro con su vestido verde de encaje.

La que estrenó y dio el único toque de modernidad al grupo, fue la princesa Victoria. Llevaba un vestido de Christer Lindarw, un drag queen devenido en diseñador, que se ha vuelto el favorito de la princesa. Recordemos que la princesa Victoria es considerada una figura inspiradora para la comunidad LGTB+ sueca y ha recibido varias condecoraciones y premios por ello. Lindarw definió el vestido como “un helado de pera” por ese color indefinido que otorgaba el movimiento de las lentejuelas. Victoria estaba coronada por la tiara Connaught que perteneció a la reina Margarita, la bisabuela en común que tienen ella y Federico.

Fotos oficiales de la visita de los reyes de Dinamarca a Suecia / Web

La visita finalizó al día siguiente entre inauguraciones, ejercicios militares, y una anécdota risueña. Resulta que los daneses le regalaron al rey sueco un manzano de Grasten, la fruta nacional de Dinamarca. Federico comenzó, con una pala, a volcar tierra sobre el cantero pero lento y con poca pericia. Su tío, impaciente, comenzó a dar indicaciones. “Que un poco más de tierra acá, que un poco más allá”. Federico comentó… “ Y cuatro horas más tarde acá estaremos aún” y dio por terminada la tarea abandonando rápidamente la pala, implemento para que, definitivamente, no está hecho.

Así transcurrió una vista de estado más entre dos casas reales que gozan de muy buena salud. Para los seguidores de la realeza son estos los actos que más se esperan porque constituyen el sentido mismo de las monarquías: la unión entre familias con un tronco común, la trascendencia y la unión de pasado, presente y futuro.

El rey Federico planta un árbol frente a su tío, el rey de Suecia / Web

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