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Accesorios gigantes y pequeños

Tamaños extremos

La moda propone que las prendas más cotidianas se reinventen cambiando mucho sus dimensiones

Carteras mínimas, una de las tendencias / Shutterstock

Gafas pequeñas que sólo cubren los ojos y dejan ver casi todo el rostro / Shutterstock

Zapatillas XL: la nueva moda es llevar este calzado de grandes dimensiones / Shutterstock

Para esta temporada otoño-invierno, y parece que para las que vendrán más adelante, si se quiere formar parte de la elite de la moda, hay dos opciones: optar por lo gigantesco o por lo minimalista extremo. Hay una grieta en este sentido que apunta a ser muy íntimo o muy extrovertido.

Los grandes diseñadores de moda están popularizando prendas que destacan o por ser gigantes o minúsculas. Si se tiene una marca y se quiere que sea popular a nivel internacional o si se quiere que algún personaje famoso le ponga su nombre a los productos, se deberá hacerlos enormes o muy, muy pequeños.

Este juego de dimensiones tan antagónicas se ve en todos lados: zapatillas, prendas de abrigo, sombreros y camisetas enormes. Y por otro lado, gafas, bolsos y joyería diminutos.

Sólo hay una excepción que confirma la regla: el pantalón masculino, el cual puede tener tanto un corte pitillo como oversized. Estos triunfan siempre y cuando sus proporciones sean exageradas, desde los vaporosos pantalones firmados por Louis Vuitton hasta los leggins de cuero de Celine. La única norma aquí es que no haya punto medio. De hecho, incluso los traje de baño de Versace siguen estas normas dimensionales.

Como ocurre con una buena parte de las tendencias, Instagram tiene la “culpa” de esta bifurcación radical. Las prendas exageradamente grandes y las tremendamente pequeñas son las que sorprenden más en redes sociales y, por lo tanto, las que más atención reciben.

Teniendo en cuenta que las firmas tienen como misión trasladar las experiencias que se viven en las redes sociales a la vida real, estas quieren asegurarse hoy en día de que, si se lleva una prenda para destacar en todo el look -como unas zapatillas o una remera-, se lo haga en proporciones exageradas para llamar la atención del resto de los usuarios. Además, esta norma ha estrechado lazos entre el mundo de la moda y el de los memes. De hecho, existe una cuenta de Instagram, @itsmaysmemes, dedicada a ironizar con las prendas que visten los famosos, editándolas para que sean enormes.

Del mismo modo, la escala diminuta de bolsos y gafas de sol masculinas también han sido víctimas de una enorme creación de memes. La moda es más divertida que nunca.

Pero este juego parece demasiado simple. Todas estas son tácticas de mercadotecnia probadas y ciertas que los diseñadores están utilizando actualmente. Por ello, se puede decir que la tendencia enorme-minúsculo va mucho más allá de Instagram.

Además, las dimensiones también son una buena manera de mantener a las personas ansiosas por saber qué es lo siguiente. Cada temporada, los bolsos de Jacquemus se hacen más pequeños y los hombros de Balenciaga se vuelven más grandes, lo que le permite hacer trucos estéticos muy sorprendentes. La moda solía funcionar de la siguiente manera: cuando aparecía una nueva temporada, la anterior se descartaba de inmediato. Ahora, los consumidores tienen mucho más control sobre lo que está y no está bien, lo que significa una actitud caprichosa, menos sostenible y sin sentido. Ahora, las dimensiones son una forma astuta para que los diseñadores revitalicen cada temporada.

Otros medios visuales también han tenido éxito en el pasado haciendo que las cosas sean gigantes o minúsculas. Las Kardashian, por ejemplo, han recibido toda nuestra atención al operarse varias partes del cuerpo en proporciones gigantes y diminutas. En el lado más clandestino de la tendencia está Claes Oldenburg, quien ha decorado el paisaje de Estados Unidos con versiones gigantes de objetos muy cotidianos: labiales, pinzas para la ropa, alfileres de gancho, etc.

En otras palabras, hacer zapatillas deportivas grandes les da ‘gravitas’, término griego que hace referencia a la dignidad y la seriedad exenta de toda frivolidad. Hacer camisas enormes recuerda (o nos engaña para consumir) que son extremadamente importantes. Las hace parecer más caras. Las Triple S de Balenciaga parecen las reinas de las sneakers. La camisa Sloppy de Kapital se convierte en un elemento llamativo en lugar de algo que se coloca en las manos para que se pueda aparecer en público y pasar desapercibido.

En el equipo de los diminutos están artistas como Laurie Simmons, quien fotografía casas de muñecas y otras miniaturas para subrayar la extraña soledad de la vida doméstica femenina, y Charles LeDray, que recrea la ropa y otros objetos en aproximadamente un tercio de la escala humana. Si las cosas gigantes son monumentales e importantes, las cosas pequeñas son confusas y fetichistas.

Lo que ambos tipos de arte comparten es que comienzan con objetos del día a día. No hay nada especial en los sombreros, las zapatillas de deporte o los bolsos cruzados, pero si cambias su tamaño se convierten en prendas icónicas. Esto puede sonar cínico, como si los diseñadores no estuvieran innovando. Sin embargo, están diciendo algo sobre la forma en la que pensamos sobre la ropa. La actualidad está obsesionada por el culto al normcore y a la vestimenta vernácula, una búsqueda para descubrir y venerar a lo que venga más adelante. Llevar prendas gigantes o pequeñas inmortaliza lo que ya está a nuestro alrededor.

 

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