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El arte del tapiz en La Plata

Silvina Trigo presenta una peculiar muestra en el Museo de la Catedral

Por: Por Nicolás Isasi

13 de Julio de 2015 | 01:23

El tapiz está considerado como uno de los objetos más antiguos. Su origen proviene de la decoración de paredes y su capacidad de abrigarlas en tiempos de frío, al igual que las pinturas murales egipcias y los relieves asirios. En su momento se trataba de paños gruesos colgados al igual que las cortinas o telones, aunque también se presentaban en el suelo como alfombras. Luego fueron considerados muebles decorativos y con la incorporación de materiales caros como el oro, se convirtieron en objetos suntuarios hasta llegar a ser verdaderas obras de arte.

Silvina Trigo es una artista con formación, creatividad y pasión. Cada retazo de su obra tiene un lugar apropiado dentro del entorno, conformando un mágico lugar. Ella aprovecha con cuidado y buen gusto cada rincón de su obra. Los detalles y texturas de cada tela son más que importantes porque cuentan desde el color, el grosor o la forma en la que están incorporadas, sea en formato grande o pequeño. Al recorrer la exposición en la Catedral, pareciera que todas las obras conforman una misma muestra, proviniendo de la misma época y pensadas en un macro conjunto. Las telas lucen intactas, brillantes, coloridas, extravagantes y únicas de modo tal que no se nota el paso del tiempo. Con la presencia de Adela Juárez (Directora del Museo Eclesiástico) y el marido de la artista, EL DIA pudo dialogar con Silvina en su paso por la ciudad.

Silvina Trigo es una artista con formación, creatividad y pasión

 

-¿Cómo comenzó tu relación con el tapiz?

-Todo se remonta a la casa de modas Maison Carrau (apellido catalán que pasó a ser francés cuando la familia de mi mamá compró la casa), un emprendimiento familiar que comenzó con mi bisabuela a finales del siglo XIX. Luego pasó por mi abuela y mi madre fue la tercera en el legado de la moda. Yo de chica hacía ropa de muñecas e iba a ser la cuarta generación pero luego decidí continuar mis estudios en Bellas Artes. Aunque de aquel lugar conservé las telas, y creo fue el origen de mi relación entre el textil y la pintura. Luego de recibirme hice una exposición con esmaltes cerámicos junto a un grupo de amigos en una galería de la calle Maipú, pero el grupo duró solo 5 años. A fines de los años sesenta ya tenía trabajos hechos en tapiz y una amiga arquitecta que vino a casa una vez me dijo hasta cuándo vas a seguir haciendo esto, por qué no lo mostraba. Y yo le dije: no lo muestro porque no sé qué es. Pintura no es porque no es pintado y tapiz no es porque no es tejido. Es así que tomé coraje y llegué a una galería en Olivos, donde me dijeron: le vamos a poner “tapiz-collage” y así quedó para la gente. Luego pasé a Praxis y allí comenzó todo.

-¿Qué recordás de la etapa de estudios en la Prilidiano Pueyrredón?

-La Pueyrredón era un lugar precioso del punto de vista afectivo. Ahora se quejan que no hay estufas pero nosotros teníamos clase en un lugar que lo llamábamos Siberia por el clima que había. Estaba construido donde se encontraba el jardín. Ibamos con 3 pulóveres, 2 bufandas y el delantal encima. Nadie se quejaba ni faltaba y todos dibujábamos muertos de frío, con el vapor que salía de nuestras bocas. Pero nos íbamos fascinados de ahí porque los profesores que teníamos, eran los mejores pintores de la época. Y no cobraban mucho, pero dar clases en esa escuela les daba prestigio.

-¿De dónde surgen los temas de tus obras?

-Es difícil el momento de sentarse frente a la obra y estar en blanco. Por eso voy jugando con ellas, no tengo boceto. Voy creando a medida que hago. Hice 12 ó 14 obras con personajes femeninos, luego naturalezas muertas, volúmenes al fondo y ahora estoy experimentando con materiales transparentes menos constructivistas que los pictóricos.

-¿Existe alguna corriente de artistas que trabajen con el tapiz en las nuevas generaciones?

-Que yo sepa, en Argentin,a no. De todas formas hay dos problemas. Por un lado, yo no tuve taller, fundamentalmente porque no tenía tiempo. Me dediqué mucho a mi obra, y dar clases lleva tiempo. Siempre preferí trabajar a dar clases. Yo tampoco me formé en un lugar a donde hacían esto. Lo que pasa con los talleres es que la gente quiere aprender a hacer aquello que hace el profesor, cuando en realidad habría que aprender las disciplinas clásicas para que luego cada uno pueda encontrar su estilo. Hay un montón de pintores que me gustan pero no por ello voy a hacer lo mismo que ellos. Hay gente que se mimetiza y usa la misma técnica, la misma paleta. El otro problema que hay es el tiempo que la gente le dedica al taller. Hoy en día, muchos artistas jóvenes pasan más tiempo en los vernissage o sacándose fotos para las revistas que en el taller trabajando y haciendo su obra. Y cuando uno va a ver muestras… se da cuenta que mucho tiempo no hay ahí adentro. Yo entiendo que la promoción es muy importante, pero es muy generalizado. Ahora es como que la gente empuja, eso antes no pasaba. Antes querías exponer y tu profesor te decía: ‹no, pará; estás un poquito cruda te faltan algunos años›, o ‹raspá todo esto y empezá de vuelta›. Nadie te decía ¡exponga, exponga! Al contrario, esperaban que uno fuese más maduro con la obra que se iba a presentar.

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