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El país |HISTORIA Y ACTUALIDAD
Otro eslabón en la cadena de una maldición histórica

Ningún gobernador de la Provincia pudo acceder desde ese lugar a la Presidencia

23 de Noviembre de 2015 | 01:15

Daniel Scioli acaba de sumarse a una lista histórica que abona la hipótesis de una maldición. Es la de los gobernadores de la provincia de Buenos Aires, que nunca han podido llegar por la vía electoral a la Presidencia de la Nación.

La historia argentina provee sin duda más que suficientes ejemplos en abono de esa teoría. Casi todos los casos que suelen ser citados como demostrativos de la existencia de la famosa “maldición” aluden a precandidaturas o proyectos firmes que, pese a contar con llamativo respaldo político, resultaron lisa y llanamente abortadas antes de que los postulantes llegaran a la recta final.

Conviene advertir que la envergadura del Primer Estado argentino y su gravitación en el país hacen casi naturalmente de cualquier figura política que llega a calzarse los zapatos de Gobernador, un aspirante potencial a la primera magistratura de la Nación.

DESDE BARTOLOME MITRE

La nómina es larga y, de acuerdo con la mayoría de los expertos, se inicia a partir de Bartolomé Mitre, que sí compartió los dos sitiales, aunque existan historiadores que no lo consideran como una verdadera excepción a la regla, ya que accedió a la Presidencia no directamente como ex gobernador de Buenos Aires, sino que al llegar, luego de Pavón, ya era Encargado del Poder Ejecutivo Nacional, de tal modo que su transición no fue mediante una postulación y elección normales.

Inmediatamente detrás llega, en 1866, Adolfo Alsina, el caudillo porteño, cuyo nombre contaba con gran respaldo entre los que sonaban como posibles candidatos a Presidente, junto a las de Rufino de Elizalde, Urquiza y Sarmiento. Sin embargo, en noviembre de ese año, el presidente Mitre envió a José M. Gutiérrez una carta, que éste denominó testamento político, en la cual condenó las candidaturas de Urquiza y Alberdi (que por entonces también sonaba como posible), tachándolas de reaccionarias y adelantó que consideraba la de Alsina como fruto espurio de una liga de gobernadores. Alsina comprendió que su postulación no sobreviviría ese veto y cambió su estrategia, que lo llevó en definitiva a acompañar a Sarmiento como Vicepresidente en la fórmula que luego consagró el colegio electoral.

A LA PLATA

No pasó mucho tiempo para que se registrara el segundo caso, por cierto que de consecuencias mucho más graves, ya que costó muchas vidas y Buenos Aires perdió su capital, con la federalización. En esta oportunidad el gobernador que quiso ser presidente fue Carlos Tejedor, respaldado por su provincia, pero que se encontró con que Roca controlaba las situaciones provinciales en el interior. La cruenta rebelión terminó con la candidatura y liberó a los presidentes futuros de la necesidad de vivir de prestado en una ciudad ajena. La maldición de los gobernadores se trasladó a La Plata. Se asentaba la famosa generación del 80’.

EL CASO DE DARDO ROCHA

Hay quienes dicen que uno de los motivos que inclinaron a Dardo Rocha a fundar la capital bonaerense tan cerca de la nacional fue el de no verse obligado a alejarse del centro de las decisiones, ya que aspiraba también a la Presidencia. Y su precandidatura no careció de adherentes. Pero esa aspiración chocó contra el que era en ese entonces quien controlaba férreamente el poder político. Dice a este respecto la Historia Argentina Contemporánea de la Academia Nacional de la Historia: “En vano Dardo Rocha se movilizó desde temprano. No bien puso en evidencia sus aspiraciones (ser futuro Presidente y jefe del partido), Roca no ocultó a sus amigos el desagrado que ello le producía. Cuando Roca le solicitó el ensanche de los límites de la capital, Rocha, gobernador de la Provincia, se opuso a la medida. Roca, entonces, “dejando caer sus párpados y mirando oblicuamente, le contestó: “Bueno, mi doctor, no lo haremos, desde que usted se opone”. Y en 1882 el Presidente le dijo a Juárez Celman: “Rocha es un Catilina, capaz de todo, yo no me descuido y tomo medidas en toda la línea... se ha comprado la plebe de todos los diarios de esta capital y derrama el dinero a manos llenas. Quiere gobernar la República”. Como resultado, el sucesor de Roca terminó siendo su concuñado y amigo, Miguel Juárez Celman.

