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Revista Domingo |CELEBRIDADES VIRTUALES
Tendencias: las estrellas “de mentira” que son famosas de verdad

No son de carne y hueso pero tienen millones de seguidores. Creados con tecnologías de modelado 3D, presentan imágenes hiperrrealistas y son los influencers más lindos, jóvenes y exitosos

Tendencias: las estrellas “de mentira” que son famosas de verdad

La primera influencer virtual fue “Lil Miquela”. Con una selfie y los dedos en señal de paz, inauguró su cuenta de Instagram el 26 de abril de 2016

8 de Agosto de 2021 | 05:14
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En 1970, el profesor de robótica Masahiro Mori publicó un libro titulado ‘The Uncanny Valley’ (El valle inquietante), en el que describía una curva en la que las personas celebraban que los robots (que hoy podrían ser perfectamente también las réplicas en 3D) se acercaban a la apariencia y el comportamiento de un ser humano real. Ahora, medio siglo después, esos humanoides no solo que existen sino que además son famosos e influyentes. Tanto, que decenas de miles de japoneses se dan cita cada vez que hay un concierto de “Hatsune Miku”, un personaje que con sus faldas cortas y su cabello verde claro es la figura anime de “Vocaloid”, una app que sintetiza la voz y cuyo nombre traduce apropiadamente ‘el sonido del futuro’. Sus fans saben que no es real, pero eso no les impide querer verla “en vivo”, y hasta miles de seguidores reales le han propuesto matrimonio.

Estas celebridades virtuales están creadas con tecnologías de modelado 3D y distintas técnicas de iluminación y texturas que resultan en una imagen hiperrealista. Como sucede con otras estrategias de marketing, los estereotipos edifican la imagen de estos influencers, al ser lindos, jóvenes y exitosos. Crean una fantasía más inalcanzable que nunca porque son una reproducción de un ser humano real, ideada para explotar el aspecto más comercial y menos humano de los influencers de carne y hueso.

La primera influencer virtual fue “Lil Miquela”, quien con una selfie y los dedos en señal de paz, inauguró su cuenta de Instagram el 26 de abril de 2016. Su recorrido fue el de muchas influencers: la vistieron los mejores diseñadores, dio entrevistas, se comprometió con causas sociales y lanzó su carrera musical. Y aunque solo existe en la digitalidad, está creada según los gustos de su audiencia y representa una oportunidad única para las marcas porque, por primera vez, disponen plenamente de una celebridad para llegar a potenciales clientes. Es lo que se dice “la influencer perfecta”.

Hoy, Lil Miquela (@lilmiquela) es una “celebrity virtual” a la que siguen millones de personas. Tiene 19 años para siempre, mejillas pecosas, y la visten los mejores diseñadores, como que ha posado con la cantante española Rosalía y ha aparecido en revistas como Vogue o Time, publicación que además la nombró como una de las 25 personas más influyentes del planeta.

“En un mundo como el de Instagram, la línea entra la realidad y la ficción es cada vez más y más difusa”

Linh K. Le,
Antropólogo

 

Detrás de Lil Miquela está Brud, un estudio transmedia que desarrolla personalidades virtuales. A partir del estudio de diversos perfiles y el análisis de datos sobre conducta en redes, crearon a Miquela Sousa, más conocida como Lil Miquela, una joven de estilo brasileño-estadounidense cuya fama fue creciendo a medida que su número de seguidores iba en aumento. El proyecto comenzó como un perfil en redes sociales, pero con 3 millones de seguidores en Instagram ya se convirtió en la primera gran influencer virtual.

Ella realiza sesiones de fotos para revistas de moda como Vogue, se rodea de celebridades y usa ropa y accesorios de Prada, Calvin Klein y Chanel, como quedó dicho posó en fotos junto a la cantante española Rosalía, entrevistó a artistas como J Balvin, y lanzó su propia carrera musical con varios singles que están disponibles en Spotify. Sus creadores también desarrollaron una personalidad para ella, comprometida políticamente con diversas causas sociales como “Black Lives Matter” y la defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ.

