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Matar a Perón a cualquier costo
Matar a Perón a cualquier costo

Por: RICARDO JAÉN (*)

10 de Noviembre de 2019 | 04:21
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El arma elegida para perpetrar el magnicidio era, según requería el plan, un tanto inusual: un avión usado por los Estados Unidos en la segunda guerra mundial al comienzo de las operaciones en el teatro del Pacífico, el Douglas Dauntless.

Como bien lo describe Horacio Ribara en su libro “Ataque a Casa Rosada (Ed. Sudamericana 2015) “… no era especialmente rápido, pero noble y fácil de volar, era capaz de arrojarse en picada sobre los portaaviones nipones y colocar una bomba de 500 kilos en su cubierta…”

Había sido un arma fundamental en la batalla de Midway que le permitió a EEUU detener el avance de la marina imperial japonesa y dejar ese frente en “stand by”. Entonces podría dedicarse al frente del Atlántico y a la guerra en Europa.

Pero rápidamente el avión en cuestión fue reemplazado, ya 1943 era historia y al poco tiempo solo quedaban pocos ejemplares que aún pudieran volar.

Uno de ellos estaba en el Aeroclub de Carmelo, República Oriental del Uruguay y en los primeros días del mes de agosto de 1954 era motivo de una puja entre su propietario y un comprador.

Cinco mil quinientos pesos moneda nacional de Argentina le permitió al empresario Raúl Laramuglia convertirse en propietario y quien lo acompañaba, el ex capitán de navío Vicente Baroja, su futuro piloto.

Él fue quien había soñado con hacer un “Tora Tora” Tora (nombre clave del ataque de Pearl Harbor) en el Río de La Plata, reemplazando Hawái por Buenos Aires y a los “carrier” americanos por el Presidente del Estado Argentino:Juan Domingo Perón.

Ambos, empresario y piloto naval habían participado activamente en el abortado golpe de 1951 y las consecuencias de sus acciones tuvieron sobre ellos tremendas consecuencias propias del acto de sedición en el que se habían involucrado.

BAROJA PERDIÓ SU CARRERA NAVAL Y LARAMUGLIA SUS EMPRESAS

Escaparon los dos al Uruguay, resentidos con políticos y militares que “los traicionaron” y se embarcaron en un plan que, de no haberse convertido de alguna forma en el primer plan de parte del pensamiento golpista de junio del 55, debería haber sido una anécdota risueña de dos “desquiciados”.

El mismo fue ideado por Baroja, según cuenta él mismo, como producto de la lectura del ataque a Pearl Harbor. Armar al avión con sus ametralladoras calibre 50, comprar las bombas y dotarlas de espoletas (todo ello era posible hacerlo en Montevideo en las chatarrerías) y aprovechando algún acto, muy común en la liturgia peronista, venir imprevistamente desde el Río de La Plata y lanzarse en picada contra el palco ametrallando a Perón y sus ministros y arrojar una bomba de 500 kilos.

El segundo gobierno peronista no pasaba por su mejor momento en esos días y se profundizaban las diferencias políticas con los partidos de la oposición, en un contexto económico difícil y al cual se le había sumado un casi inexplicable conflicto con uno de los principales aliados en la génesis del peronismo, como eran las autoridades locales de la Iglesia católica.

Este contexto alentó dentro de algunos sectores de las fuerzas armadas distintas hipótesis de “reemplazo u oxigenación” del gobierno, con o sin Perón.

Sin duda, era en la Marina de Guerra donde estas posiciones se radicalizaban y para los primeros meses de 1955 liderados por el comandante de la Infantería de Marina, contraalmirante Benjamín Gargiulo, se empezó a consolidar un “plan revolucionario” cuya primera acción era el asesinato del Presidente de la Nación, curiosamente en un ataque aéreo que nos recuerda a la “locura de Baroja” pero en el que estaban involucrados mandos superiores de la aviación naval, algunos del Ejército como el general Ferrazzano a cargo del Séptimo de Infantería de La Plata, el general Bengoa en Paraná, oficiales jóvenes, pilotos de caza en la base aérea de Morón y otros muchos militares de alto grado y mando de fuerza que estaba planeado que una vez comenzado la acción se manifiesten a favor.

En realidad este intento, por ser generoso, demencial de golpe de estado estaba muerto al nacer.

Solamente mencionaremos algunas de las causas: nunca toda la Marina iba aceptar como líder alguien que no fuera su almirante de flota de Mar, el Ejército no permitiría que la Marina lidere una “revolución” y por supuesto nadie que estuviera en su sano juicio podía avalar un bombardeo sobre Buenos Aires sin reparar en el costo de vidas inocentes que se pondrían en juego.

