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Séptimo Día |PREMIO FORMENTOR DE LAS LETRAS 2021
César Aira: la máquina de contar

El autor argentino recibió el prestigioso premio en España e hizo un repaso por su estilo y sus preferencias literarias

César Aira: la máquina de contar

César aira habló en españa sobre literatura y sus preferencias / Web

6 de Noviembre de 2021 | 06:42
Edición impresa

El escritor César Aira recibió el mes pasado en la ciudad española de Sevilla el Premio Formentor de las Letras 2021 y esa ocasión se convirtió en una oportunidad para escuchar su palabra acerca de sus rituales de escritura, la eterna nominación al Nobel -galardón que dijo que nunca recibirá- y sus escritores favoritos: Manuel Puig y Jorge Luis Borges.

“Asumo con gusto el calificativo de raro y hasta me gustaría ser rarísimo”, dijo al recibir el premio, y reconoció no tener “ese gusto sensual por las palabras que tienen los poetas. Lo mío son más bien las imágenes, una imaginación visual, veo las historias que se me van ocurriendo. Una prosa cristalina, simple, transparente, sin alardes barrocos: por lo menos es la lección que aprendí yo”.

En ese sentido destacó que “tanto la escritura como la lectura son actividades solitarias”, y reconoció que “eso de leer en grupo” nunca le gustó y lo equiparó a su vínculo con el cine porque, según detalló, lo que realmente le gusta es ver cine en su casa, solo, frente a su computadora “como si leyera un libro”.

Aira (Coronel Pringles, 1949) aseguró además que no lo atrae el aspecto social de ningún arte y señaló que este premio “va a ser el último”, de acuerdo a lo que él mismo se prometió: “No es que me disguste, todo lo contrario, es un placer, un honor, pero ya está, dejo el lugar a que un joven lo disfrute más que yo. Basta de premios, ya tuve bastante, este es consagratorio”.

El prolífico autor argentino se mostró también escéptico ante la posibilidad de recibir el Nobel de Literatura, tanto que dijo que no se lo van a dar nunca porque -explicó- “esos premios hay que justificarlos y la justificación es no literaria. Nunca se ha dado un premio por lo buenos que son los libros sino por la defensa que se hizo de esto o de lo otro”.

El autor de “Los fantasmas”, “El mago” y “La guerra de los gimnasios”, entre tantos otros, se refirió también a su acercamiento a la escritura producto de una amistad con Arturo Carrera, con el que, relató, se dividieron los campos: “a él le dejé la poesía, yo me quedé con el relato”. Ese encuentro con la lectura y la escritura fue el eje del discurso que leyó durante la entrega del premio. “Tuve la mala idea de autoeducarme –apuntó-, quedé mal preparado para enfrentar el mundo. Tuve la suerte de poder preservar mi torre de marfil, mi familia, mis hijos, salvo un breve período que pasé en la cárcel, todo fue un cuento de hadas”. Los periodistas volvieron sobre ese episodio y Aira dijo que se debió a “un pecadillo de juventud, cosas de la política”, y completó: “Esos años 70 arrastraban a uno a hacer cosas de las que luego uno se arrepentía y terminé siendo apolítico. En los hechos, la política es chicana, mala voluntad e insultos”.

La relación con sus lectores fue otro de los ejes de sus intervenciones y aseguró que nunca tendrá muchos, porque lo que escribe “es literario, metaliterario, hiperliterario… y la literatura es una actividad sumamente minoritaria”. De todos modos, consideró que trata de ser “lo menos exigente posible” con quienes lo leen. “Escribo con la mayor claridad posible –aseguró-, no me gustan esas cosas que hacía Vargas Llosa de pasar de un tiempo a otro con flashes del pasado mezclado con el presente. Me gusta contar una historia de principio a fin, con toda la claridad posible. Por eso alguna vez, modestamente, me comparé con Salvador Dalí en el sentido de que, teniendo una imaginación tan barroca, una invención tan desbocada, necesito una prosa simple. El barroquismo de la invención y de la ejecución podría dar una mezcla poco comestible”.

El autor de “Cómo me hice monja” graficó que cuando escribe va saliendo todo junto. “Soy incapaz de pensar: si pienso una historia, necesito apenas una idea lo más esquemática posible y, a partir de ahí, sale. Si me atasco y no sé cómo seguir, he aprendido que si interrumpo la escritura y me pongo a pensarlo, no se me ocurre nada y si sigo escribiendo, sale. La escritura misma me va ayudando”.

Para Aira, la literatura “siempre fue una actividad minoritaria, de poca gente”, y no cree que eso debe modificarse, ya que dijo estar “en contra de las campañas para promover la lectura, dejemos que siga siendo optativa: que lea el que quiera leer. Siempre me ha parecido absurdo que desde el Estado se promueva la lectura: se necesita gente que trabaje, no que se encierren en su casa a leer. Me conformo con que haya poca gente leyendo”. También hubo definiciones sobre sus autores favoritos y así aparecieron los nombres de Borges (”como dijeron, se apagó una luz pero sigue muy presente”) y Puig, el último escritor al que siguió libro por libro. “Esperaba todas sus novelas”, contó, y destacó entre sus títulos favoritos a “Cae la noche tropical”.

 

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