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Migrantes argentinos: historias de los que se van del país

La crisis económica, la falta de oportunidades y la inestabilidad son algunas de las razones que llevan a muchos jóvenes a buscar un futuro mejor en el exterior

Migrantes argentinos: historias de los que se van del país
María Laura López Silva

Por: María Laura López Silva
llopezsilva@eldia.com

8 de Noviembre de 2020 | 08:49
Edición impresa

Se fueron, se van o se están por ir. El éxodo de jóvenes argentinos hacia Europa, Oceanía, Norteamérica y la vecina Uruguay está creciendo. ¿Las razones? Entre los testimonios locales de quienes forman parte de este fenómeno hay varias –amor, curiosidad, oportunidades-, pero la más comentada es la falta de estabilidad económica del país.

Según un trabajo reciente que realizó la consultora Taquión Research Strategy, junto con las compañías Inclusión y Gestión Aplicada, ocho de cada diez argentinos que tienen la posibilidad de proyectar sus problemas a 10 años, se irían del país si tuvieran las condiciones para hacerlo. Quienes tienen la capacidad de pensar a largo plazo, están pensando en irse.

Hace 20 años Argentina tocaba fondo y la desesperación llevaba a personas de todas las edades a buscar un salvavidas en otros continentes. Ahora, el contexto de la pandemia de coronavirus afecta a todo el mundo por igual y varios países desarrollados tienen crisis económicas. Eso no frena a los compatriotas que tomaron el avión y la decisión. Destinos, razones y proyectos de estos sub 40 que emigran.

TODO POR AMOR

Karen (24) llegó a Tallinn, la capital de Estonia, a fines de septiembre después de suspender su casamiento y estar en vilo durante seis meses. Esta chica oriunda de Tres Arroyos tenía planeada su boda para abril de este año, cuando su novio Cristofer iba a venir desde Estonia -donde vive desde octubre de 2019- para que dieran el sí en el Registro Civil y en mayo viajaban los dos hacia Europa para instalarse definitivamente. Pero quiso el coronavirus que todo se tornara un poco más complicado.

“Acá, con un trabajo mínimo de lo que sea, ganás mejor plata. Todo es para proyectar el futuro”

Timoteo (24)

 

Tras haber dejado la carrera de Farmacia y organizar renunciar a su trabajo, a fines de marzo el cierre de las fronteras y la suspensión de vuelos dejó a su novio del otro lado del océano. Se suspendió el casamiento y fueron meses de angustia hasta que después de varios trámites, Karen obtuvo una habilitación para poder viajar hacia Tallinn. “Fueron seis meses re difíciles. Somos muy estructurados y que te cambien los planes más la incertidumbre de no saber cuándo nos íbamos a ver y qué iban a pasar fue estresante”, explica la joven que dice que su decisión de emigrar fue por amor.

“Hace dos años que estamos de novios y nos costó estar separados. Los dos tenemos amigos y familia en Europa y creemos que estamos en una edad para buscar potenciar nuestra juventud, para aprovechar, progresar y crecer. Este es un país que nos brinda esas posibilidades. El tema de la estabilidad económica y la seguridad también nos hizo elegir este destino. Más allá de que Tres Arroyos me encanta, y allí podíamos andar, en La Plata, donde viví 6 años, no era tanta la tranquilidad. Es la primera vez que salgo del país, quiero ver como me adapto antes de empezar todo. Es una sociedad totalmente distinta a la argentina, quiero adaptarme”, cuenta por teléfono.

