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Arte en pantalla: la era del espectador 2.0

Con los cines, teatros y centros culturales cerrados, no quedó más opción que disfrutar de películas, obras y recitales en casa. Surge una “neo audiencia” con hábitos propios, que abraza lo virtual sin perder de vista que nada reemplaza la experiencia en vivo

Arte en pantalla: la era del espectador 2.0

Hernán Moyano, realizador audiovisual platense

4 de Octubre de 2020 | 06:28
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Los espacios que albergan expresiones artísticas con convocatoria colectiva fueron los primeros en tener que suspender sus agendas ante la aparición del coronavirus -muchos lo hicieron incluso días antes de que se decretara el aislamiento social preventivo y obligatorio-; y según parece, también serán los últimos en abrir en el marco de una “nueva normalidad” de contornos aún inciertos. Damnificados en grado extremo y con perspectivas poco alentadoras, se convirtieron en pioneros a la hora de buscarle la vuelta al asunto: transmisiones en vivo por Facebook, recitales vía streaming, libros y obras teatrales subidas a la Red de manera gratuita.

Todas estas propuestas, entre muchas otras, a cuál más imaginativa, consolidaron y ampliaron una incipiente audiencia 2.0, que de repente empezó a conocer el living de la casa de sus artistas favoritos o el estudio y la biblioteca de actores, escritores e ídolos. Nada reemplaza la experiencia en vivo, pero todo indica que la virtualidad llegó para quedarse y ha logrado que las alternativas culturales traspasen fronteras y se acomoden con su gente… en un sillón.

El “neo espectador” es seducido cada semana con shows, delivery de cuentos, envíos de e-books de regalo, funciones de teatro infantil por las redes sociales y un sinnúmero de propuestas de artistas locales y nacionales, que se animan a competirles por un rato a Netflix y YouTube.

“Las plataformas hacen que todo sea más efímero porque el tiempo de atención es corto”

 

Hernán Moyano, realizador audiovisual platense, cuenta que es un espectador 2.0 desde la mismísima aparición de Internet: “ésa fue la posibilidad de poder darnos a conocer al mundo y tener mayor acceso a algo tan maravilloso como ver películas. De chico no tuve videocasetera en casa, así que tenía que ir a la casa mis amigos a verlas o lo hacía en ‘Sábados de súper acción’, de lo que me nutría mucho. Así que, en mi vida, como en la de todos, hay un antes y un después de Internet. También recuerdo muy puntualmente el día en que apareció YouTube, y la primera vez que subí un video ahí entendí que eso iba a ser el futuro para la forma en que la gente consumiría imágenes”.

“El paradigma de Netflix también marcó otro antes y después”, agrega el creador del ratón Belisario, protagonista del filme que es un clásico del Planetario local y multiganador de premios nacionales e internacionales, y aclara: “su llegada fue como tener un videoclub en el living de tu casa. Las plataformas hacen que todo sea un poco más efímero; vuelven al espectador un poco más ‘antipático’, porque el tiempo de atención promedio es muy corto: si hay algo que no te gusta en los primeros momentos, automáticamente cambiás. Eso se da ante la posibilidad de tener al alcance una cantidad de propuestas increíbles”.

“MULTITASKING”

Hay funciones a la gorra (de payasos y de actores); hay propuestas de restaurantes con cuentos contados; existe la posibilidad de ver una obra de la calle Corrientes desde la cocina de casa, junto a toda la familia y pagando sólo un ticket. La cuarentena liberó algunos tiempos y trajo una gran flexibilidad en la oferta cultural, brindando la posibilidad de descubrir y experimentar más cosas de las que se nos hubiera ocurrido al compás de nuestro ritmo de vida previo.

“Es una manera de pasar un rato distinto, con música que nos gusta en vivo. Además, vemos en el streaming la oportunidad de brindar una pequeña ayuda a los artistas que aún no pueden subirse a un escenario”, dice el contador Mario D’Atri, un neo espectador que cada fin de semana disfruta de uno o dos propuestas culturales: “en general me entero a través de las redes sociales de los espectáculos que están programados. Si hay algún artista que nos guste en casa o algún show de teatro para ver un sábado a la noche, por ejemplo, compro ticket. La idea es pasar un momento distinto, como una salida, pero en el sillón de tu casa. Vemos los últimos domingos de cada mes a Andy Pomato, vimos a Coti, a Martín Bossi, a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, la obra ‘Bajo Terapia’…; todo muy variado”.

Mario también es dirigente del club Atenas, desde donde organizan eventos en streaming con shows de música y stand-up para poder afrontar gastos del club. “Por ejemplo, para el Día del Amigo, el aniversario del club y el Día de la Primavera, hubo eventos transmitidos por streaming; en algunos casos con una opción de menú. La idea es seguir interactuando con la comunidad y los socios”, cuenta con orgullo este flamante espectador 2.0.

