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Son las dos máximas estrellas jóvenes de Hollywood, pero son muy diferentes. Y aunque compartieron muchos momentos en el set de “Euphoria”, la serie que lanzó a ambas al estrellato, parece que el odio entre las dos crece cada día más
Las dos saltaron a la fama por “Euphoria”, pero se quieren poco y nada
Si el universo de “Euphoria” se construyó sobre el caos, el exceso y los vínculos que explotan en cámara lenta, no sorprende que sus dos estrellas más rutilantes hayan decidido replicar esa dinámica fuera del set. Zendaya Maree Stoermer Coleman y Sydney Bernice Sweeney son, desde hace años, el dúo más incómodo de Hollywood: dos mujeres que comparten cartel, temporadas y millones de espectadores, pero que en la vida real parecen habitar galaxias distintas. El agua y el aceite, sí, pero con mucho drama detrás de escena: un drama que incluye grietas políticas, dinero... y chicos.
La comparación física es inevitable: Zendaya, alta, de piel canela y cabello oscuro, encarna la elegancia contenida, minimalista, casi intimidante; Sweeney, rubia y blanquísima, otra apuesta por la exuberancia sin disculpas, la sensualidad como declaración de principios. En la pantalla, esa tensión produce magia. Fuera de ella, al parecer, produce algo bastante menos glamoroso.
Porque si en algo se diferencian estas dos más allá del físico, es en todo lo demás. Zendaya es hija de Oakland, defensora pública de causas progresistas, productora ejecutiva a los veintitantos, doble ganadora del Emmy y novia de Tom Holland, el Spider-Man más adorable del multiverso. Sydney Sweeney, en cambio, creció en Spokane, Washington, una ciudad que no figura precisamente en el mapa del liberalismo costero, y ha dado señales más que evidentes de que sus simpatías políticas van en dirección opuesta. Y en el Estados Unidos de hoy, eso no es un detalle menor: es una grieta tectónica.
La política, al parecer, fue lo primero que las dividió. El primer capítulo del distanciamiento tiene fecha y lugar: 2022, durante el cumpleaños número 60 de la madre de Sydney Sweeney. Las fotos de la celebración llegaron a las redes como una bomba de tiempo. En las imágenes se veía a los invitados luciendo gorras con consignas que, en un primer momento, muchos leyeron como guiños trumpistas: algunas parecían decir “Blue Lives Matter” o incluso “Make America Great Again”. Sydney y su entorno aclararon después que en realidad las gorras rezaban “Make Sixty Great Again”, en alusión a los 60 años de su madre, pero el daño ya estaba hecho. En Hollywood, donde las apariencias son moneda de cambio, la imagen valió más que cualquier aclaración. El mundo progresista la catalogó, el mundo conservador la aplaudió.
Y fuentes cercanas a la producción señalan que Zendaya, firme defensora de causas progresistas, habría tomado distancia a partir de ese episodio. No hubo declaraciones públicas, no hubo tuits incendiarios ni indirectas en entrevistas. Solo el silencio digital que, en el ecosistema de las celebridades, dice más que cualquier comunicado de prensa. Ya no existen “likes” ni comentarios de apoyo mutuo entre ellas. El silencio digital es, quizás, la prueba más clara de este quiebre.
Pero la política no fue la única mecha que encendió este polvorín. En ese mismo año, Sweeney ventiló sus quejas sobre los bajos sueldos en Hollywood. La actriz afirmó que la actuación no cubría sus gastos básicos en Los Ángeles y justificó así sus múltiples contratos publicitarios. A primera vista, un reclamo legítimo. El problema fue el contexto: mientras Sydney se quejaba de llegar a fin de mes, Zendaya estaba negociando —y cerrando— un acuerdo por un millón de dólares por episodio. Una cifra que, vale aclararlo, convierte cada capítulo de “Euphoria” en una pequeña fortuna personal. Zendaya, quien además ejerce como productora, habría considerado estas declaraciones como poco éticas. O dicho en criollo: si vas a quejarte de que no te alcanza la plata, quizás no lo hagas justo cuando tu compañera acaba de renegociar su sueldo...
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La diferencia salarial no hizo más que subrayar lo que ya era evidente: estas dos mujeres no solo tienen visiones del mundo distintas, sino también posiciones muy diferentes dentro de la industria. Zendaya llegó a “Euphoria” desde Disney, con una carrera construida ladrillo a ladrillo desde la infancia. Sydney llegó desde la periferia del sistema, hambrienta y dispuesta a todo. Esa hambre la llevó a decir cosas que en ciertos círculos de Hollywood se consideran herejías: que el negocio es injusto, que la plata no alcanza, que a veces hay que hacer publicidades de champú para poder pagar el alquiler. Verdades, quizás. Pero verdades que molestaron en ciertos pisos del edificio.
Acá viene la parte que ningún medio puede confirmar del todo pero que nadie deja de repetir: según informantes del set, existió un malestar profundo por la actitud de Sweeney hacia Tom Holland, pareja de Zendaya. Los rumores indican que Sydney mostró un interés excesivo hacia el actor durante sus visitas al rodaje. Tom Holland, para quienes vivan en una cueva, es el actor británico que interpreta a Spider-Man y que desde hace años es pareja de Zendaya. El tipo más adorable y menos amenazante del mundo del cine, y sin embargo capaz de generar, al parecer, suficiente tensión off-screen como para complicar la dinámica de un set entero.
¿Hubo coqueteo? ¿Fue malinterpretado? ¿Es todo un invento de tabloides aburridos? La verdad, nadie lo sabe con certeza. Pero en Hollywood, la percepción es la realidad, y si Zendaya sintió que su pareja era el foco de atenciones no solicitadas, eso alcanza y sobra para enfriar cualquier relación laboral.
El capítulo más reciente de esta novela se escribió en la premiere de la tercera temporada de “Euphoria”, en Los Ángeles, el pasado 8 de abril. Sweeney llegó temprano, posó frente a los fotógrafos y conversó con el resto del elenco, mientras que Zendaya apareció varias horas después. La protagonista de “Duna” evitó cualquier contacto visual con su compañera de reparto. No hubo fotos juntas ni saludos cordiales. Una coreografía perfecta de indiferencia mutua, ejecutada con la precisión quirúrgica de quienes llevan mucho tiempo ensayándola.
Por si quedaba alguna duda, los periodistas presentes confirmaron una restricción estricta: el equipo de prensa prohibió preguntas sobre la relación entre ambas. Esto es, en el idioma hollywoodense, la confirmación más oficial posible de que algo está muy roto.
Para evitar momentos incómodos, los responsables del show organizaron esquemas de filmación separados. Durante meses, los caminos de ambas apenas se cruzaron en los sets de HBO. Un logro logístico notable, considerando que sus personajes, Rue y Cassie, son parte del mismo universo narrativo. Sam Levinson, el creador de la serie, optó por el mutismo absoluto sobre el tema, lo cual es también, a su manera, una respuesta.
Las dos saltaron a la fama por “Euphoria”, pero se quieren poco y nada
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