“Esta ciudad debe tener 500 mil habitantes, es chiquita, vivimos a cinco cuadras del centro y es bastante tranquilo, no hay bullicio. La gente no es afectuosa, son más distante y eso por ahí es chocante. Son más fríos, reservados. Mantienen el espacio personal, antes del coronavirus ya tenían una especia de distancia social, es su modo de vida. Nosotros alquilamos un departamento, mi novio trabaja acá y con su sueldo nos mantenemos. Igualmente acá voy a trabajar. Se inglés aunque me tengo que perfeccionar en hablarlo. El estoño es difícil, pero el gobierno tiene muchos programas para insertar a los extranjeros y uno de ellos es que te enseñan su idioma. Vine a sorprenderme, no estoy buscando algo, más allá de trabajar y poder desarrollarme acá. No sé si podré retomar mis estudios acá, sería interesante, pero aún no lo averigüé”, explica Karen ya relajada después de tanto tiempo de estrés.

“Vendimos cosas de la casa para ahorrar y ya está reservado su alquiler para cuando nos vayamos”

Gisele (36)

 

La familia de la pareja se tomó con buenos ojos que se fueran a Europa, y si bien quieren que se termine la pandemia para poder visitarse, están tranquilos porque “los chicos” tienen parientes y afectos allá: “mi novio tiene un montón de amigos acá, están sus abuelos y tíos. Así que no estamos solos, eso es una tranquilidad”.

Otra pareja que decidió radicarse en el exterior es la de Timoteo (24) y Tatiana (27). Él es futbolista y ella juega al vóley, ambos trabajan como deportistas en Haro, un pueblo de la provincia de La Rioja en España. Desde hace tres años, la parejita alterna su vida entre aquella ciudad y la nuestra, ya que cuando se terminan las competiciones, vuelven a visitar a la familia y amigos.

“Mi novia se fue a jugar al vóley en 2017 y yo siempre tuve ganas de viajar para conocer y sentir la experiencia de estar solo, por eso busqué por Internet un equipo de fútbol que estuviese cerca de donde vivía ella. Este es el segundo equipo amateur en el que estoy -cuenta el joven de Los Hornos que juega de defensor central-. En La Plata nunca había jugado. Soy ahijado de Griguol, y por no sentir que estaba acomodado, nunca quise ser profesional. Cuando cumplí 18 años me agarró el ataque de querer jugar, hice un tiempo en una escuela CN Sport y a los 22 ya me vine a España. Si no me ponía de novio me iba a ir a Nueva Zelanda, allá iba a tener más posibilidades, pero me pesó más el corazón”.

Los chicos vinieron a fines de mayo, en plena pandemia, en un vuelo de repatriación. Estuvieron dos meses pidiendo lugar en alguno de esos aviones en medio de la incertidumbre que había en el mundo. Una vez llegados cumplieron con la cuarentena y después Timoteo se puso a trabajar en la agencia de lotería de su papá. Pero cuando en Europa comenzaron a vivir la nueva normalidad, la pareja regresó al pueblo que tiene unos 12 mil habitantes y hasta octubre había tenido menos de 10 casos de coronavirus. “La familia de ella está acostumbrada a que no estemos, extrañan pero no nos hacen saberlo. Elegimos quedarnos porque acá con un trabajo mínimo de lo que sea, ganás mejor plata. Todo es para proyectar el futuro. Obvio que el presente hay que vivirlo, pero pensamos siempre en el futuro, de las puertas que se pueden abrir estando en otro país. No sabemos cuánto va a durar este modo de vida, vamos pasando procesos, lo que el destino nos mande. Si a Tatiana la mandan a jugar a Francia, yo me quedo en España, eso lo tengo decidido”, dice Timoteo que está buscando trabajo para sumar a lo que gana con el fútbol.

SEGUNDA VUELTA

Bruno Tommasi (33) hace cinco años que va y viene por el mundo. La primera vez en 2015 se fue con la idea de viajar durante un año para, como les pasa a muchos jóvenes, vivir la experiencia. Este periodista oriundo de Gualeguaychú trabajaba en nuestra ciudad y las malas condiciones laborales lo empujaron a tomar la decisión de subirse al avión. Así, con la ciudadanía italiana que es un comodín en estos tema, comenzó su experiencia en Nueva Zelanda. Tras doce meses allí cruzó a Australia por dos años y al siguiente se fue a España. El año pasado regresó a Argentina, pero ya está planificando un nuevo destino: Torino. Esta vez acompañado de su novia Antonella (25).

