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La soledad de un intelectual

Witold Gombrowicz, escritor polaco que vivió 24 años en la Argentina, considerado junto a Kafka y Joyce uno de los mayores vanguardistas del siglo XX Pág.2

La soledad de un intelectual

Gombrowicz

MARCELO ORTALE marhila2003@yahoo.com.ar

9 de Septiembre de 2018 | 08:05
Edición impresa

“Me gusta la Argentina y la aprecio...sí, pero qué Argentina? No me gusta la Argentina y no la aprecio...sí, pero ¿qué Argentina? Soy amigo de la Argentina natural, sencilla, cotidiana, popular. Estoy en pie de guerra contra la Argentina superior, ya elaborada...¡mal elaborada!”

Estas palabras fueron escritas por Witold Gombrowicz (1904-1969) considerado, junto a Joyce y Kafka, como uno de los más grandes escritores vanguardistas del siglo XX. Gombrowicz vivió en la Argentina entre 1939 y 1963 y durante su exilio en nuestro país escribió lo mejor de su obra.

Nacido en Polonia y traído por los vientos desgraciados y autoritarios que soplaban en la década del 30 en Europa, Gombrowicz fue uno más de los escritores extranjeros que vivió en la Argentina y la sintió y resintió. Alcanzó a ver un país potente y desamparado, una Argentina de paisajes maravillosos y de mucha gente superficial, pero querible. Sobre esta tierra puso su lupa desanimada y escribió verdades dolorosas, como también lo hizo antes Paul Groussac.

Perturbado por el inmenso océano de la llanura y sorprendido por la juventud de una población siempre adolescente, el escritor polaco osciló entre el desprecio y el apasionamiento por el país que lo albergó. La inmadurez, lo siempre inacabado del ser argentino terminaron, sin embargo, por deslumbrarlo.

Gombrowicz fue y sigue siendo un escritor de culto buscado por todas las vanguardias

 

Gombrowicz fue y sigue siendo un escritor de culto, buscado por todas las vanguardias, pero pocas veces encontrado. Piglia dijo que la Argentina del siglo XX tuvo a dos escritores de excelencia: el Borges conocido y el Borges ignorado, este último, claro, Gombrowicz. Su primera obra, “Ferdydurke”, fue editada en Polonia dos años antes de venir a la Argentina.

Durante su exilio en nuestro país publicó “El casamiento”(1938), “Trans-Atlántico” (novela, 1952), “Pornografía” (novela, 1960), y “Cosmos”, novela que recién editó en Europa, en 1965. Pero también en nuestra tierra escribiría el inicio de su monumental Diario (1935-1965), que incluye su magnífico “Diario Argentino”, editado hace dos años por El Cuenco de Plata.

Sus ojos ácidos, su estilo psicologista, casi inclasificable, vieron y escribieron sobre lo más profundo de nuestro país. El escritor español Enrique Vilas Mata reseñó que Gombrowicz “en Argentina notó que había pasado de su madre polaca realista a un concluyente mundo de vacas que espiaban. Es imprescindible leer sus reflexiones existencialistas en torno a su desazonante y proverbial encuentro con la mirada de una vaca. Aunque se puede leer en unos segundos, se recomienda emplear un cuarto de hora en la lectura de ese encuentro, rumiarlo pues, como si fuéramos nosotros mismos una pobre y vulgar vaca”

Así dice el texto de Gombrowicz al que alude Vilas Mata: “Estaba paseando por la avenida bordeada de eucaliptos, cuando se me apareció de repente, detrás de un árbol, una vaca. Me detuve y nos miramos en el blanco de los ojos. En este punto su bovinidad sorprendió mi humanidad y me sentí confuso en tanto que hombre, es decir, en mi humana especie [...] Yo había permitido que la vaca me mirara y que me viera:—esto nos hizo iguales— y de golpe yo mismo me convertí en animal, pero un animal extraño, casi diría prohibido...”