Hay quienes suman a la nómina de gobernadores frustrados como aspirantes a la presidencia a Julio Costa, cuya gobernación y su futuro se interrumpieron por la revolución radical de 1893. Pero el que, sin duda, por su personalidad y gravitación puede anotarse como el siguiente integrante de la lista es Marcelino Ugarte, cuya primera gobernación, de 1902 a 1906, resultó fundamental especialmente para La Plata, con la nacionalización del Puerto y la Universidad, la instalación de los frigoríficos en Berisso, los grandes talleres de la Marina, la Escuela Naval, la remodelación del Paseo del Bosque, la refundación del Banco de la Provincia que había cerrado por la crisis del 90, la habilitación de la Catedral y muchas obras. Ugarte fue luego diputado y senador nacional, pero la posibilidad de su candidatura presidencial quedó liquidada en enfrentamientos con el presidente Figueroa Alcorta, quien, luego de una conversación en la cual estuvo involucrada esa posibilidad, afirmó tajantemente a Ugarte: “Lo que sí puedo asegurarle, es que su candidatura no saldrá incubada de la Casa Rosada”. En ocasión de la segunda gobernación, el ascenso del radicalismo y la intervención dispuesta por Yrigoyen terminaron con toda posible aspiración.

FIGURAS RADICALES

Hay quienes afirman que algunos de los gobernadores del período radical que se sucedió abrigaron aspiraciones, que seguramente tuvieron pocas posibilidades de prosperar ante la gravitación de la figura de Yrigoyen y la del mismo Alvear. Pero con la quiebra institucional y de la mano del fraude llegó otro gobernador que quedó en la historia bonaerense como un gran hacedor: Manuel Fresco.

Los conservadores utilizaron durante mucho tiempo, ante quienes los acusaban por el fraude, el argumento de que “gracias a Fresco tenemos caminos en la Provincia”. La Plata también vio cambiada su fisonomía por las obras concretadas durante su gobierno. Se restauraron y ampliaron edificios públicos y se continuó trabajando en la inconclusa Catedral. Se ensanchó el camino General Belgrano, se construyeron el Centenario y el camino de cintura, además de escuelas y hospitales. Sin embargo, sus posibilidades para proseguir su carrera política en un nivel superior se vieron truncadas por su manifiesta inclinación a los regímenes totalitarios de la época (franquismo, fascismo) y la llegada al gobierno nacional de Roberto M. Ortiz, con intenciones de revisar la política del “fraude patriótico”, lo hizo un blanco propicio para la intervención, que fue recibida por la ciudad como una fiesta.

Pese a la brevedad de su paso por la Gobernación, otro de los que suelen mencionarse como precandidatos frustrados fue el Dr. Rodolfo Moreno, que llegó luego de una serie de interventores, en 1942. Hombre perteneciente al ala más liberal del conservadorismo, con prestigio como jurista, Moreno aparecía como un candidato adecuado para la reinserción en la verdadera democracia que propiciaba desde la presidencia Ortiz. Pero la enfermedad del presidente, su renuncia y su muerte, clausuraron esta perspectiva. Ramón Castillo pertenecía a la vertiente conservadora que lanzó como nombre parar su sucesión el del senador salteño Robustiano Patrón Costas. Moreno, luego de concurrir a la Casa Rosada para manifestar su oposición a esa candidatura, optó por renunciar también a la gobernación. Poco después se producía el golpe del 1943.

DE MERCANTE A NUESTRO TIEMPO

Ya en el período peronista, queda el recuerdo del coronel Domingo Mercante, otro de los gobernadores recordados por su dedicación a las obras públicas que aparecía al principio promovido desde el Poder como un hombre de la mayor confianza de Perón, elogiado y ensalzado. Así llegó, inclusive, su reelección por dos años para completar el período luego de la reforma constitucional de 1949. Sin embargo, para 1952 ya los vientos de la cumbre habían cambiado, al extremo de que poco después de hacerse cargo su sucesor, Carlos V. Aloé, el nuevo gobernador realizó una dura crítica de la gestión de su antecesor, que desapareció así de la escena política oficial.

Así la lista llega a Oscar Alende, que constituye en más de un sentido una excepción dentro de ella, ya que no fue el poder que llegaba desde la Nación el que le impidió seguir su carrera y llegó a ser candidato, aunque no con perspectivas serias de triunfar. Compartió, eso sí, con Ugarte, Fresco y Mercante la fama de constructor.

Entre los ejemplos recientes está el de Antonio Cafiero, también con diferencias, ya que no se le opuso la fuerza del aparato nacional, sino que resultó víctima de la estructura partidaria que él había propugnado para el peronismo, al resultar superado en la interna por Carlos Menem.

Más cerca, está el caso de Eduardo Duhalde, quien perdió frente a Fernando de la Rúa la elección del 99. La historia ya es más conocida: luego fue Presidente por decisión de la Asamblea Legislativa.

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