Este personaje es una influencer hecha a la medida de su público, pero no es la única que se destaca por estos tiempos. A principios de 2019, “1sec”, una compañía especializada en realidad virtual, creó a “Liam Nikuro”, el primer influencer virtual masculino de Japón. Liam es el resultado de lo que contestaron 30 hombres y mujeres a la pregunta “¿Qué celebridad se les hacía más atractiva?”

Lil Miquela defiende causas como “Black Lives Matter” y los derechos de la comunidad LGBTIQ

 

“Según lo que escuchamos - dice Grace Kwak, una de sus desarrolladoras - le dimos una forma de cara similar a la de Justin Bieber, y le agregamos características de los BTS”.

LOS CASAMIENTOS DE MIKU

Las primeras celebridades virtuales tienen su origen en la industria musical. En 2016, un holograma de Tupac Amaru Shakur, el rapero fallecido en 1996, se presentó en el festival Coachella, y el mismo año, una copia digital de Michael Jackson participó de la entrega de los Billboard Music Awards. Desde entonces, la industria de la música comenzó a crear artistas a medida y desde cero.

Tal es el caso de la estrella del J-Pop (pop japonés) Hatsune Miku, una chica de 16 años eternos con estética manga que ya lanzó 110 mil canciones, fue telonera de Lady Gaga y tocó con Madonna. Sus videos tienen más de 88 millones de visitas en YouTube, y en Facebook reúne a más de 2.5 millones de seguidores. Como toda celebridad virtual, su escenario es el de la digitalidad en todas las plataformas existentes, desde videojuegos a comerciales de televisión y pantallas en conciertos.

“Un influencer genera empatía en un segmento específico a partir de lo que dice”

 

Recientemente, incluso, se conoció que unos 40 invitados asistieron en Tokio a la “boda” entre esta famosa holograma y un fanático real enamorado de 35 años, para quien la estrella de 16 es la mujer perfecta.

Sin embargo, no fue este japonés el único enamorado de Miku, ya que la empresa Gatebok ya lleva expedidos más de 3.700 certificados de ‘matrimonio’ para su personaje.

El antropólogo Linh K. Le, de la Universidad de California, señaló respecto a este fenómeno que “definir a Hatsune Miku como ‘quien’, es enfrentar un problema técnico y uno moral. El primero es que se trata de una app que pone la interpretación en manos de los usuarios. Si hay cien usuarios, hay cien versiones de Miku. El segundo, el moral, es más complicado y se deriva del primero, porque, precisamente por esa versatilidad, una definición que la encasille subvertiría todo el concepto”.

“Hatsune Miku”, un personaje que con sus faldas cortas y su cabello verde claro es la figura anime de “Vocaloid”, una app que sintetiza la voz y cuyo nombre traduce apropiadamente ‘el sonido del futuro’

Muchos se preguntan, en tanto, cómo se explica el éxito de seres irreales con identidades artificiales. Sobre esto, los observadores del fenómeno responden que, aunque parezca paradójico, quienes aceptan la proposición no sienten que los estén engañando y, muy por el contrario, experimentan un genuino espacio de participación colectiva. En otras palabras, la identidad pública se crea a partir de lo que experimenta el público, y el personaje irreal no miente respecto a su naturaleza y origen.

“En un mundo como el de Instagram, en el que campean el maquillaje, el Photoshop y los filtros, la línea entra la realidad y la ficción es cada vez más y más difusa. Después de la primera alteración, la foto que se tomó ya no es una imagen ‘real’, y puede que, en ese sentido, las celebridades ‘falsas’ sean las más honestas de todas”, destaca el antropólogo.

LA INFLUENCIA DE LOS “INFLUENCERS”

“Un influencer es un creador de contenido que genera empatía en un segmento específico a partir de lo que dice”, explica Faustino Carbone, quien fundó, junto a Tomás Odell, “Somos Fans”, una agencia de publicidad dedicada exclusivamente a la comunicación con creadores de contenido.

Estas celebridades virtuales están creadas con tecnologías de modelado 3D

 

“Con los influencers virtuales – agrega - pero también con los reales, todo se trata del interés que generan. Las marcas están ahí porque hay gente prestando atención, generan atención de potenciales clientes”.