“Ella no ha estado afuera, pero conoce a mucha gente que sí. Cuando nos conocimos, lo primero que le dije fue de irnos a vivir, o a viajar al menos, afuera, que es lo que yo vengo haciendo hace rato. Yo tengo la ciudadanía italiana, que es lo que facilita todo, y ella tiene la posibilidad de sacarla, por eso estamos en la búsqueda de todos los trámites, que son muchos y que obviamente con la gran cantidad de gente que se quiere ir y el covid, es cada vez más difícil hacerlos”, explica Bruno sobre el inminente despegue.

Si bien él se estaría llevando a “la nena”, “la familia de Anto está contenta con la posibilidad y la mía, acostumbrada. El año pasado me volví porque extrañaba un poco y además me había quebrado el tobillo jugando al fútbol. Eso derivó en que pierda el trabajo. La idea igual era venir y volver a irme, pero me agarró la pandemia acá y fue cuando la conocí a ella”, resume el periodista que en el exterior poco aplicó el oficio formalmente: “en los viajes aprendí el oficio de barista, más que nada en el café de especialidad, que es muy valorado en los países anglosajones. Mi novia es secretaria de un consultorio médico y profesora de yoga. Yo ya sé a lo que me enfrento. Fui sumando herramientas y sé qué posibilidades tengo de trabajos reales, cuáles son mis fuertes y cuáles no. Pero el caso de Antonella, que no se imagina mucho cómo es la cosa, se podría decir que va a probar suerte. Yo por ejemplo ya tengo el inglés aceitado, que siempre ayuda y ella no. Estamos aprendiendo los dos un poco de italiano así no vamos tan improvisados tampoco. Vamos a Italia para obtener su ciudadanía, después, probablemente, la idea es que ella saque una Working Holiday Visa en Australia o Nueva Zelanda y yo la siga con la visa que pueda. Siento que allá vivo muy bien y que cuando vuelvo a Argentina, la cosa se complica. A mi novia le gusta vivir acá, pero tiene ganas de conocer y viajar”.

EMPEZAR DE CERO

Hace nueve meses, a Gisele (36) y Alejandro (38) no se les cruzaba por la cabeza irse del país con sus dos hijos (2 y 7 años). Ella es comerciante y además tenía un estudio de abogadas con otras socias. Su marido, profesor de educación física, manejaba un complejo de canchas de fútbol cinco. “Cuando empezó la pandemia pensamos que iba a ser algo de un mes. Pero en mayo se nos acabaron los ahorros y nos vimos acorralados. A raíz de eso, en julio empezamos a ver opciones para mudarnos al interior de Argentina. No pensamos sólo en lo económico, sino también en lo social, en lo cultural, en la educación y en la seguridad. Después de esto íbamos a tener que arrancar desde cero. Finalmente nos quedamos con una opción en el exterior, porque creemos que tiene muchas más cosas de las que valoramos cubiertas. El interior no nos convenció por el tema de que somos comerciantes, sería arrancar de cero y estamos descreídos. No siento que vayamos a estar bien. Me voy a cualquier pueblo de acá y mi hijo en unos años va a querer venir a estudiar como hice yo a la universidad y se repite la historia. Uno se termina casando de los manejos inexplicables del país”, cuenta Gisele que junto a su familia ya tienen pasaje para volar a España en febrero. La familia va a hacer un paso previo por Italia donde tramitarán la ciudadanía y luego se instalarán en Alicante.

