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Maradona, otra vez, con su presencia revolucionó Rosario

Promediando la tarde el Ros Tower se pintó de negro y rojo / Télam

Por Redacción

Una gran cantidad de hinchas de Newell’s lo esperaron en la puerta del hotel donde se alojó el Lobo y le demostraron su amor

ROSARIO
Especial

Poco después de las 17:30, el ómnibus que trasladó a la delegación de Gimnasia desde Estancia Chica, estacionó en la puerta del hotel Ros Tower en medio de un importante operativo policial. Es que las calles Mitre y Catamarca se vieron colmadas por hinchas de Newell´s, que como ocurrió en octubre pasado cuando el Lobo estuvo para enfrentar a la Lepra, le brindaron un pasional recibimiento a Diego Maradona. Banderas de todos los tamaños, camisetas rojinegras, bombos y el “olé, olé, olé, olé, Diego, Diego” que nunca se dejó de escuchar.

Tras ubicarse en sus habitaciones y la merienda, Diego salió a un balcón para saludar a la gente que hacía varias horas lo esperaba.

Sobre las 19, Maradona con su buzo azul y blanco apareció y todo pareció explotar. La gente se volvió loca y fueron muchísimas las camisetas que le comenzaron a arrojar para que las firmara. También volaron gorros y uno con el “10” lo agarró y se lo puso.

Nuevamente el técnico de Gimnasia revolucionó Rosario, y las diferentes peñas rojinegras cumplieron diciendo presente a la convocatoria que habían lanzado en la semana.

De muy buen humor, Maradona no paró de sonreir, hacer gestos, saltar, juntar las manos como rezando y tirar besos a la gente que abajo deliraba, sin importar que estaban cortando una calle céntrica. Hubo cánticos de Newell´s, otros en contra de Central y la promesa de Diego a la gente: “Voy a volver acá”. Tras poco más de media hora, Maradona saludó emocionado y se despidió agradeciendo tamaña demostración de afecto.

Antes de todo eso, tuvo un encuentro con el mítico futbolista rosarino, Tomás Carlovich, conocido como el “Trinche” y le firmó una camiseta de Central Córdoba de Rosario. “Para el Trinche, que fue mejor que yo”, firmó Maradona.

Hoy las cosas serán muy diferentes desde que baje del micro en el Gigante de Arroyito. Cuando ingrese al campo de juego o se lo nombre por la voz del estadio, habrá silbidos y algunos aplausos tal vez, pero la reprobación será general para el.

No habrá homenajes, ni sillón, ni camisetas de Central con el “10”, ni plaquetas. Hoy, desde su regreso al fútbol argentino, por primera vez no se sentirá tan cómodo, como ocurrió en otras canchas.

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