Vane Pellizzeri es Talent Manager y trabaja con artistas que además tienen fuerte presencia en las redes sociales como la bailarina e influencer Sofi Morandi y el actor y youtuber Kevsho.

“Cada vez son más las marcas que eligen la publicidad en redes sociales – dice - porque realmente funciona, los influencers tienen un público fiel. Tampoco publicitan todo, sino aquello con lo que se sienten identificados, son más los `no´que los `sí´ en publicidad, los influencers son fieles a sus convicciones y sus seguidores creen en sus discursos y en lo que recomiendan”.

Por el contrario, lo que una celebridad virtual comparte en sus redes, la manera en que se ve y el entorno que los rodea, es decisión de los equipos que los producen. Y sus posibilidades parecen inagotables. Por ejemplo, en plena pandemia del coronavirus, cuando las fronteras del mundo estuvieron cerradas para todos, los influencers virtuales fueron los únicos que no dejaron de viajar y generar contenido -en ese momento único- para las redes sociales. Son los influences perfectos porque están hechos a la medida de su público, son populares y pueden ser totalmente controlados. Sus fotos parecen las de cualquier persona en redes sociales, pero son personajes creados virtualmente, y aunque su existencia no es real concentran millones de seguidores.

Entre los influencers virtuales, Shudu y Miquela suenan como nombres reales, y en sus cuentas en Instagram (@Shudu.gram y @lilmiquela), tienen miles de seguidores, como que la primera tiene 150.000, y la segunda supera los 3 millones. La primera se describe como “la primera supermodelo digital del mundo”, mientras que la segunda invita a su canal en YouTube para aprender más de su ‘vida’.

“Lightning”, por su parte, no suena a nombre real, y sus fanáticos saben bien que se trata de la protagonista del videojuego “Final Fantasy XIII”, donde se explica que su nombre ‘real’ es Claire Farron, pero eso no evitó que fuera escogida por Louis Vuitton como imagen de una campaña global de la que ella ‘dice’ sentirse muy “orgullosa”.

Shudu es la creación del fotógrafo británico Cameron-James Wilson, y a medias entre Lupita Nyong’o y Grace Jones, su escultural figura ha recibido tanto elogios como cuestionamientos de quienes creen que su éxito le quita el lugar a una modelo de color en un mercado en el que todavía no hay demasiadas. Su autor descarta esos señalamientos y, de hecho, evita entrar en el debate ontológico sobre si es o no una persona. Para él es, simplemente, “una obra de arte” que ha ocupado portadas en revistas como Vogue, Cosmopolitan y Harper’s Bazaar.

A principios de 2019, “1sec”, una compañía especializada en realidad virtual, creó a “Liam Nikuro”, el primer influencer virtual masculino de Japón

Lo cierto es que las celebridades del CGI (Imágenes Generadas por Computador) ya son una legión, y poco a poco han aumentado su popularidad nombres como Brenn, Bermuda, Perl, Blawko, Lil Mayo, Galaxia... La primera es una modelo de tallas grandes que, al igual que Shudu, es de raza negra. Y Galaxia se describe como la primera modelo extraterrestre de la historia. Unos representan estereotipos de belleza que abundan en internet, en tanto que otros los desafían, los subvierten o, de plano, los despedazan.

Algunos observadores ven en este fenómeno una señal de cómo muchas marcas avanzan hacia la creación de embajadores ‘perfectos’. El atractivo es evidente: nunca envejecen y están absolutamente libres de escándalos. Pero otros comentan que la contraparte es que estos modelos son menos empáticos que los de carne y hueso, aunque pocos negarían que resultan fascinantes en un nivel técnico o estético, y a quienes las audiencias llegan movidas por la curiosidad.

En este marco, para el experto Sergio Fanjul “estamos viviendo en una transición entre el mundo real y el mundo virtual, que en el futuro puede que sea el único mundo existente, ya que ya no solo tenemos cantantes e influencers virtuales, sino que cada día se suman más personajes, con su pompa de conciertos, paraísos artificiales y amigos famosos de carne y hueso”.

 

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