El plan finalmente aprobado y que tenía al capitán de fragata Néstor Noriega en la base aeronaval de Punta Indio, al capitán de la Fuerza Aérea Carlos Carús liderando a un grupo de jóvenes pilotos de caza en la base de Morón y el apoyo de alguna tropa, de tierra, el capitán de corbeta Carlos Baubeau en la base aeronaval Comandante Espora, estarían a cargo del “primer movimiento” que debería cumplir con el primer objetivo: matar a Perón.

Luego un sin número de operaciones con parte del ejército, la infantería de marina y “los comandos civiles”.

Una parada aérea que el 16 de junio se iba a realizar para “desagraviar a la bandera” se convirtió en el paraguas perfecto para el ataque, que siempre contemplo víctimas civiles como consecuencia -como ellos definían- “ de acciones de guerra”.

ALGO SE OLÍA EN EL AMBIENTE

A las 8,20 de esa mañana despegaron de Punta de Indio las escuadrillas de North American Texan armados con sus ametralladoras de 7,62 y dos bombas de 50 kg, acompañados por los bimotores Beechcraft AT-IIque la Marina utilizaba como bombardero horizontal con cuatro bombas de 110 kg cada una.

Debían encontrarse sobre el Río de la Plata con los Catalinas provenientes de Espora para luego iniciar el ataque. Mientras tanto, el plan contemplaba que fuera neutralizada y tomada la base aérea de Morón.

El objetivo del ataque era la Casa Rosada -más precisamente las oficinas del Presidente- para luego continuar con acciones de apoyo a los rebeldes en tierra.

La base de la Fuerza Aérea de Morón, era sin lugar a dudas la más poderosa de Latinoamérica. Ahí tenía asiento las escuadra de los por entonces poderosos Gloster Meteor Mark IV, a los que se les había acortado las alas un metro y medio lo que les permitió aumentar en más de 100 km/h. su velocidad -volaban a 900 km/h- y además mejoraron notablemente el radio de giro, haciéndolo mucho menor.

Curiosamente o quizás no, ese día había en pista una escuadrilla alarma de 4 Gloster.

El clima, sin embargo, no ayudaba a los complotados y los Catalina repletos de bombas se perdieron en las nubes y nunca llegaron al punto de reunión.

Ante la dilación, comenzó el ataque sobre la sede del gobierno en principio e inmediatamente después blancos principalmente civiles de “ocasión” comenzando un baño de sangre que se prolongó desde las 12:40 hasta aproximadamente las 17:55 horas.

El paso de las escuadrillas navales alertaron al gobierno y la sirena de ataque aéreo comenzó a sonar en la base de Morón. En pocos minutos los Gloster aceleraban sus poderosas turbinas Rolls Royce y entraban en carrera de despegue.

Poco tiempo después la base caía en manos de los rebeldes transitoriamente generando la confusión en uno y otro bando.

Promediando las 11 de la mañana Perón había sido avisado de que se esperaban “problemas” y que era mejor que se posicionara en el Ministerio de Guerra. Desde allí siguió todas las acciones y sin lugar a dudas su sensatez, en medio de la orgía de sangre, evito aún más víctimas cuando ordeno desmovilizar a los obreros que habían sido convocados por la CGT en defensa del gobierno y luego cuando “facilitó” la rendición de los sediciosos. Nunca en todo este ataque la vida del Presidente corrió peligro.

Mientras los aviones navales ametrallaban la avenida Paseo Colón, llegó la escuadrilla alarma de los Gloster, que los dispersó rápidamente, perdonándoles la vida, pero el teniente Ernesto Adradas a bordo de su caza 063 disparó hasta derribar un Texan convirtiéndose en el responsable del primer derribo argentino.

Los aviones navales querían repostar en Ezeiza y para ello tomaron la base. A la vuelta de los Gloster a Morón, y muy poco tiempo antes de que la base cayera en manos de los sublevados, despegó uno de los pilotos con más experiencia en su máquina con numeración 052 el vicecomodoro Carlos Alberto Sisterpara atacar los aviones navales en Ezeiza.

A las tres de la tarde, “la revolución” estaba muerta.

El Ejército en su totalidad y la Flota de Mar le respondían al gobierno. Una hora más tarde los aviones navales ponían dirección a Montevideo dejando atrás aproximadamente 360 muertos (otras fuentes hablan de 180, como si eso hiciera alguna diferencia) la gran mayoría civiles y casi 900 heridos de la más variada consideración.

PERO AÚN FALTABA UN ACTO MÁS

De la base de Morón tomada por los rebeldes se lanza un ataque con aviones Gloster, desconociendo o no el fin de las acciones, y a las 17:40 vuelven atacar esta vez los alrededores del edificio Guardacostas y el Ministerio de Guerra.

Después de descargar su metralla también apuntaron la nariz de los aviones para el Río de La Plata, quién había sido testigo del segundo bombardeo de la ciudad de Buenos Aires.El primero había estado a cargo de los Británicos a comienzos del siglo XIX.

 

(*) Analista en riesgo político.

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Los aviones de la aviación naval, protagonistas del ataque / archivo

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