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NÉSTOR MUX, POETA. UNA OBRA LITERARIA QUE EMPEZÓ EN LOS 60. FUE INCLUIDO AHORA EN UNA RECIENTE ANTOLOGÍA DE POESÍA EN EL PAÍS

“La mujer es la que te avisa en dónde está el precipicio”

Vive en el sur de La Plata y ahora piensa en mudarse al norte, a City Bell, “a una casa muy chica que tenga un árbol y un garaje, no pido más”. Es uno de los cinco poetas capitales de la Ciudad

Néstor Mux

Néstor Mux / FOTOS: http://encuentropoesialaplata.blogspot.com.ar

Por MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

“El poema es ese pájaro desdichado y luminoso/ que desde la tierra de nadie de nuestro corazón/ atraviesa las infinitas miserias del mundo./ Pájaro de las denuncias y las ásperas maravillas/ volando para llevar consuelo a seres/ con los que no podremos compartir nuestra mesa/ ni el ademán más íntimo, pero que posiblemente/ vibren en una misma cuerda de intensidad/ desgracia y plenitud…”, dice Néstor Mux en su poema “Imposibilidad de la palabra”.

En 1996 fue incluido en la antología que compuso Ana Emilia Lahitte titulada “Cinco poetas capitales”, sumándolo allí a Horacio Castillo, Rafael Felipe Oteriño, Osvaldo Ballina y Horacio Preler, una camada lírica platense que se afianzó como sucesora de antecesores de la talla de Almafuerte, Francisco López Merino, Gustavo García Saraví, Roberto Themis Speroni y Horacio Núñez West, entre otros.

“Nací en La Plata en 1945 donde, aparentemente, he comenzado a envejecer”

 

Tres de ellos –Ballina, Oteriño y Mux- acaban de aparecer en la obra “Poesía Argentina Contemporánea, editada por Vinceguerra y la Fundación Argentina para la Poesía. En la nota biográfica que precede sus poemas escribió Mux: “Nací en la Ciudad de La Plata en 1945 donde resido y donde aparentemente he comenzado a envejecer, sin pena ni gloria. Porque a diferencia de casi todos mis colegas, no recibí premios ni di conferencias en el exterior. No figuro en numerosas antologías ni fui traducido a múltiples idiomas. Lo mío consistió sólo en la publicación de un par de libros de versos. Entre ellos, Como quiera que sea; Perros atados; Cosas que nos rodean; Papeles a consideración y Disculpas del irascible”.

Mux exagera u oculta. Algunos premios y distinciones recibió, puede hablarse de varios y algunos de ellos importantes. Ocurre que le costó demasiado ir a recibirlos. Lo frena una especie de pudor simpático que no logra dominar. Pero en realidad, de acuerdo a lo que piensa ahora, no los rechazaría del todo: “Si bien a mí esa posibilidad de ser premiado o distinguido me tocó muy pocas veces, es una buena caricia para el almita del escritor…”.

En 1965 publicó “La patria y el invierno”; le siguieron “Nosotros en la tierra” (1968); “Cartas íntimas para todos” (1974); “Como quiera que sea” (1978); “Perros atados” (1982); “Poemas” (1985); “Poesía reunida –que incluye un libro inédito, Cosas que nos rodean” (2000); “Papeles a consideración” (2004) y “Disculpas del irascible” (2009).

Mux fue un cerrado admirador del poeta citybelense Roberto Themis Speroni, que aún espera el saludo reverente que la poesía argentina le debe. Lo visitaba en su casa y poco después que Speroni falleció, Mux pasó como viajero del micro 3 frente a su casa y allí, en 1967, le escribió esta carta, en la que cuenta que estaba llegando el verano y que “ayer tomamos vino en la casa de Gustavo y una vez más contemplamos tu hermosa fotografía, con tus ojos increíbles de niño feroz, con tu sonrisa clara, silenciosamente lúcida como la de los poetas de verdad”.

“Yo simplemente te escribo para decirte que las grandes lluvias del año enverdecieron la hierba de City Bell, de tu pequeño inmenso City Bell que no te olvida, porque con pasar con el ómnibus y ver sus árboles, sus gentes anónimas, ese cielo breve que solamente vos le descubriste, dan ganas de bajarse y llamarte a gritos. No, nunca más se podrá mirar tu ventana, ahora inútilmente abierta a los días opacos, aborrecibles, inexplicables de tu muerte. Ahora estarán sólo tu mujer y tus hijos, acariciando tus mejores objetos, el efímero recorte de un diario que elogiaba tu nuevo libro, tu asiento preferido en la mesa, tu última camisa”.

Mux le cuenta luego que ganó un premio por su libro “Nosotros en la tierra”. Y recuerda que alguna vez Speroni le corrigió con toda severidad unos poemas originales: “Por ello te escribo esto. Para que comprendas que no te defraudé, que jamás olvidé tu medular y áspera voz: para que en alguna medida aceptes que no estás tan solo, para que vuelvas sonreír, para que comprendas que sos una suerte de héroe de luz y para que sepas que la poesía que trazó tu vida no tiene muerte”.