DE LA CALLE AL DISPLAY

La actividad circense en esta temporada virtual es todo un tema. Sin cines, teatros, centros culturales, bibliotecas ni -hasta hace poco- plazas, el entretenimiento de niños y niñas ha pasado a ser un desafío para el ingenio, la creatividad y, sobre todo, la capacidad de innovación. Lo explica con claridad, desde el barrio Meridiano V, Esteban Ramos, integrante del Centro Cultural Estación Provincial y uno de los encargados de diagramar la programación del playón de 17 y 71 desde la era pre-pandémica. “En el caso del circo, muchas compañías y artistas circenses han readaptado sus shows a plataformas digitales, por ejemplo, a plataformas de video llamada como Zoom o páginas específicas que se dedican al streaming. Hay un formato con entrada, por la que se accede a un link, y otro de libre acceso en YouTube y redes sociales, cuyo aporte es ‘a la gorra virtual’ (por lo general, vía link de Mercado Pago)”.

“Pese al intermedio de la pantalla (celular/tablet/PC o tele) los artistas mantienen su energía y en muchos casos han depurado y mejorado recursos técnicos, tanto de sonido como de escenografía, que es plasmada generalmente en un cuarto de la casa” advierte Ramos: “tal es el caso de Rukuka Circo, que arma su función en el patio, siempre y cuando el clima se los permita. Este formato posibilita que los shows no se suspendan por mal clima… pero sí por mala conexión a Internet o cortes de luz; también permite acceder sin salir de casa, e incluso preparar algo rico para acompañar, como una torta o merienda. En el caso de los artistas, si bien se le desdibujó el territorio, el ruedo de circo, pueden crecer desde sus propias páginas y hasta incluso extender su lugar de acción. Han llegado a realizar funciones en casas de diferentes ciudades, e incluso países”.

“Vemos en el streaming la oportunidad de brindar una ayuda a los artistas”

 

Las actividades cotidianas primero se retrajeron a los hogares, y luego, en buena medida, se digitalizaron y ‘encapsularon’ en pantallas de todo tamaño y condición. Compartimos cumpleaños y brindamos vía Zoom, escuchamos bandas y “asistimos” a festivales, nos repantigamos en las butacas de un teatro imaginario, participamos en charlas, entramos en aulas universitarias y salones de congresos, pedimos la palabra en asambleas, reuniones de trabajo o de consorcio, entrenamos con la gente del club, etcétera. Todo sucede en el mismo lugar, la misma silla, mesa o escritorio, incluso muchas veces, con la misma ropa. Siempre el escenario es ese cuadrilátero de paredes y el medio un dispositivo móvil.

“En esta cuarentena, mis consumos culturales 2.0 han sido diversos, con sed de conocer nuevos formatos para no quedarme en el tiempo. Tanto como treintañero, que ya no soy tan joven, como por mi profesión de comunicador social y gestor cultural, me corresponde formarme y estar atento a las prácticas que transita la sociedad, la comunidad en la que vivo e intervengo”, finaliza Ramos, quien ‘asistió’ al show de El Plan de la Mariposa, ha visto la edición digital de Cosquín Rock 2020, el show de Ciro y los Persas -que tuvo una producción de cámaras 360° con el Luna Park vacío- y otros espectáculos como neo espectador. “También he visto algunas obras de teatro que se han publicado gratuitamente desde salas o plataformas como Teatrix, pero en ese caso no me sentí cómodo. Teatro filmado, muchas veces con mal sonido, extraído de su contexto… simplemente me sentí raro, como voyeur de otras personas que habían ido al teatro. Es cierto que es material valioso, pero no puedo ubicarme desde la emoción del espectador que asistió ese día. Sin embargo, en otros tiempos he escuchado y gastado cassettes de Les Luthiers grabados en teatros con risas del público que reaccionaban a gestos que no veía… Quizá se trata del acceso a tantos contenidos y la comparación inevitable y frustrante de tener la oferta, hoy día, cual tenedor libre”.

A nivel cultural es una linda posibilidad que nunca va a reemplazar la experiencia en vivo

 

La cuarta pared, el aplauso, evalúa Ramos, “hoy se reduce al aplauso en un emoticón; en vez de ponernos el abrigo y volver en taxi, es un clic y cerrar la pantalla. No tiene comparación, por eso, no debe ser planteado como mejor o peor, es otra escena, otra instancia”, afirma. El debate de fondo se centra en si estas nuevas instancias han llegado para quedarse y convivir, o competir, con la experiencia en vivo. Hernán Moyano asegura desde su óptica de realizador, pero también de espectador, que “ahora en la cuarentena las plataformas han ganado una gran batalla. Lo que era una cosa incipiente, ahora tiene a las plataformas ganando mucho lugar en la industria cultural. Durante un tiempo, mientras dure la pandemia, el cine o los teatros no son lugares a los que vayamos a volver pronto. Eso lo entendió ya Hollywood y también nuestro país, que por ejemplo da la posibilidad de ver a través de CineAr películas argentinas clásicas y estrenos, de manera gratuita. Esto facilitó mucho el acceso de la gente al cine nacional. A nivel cultural es una linda posibilidad que nunca va a reemplazar la experiencia en vivo -en cine, teatro ni recitales- pero en esta circunstancia fortalece las plataformas de streaming. Si quedaba alguna duda sobre hacia dónde iba la industria cultural, ahora quedó totalmente desterrada. Nunca nada va a reemplazar al vivo, pero ahora muchas personas tienen la posibilidad de acceder a infinidad de cosas desde la comodidad de la casa y esto llegó para quedarse”.

 

 

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