“Estamos en una edad para progresar y crecer. Estonia es un país que nos da esas posibilidades”

Karen (24)

 

“Tengo un tío viviendo allá y él nos motivó contándonos cómo se encaraba el tema de la pandemia allá: nunca tuvieron todo totalmente cerrado. Estos han sido los peores meses de mi vida, me puse a cocinar y a vender empanadas para poder comprar comida para mis hijos. Hicimos de todo un poco para seguir viviendo. Nuestro rubro es el sector más golpeado. Sólo tuvimos los créditos a tasa cero, que lo empezamos a pagar este mes y aún no nos habilitaron a trabajar. Teníamos empleados y lo bancamos hasta que pudimos. Tuve que cerrar el estudio jurídico. No sé cómo vamos a subsistir hasta que vayamos, empezamos a vender cosas de la casa para ahorrar y por suerte ya está reservado el alquiler para cuando nos vayamos”, se desahoga la abogada que está con mucha bronca: “siempre me capacité para crecer y de repente me cerraron las puertas de todo. Tuve que pedir plata prestada a mis papás”.

Al tener hace años a sus familias a varios kilómetros, Gisele y Alejandro no creen que vayan a extrañar tanto porque no tienen el apego de quienes comparten la misma ciudad. “Algunos de los familiares se lo tomaron con bastante angustia porque creen que acá podemos salir adelante. Ellos son del interior y viven otra realidad, no nos comprenden tanto. Nosotros normalizamos cosas como salir a caminar y pensar que te vana a robar el teléfono, ellos no lo ven como algo normal. Mi hijo mas grande se lo tomó bien porque es futbolero y le hablamos de los jugadores argentinos que juegan allá, pero no dimensiona que es lejos y vamos a ver a la familia muy esporádicamente”.

Si bien le matrimonio no va a estar totalmente solo, saben que va a ser difícil rearmarse: “vamos a un lugar turístico. En principio mi tío nos podía ayudar con trabajo en la empresa que trabaja él, pero hasta que no estás allá no sabés. Nos estamos preparando para llevar un mejor currículum, estamos estudiando inglés y los dos podríamos revalidar nuestros títulos universitarios. Ahora ya estamos proyectando nuestra vida allá y esperamos tener más suerte en lo profesional que acá”.

“Siento que allá vivo muy bien y que cuando vuelvo a Argentina, la cosa se complica”

Bruno Tommasi (33)

 

NÚMEROS

Si bien es una tendencia de la que se habla, los datos de la ONU, detrás de Brasil (0,83 por ciento), Argentina es el país de la región donde menos personas emigran.

En 2019 (último dato disponible) había 1.013.414 emigrantes argentinos en el mundo, lo que supone que un 2,27 por ciento de la población nacional vive en un país extranjero. Ese número significa que, de los 194 países del mundo reconocidos por la ONU, el nuestro ocupa el puesto 170 en porcentaje de emigrantes por total de la población.

La emigración en la Argentina se ha mantenido en un número más o menos estable desde 2005. Luego de 2001, cuando el porcentaje rondaba el 1,50 por ciento, subió un poco hasta posicionarse en los valores actuales y equilibrarse allí, en un valor similar al de Australia (2,29 por ciento).

Desde 2015, el número de emigrantes subió en 36.205 personas, un 3,7 por ciento. Sin embargo, el pico más alto de los últimos años fue en 2010 (2,30 por ciento), un año de bonanza en las finanzas nacionales.

Latinoamérica, por su parte, tiene una tasa de expulsión dispar, pero los países donde las personas más emigran son El Salvador (24,1 por ciento), Guyana (66,78 por ciento), y Surinam (73,63 por ciento).

El cuarto puesto lo ocupa Uruguay (18,36 por ciento), el destino más promocionado por los medios como el preferido de los argentinos que sienten que su país ya no les ofrece oportunidades.

Los argentinos y argentinas que han optado por emigrar se han dirigido especialmente a España, (25,65 por ciento), Estados Unidos (21,24 por ciento), y Chile (7,18 por ciento). Uruguay ocupa el noveno puesto, con el 2,82 por ciento de los exiliados.

 

 

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