LA VIOLENCIA

Mux no ignora que en este tiempo el mundo está pasando un período de violencia. Se pone hablar aquí de la violencia contra la mujer, aunque, sin embargo, él tiene una vivencia personal compleja, en donde una mujer muy bonita le dio un “soberano derechazo”, lo cual lo autoriza a señalar que “a mi manera yo fui víctima de una suerte de violencia de género inversa”.

Pese a que profesa la sencillez existencial, casi todo resulta novedoso con Mux. Porque hace más de cuarenta años estaba disputando un partido de fútbol, en el que jugaban juntos varones y mujeres. No era frecuente, entonces, que en un campo de juego convivieran los dos sexos. Sorbe tranquilo el vaso de vino y recuerda: “En medio de una jugada de contraataque del equipo contrario, mi compañero Luis Vázquez la enganchó de atrás a una chica lindísima, la fauleó feo y ella cayó en forma aparatosa. Eso me causó gracia y debo haber lanzado alguna risa. Ella se paró y me dio un derechazo tremendo…Pero de ella sólo recuerdo su belleza”

Su próximo libro de poemas estará compuesto por los sueños

 

Después se pone serio y sostiene que el mundo está irascible. La condición humana, dice, deja mucho que desear. “Hay una violencia que excede los géneros. Desde luego que las mujeres merecen mejor trato y que no exista una violencia específica contra ellas, pero también creo que a todo el mundo hay que tratarlo bien. No tenés más que ir a cualquier repartición pública para ver cómo te maltratan, seas mujer o varón”.

Mientras fuma en el comedor de un club de barrio –lugar exclusivo al que va a almorzar porque es el único que permite fumar en la mesa- reflexiona que la violencia se filtró también en el lenguaje. Calla unos segundos y dice de pronto: “no es del caso, pero me gusta ver la cantidad de expresiones que sirven para describir a la muerte: entregó la chapa…cantó para el carnero…No va más…Se fue a ver desde abajo cómo crecen las margaritas”.

Y de inmediato vuelve al tema de la mujer. Quiere exaltarlas, sobre todo a sus dos mujeres: “Claro que hay muchos momentos en que la mujer está incluida en mi poesía. En la vida misma, en todos los casos, la mujer es la que te avisa dónde está el precipicio…la que impide que te caigas en el abismo”. Menciona un poema –“Fotografía en el hospital”- que le dedicó a sus tres hijos: “No era que el cuchillo/ careciera de filo/ o que la pera/ resbalara en su propio jugo/ Eran sus manos que entonces/ sólo podían saludarnos/ En la insignificancia del anillo de plata/ que me entregara la enfermera/ parecía caber el jugo inútil de la fruta/ y toda la belleza y toda la sombra/ que nos quedaba”.

Estuvo casado primero con Silvia Aducci “que me dio tres hijos fantásticos: Julieta, Juan Pedro y Griselda”. Pero hace ya mucho tiempo, siendo ella muy joven, falleció. Después de un largo duelo “un día yo entraba al Ioma justo cuando salía Olga “Chuni” Padrón, que había sido mi primera novia. Hacía cuatro décadas que no nos veíamos y lo cierto es que volvimos a salir y terminé conviviendo con ella diez fantásticos años”.

LA VIDA

Fuma todavía un atado y medio por día. Es hincha ferviente de Estudiantes pero dejó2 de ir al Estadio Unico, aunque espera con ansiedad poder concurrir-“sí o sí”- a la nueva cancha de 1 y 57. Observa y goza de la naturaleza, mira el campo y las puestas del sol, los paisajes que siempre aparecen.

Tirios y troyanos coinciden en que es un tipo querido y querible. Ahora Mux está haciendo borradores poéticos con lo que sueña. Su próximo libro de poemas estará compuesto sobre los sueños. Y se ataja: “no será un libro surrealista, porque me acuerdo de mis sueños, que son bastante lógicos”.

Son sueños caseros, domésticos. “Sueño más con mi viejo que con mi madre. El otro día soñé que volvía a la casa de mi infancia y que me encontraba con mis dos mujeres, Silvia y Olga. Ellas estaban jóvenes y bellas…Yo en cambio, ya era este tipo algo viejo que soy ahora…Y después soñé que me encontraba en un asado con mis queridos amigos muertos…Uno de ellos sonriendo me dijo, pero vós qué hacés acá si estás vivo…Y yo me quejaba: pero qué, no me van a dejar afuera…”. Esa materia prima viene siendo trabajada por el poeta.

Lo trágico apaciguado por lo amigable. Lo doloroso por lo esperanzado. Lo injusto e inicuo de la época rescatado por la generosidad de una luz en la sombra. Así son la poética y los amaneceres de Néstor Mux: “Al despertar día tras día, abrimos/ la ventana para comprobar que los dueños de la tierra/ todavía no la han destruido del todo/ Acariciamos los animales/ que protegen el descanso de los nuestros/ mientras el agua hospitalaria/ de la pava y el mate recibe condescendiente/ a estos modestos poetas de provincia…”.

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