Lo excéntrico marcó su paso en la Argentina. Le fue bien y le fue mal. Tuvo amigos intelectuales de primer nivel, como Carlos Mastronardi. Pero se llevó mal con el grupo Sur, lo que no es poco: tuvo diferencias con las hermanas Ocampo, con Adolfo Bioy Casares y con Borges, a quien, sin embargo, admiró. “A mí me encantaba la oscuridad de Retiro, a ellos las luces de París”, dice en el Diario.

La mención anterior de Groussac viene de perillas, porque el francés director de la Biblioteca Nacional tuvo un cruce fuerte con Victoria Ocampo. Así, narra Santiago Sylvester que Victoria Ocampo contó una vez que sometió a la opinión de Groussac un artículo de ella sobre la Divina Comedia y que Groussac le envió una carta en la que le dijo: “¿Por qué no elige otro tema menos dantesco, por no decir pedantesco, si siente necesidad de escribir?”

EN TANDIL

En sus recorridas por el país, paró una vez en Tandil, tierra recomendada para su asma. “Tandil parece desde aquí, desde lo alto, como sitiada por la prehistoria...desmoronadas montañas de piedra”. Allá se encontró con tandilenses que conocían su “Ferdydurke” y el polaco se quedó de una pieza. Jorge Di Paola recordó, en una entrevista que le hizo Rita Gombrowicz, viuda del escritor, que había conocido ese libro antes de conocer al escritor en Tandil, allá por 1957.

Así narró ese encuentro el tandilendse: “Unos meses más tarde, mi amigo español Magariños vino a buscarme a casa diciendo: “Un escritor polaco un poco excéntrico quiere conocer a jóvenes poetas. Está en el Rex. Vamos a verlo”. Fuimos en grupo. Me fijé al entrar en un hombre rubio, menudo, de pelo corto, que fumaba en pipa con aire concentrado. Después de la tensión de los primeros momentos –ya que Gombrowicz era muy tímido–, Magariños le preguntó: “¿Con quién tengo el gusto de hablar?”. Gombrowicz respondió: “Mi nombre es demasiado difícil para unos criollos tan jóvenes”. Tomó una servilleta de papel y garabateó algo. Reconocí de inmediato el nombre del autor del libro encontrado en la biblioteca y exclamé: “¡Ferdydurke!”. Gombrowicz quedó muy sorprendido. Estaba claramente emocionado, pero dijo en broma: “¡Oh, un lector en la pampa salvaje!”.

Cuando vino en 2011 a la Argentina, la viuda de Gombrowicz definió así a su marido en la entrevista que mantuvo con la Revista Eñe: “Me parece que era un outsider, pero lo es cada vez menos. Era un hombre de la periferia de la cultura. Creo que su verdadera carrera empieza. El era muy lúcido, un escritor desinteresado pero al mismo tiempo quería ocupar un primer plano. Hay un arte por el que se cobra, y otro por el cual el artista paga: con su salud, su pobreza, la soledad...”

La misma dualidad que acompañó siempre a su juicio sobre nuestro país lo acompañó en el viaje de vuelta a Europa. Sin embargo, la nostalgia de lo argentino empieza a abrazarlo.

Acá pasó largo tiempo casi desapercibido, aunque admirado por una minoría fiel a su obra. Y esa desmemoria mayoritaria comenzó también a desmoronarse en los últimos tiempos. Cada dos años se realiza en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires el denominado Congreso Gombrowicz. El próximo se realizará entre el 12 y el 18 de agosto de 2019 y será una semana en la que habrá conferencias, debates, muestras de arte, cine, teatro, intervenciones y city tours, centrados en la vida del escritor polaco

Vendrán especialistas de todo el mundo y el nombre de Gombrowicz se acercará, una vez más, ya sin timidez ahora, a los de Groussac y Borges, ambos directores de la Biblioteca Nacional.

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