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Filtración explosiva: miles de documentos secretos dejaron al desnudo la maquinaria de abuso de Putin contra su propio ejército

Una falla informática expuso más de 9.000 denuncias confidenciales: castigos ilegales, soldados forzados a combatir y familias desesperadas chocando contra la indiferencia del Estado ruso.

Filtración explosiva: miles de documentos secretos dejaron al desnudo la maquinaria de abuso de Putin contra su propio ejército
2 de Enero de 2026 | 17:13

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Lo que el Kremlin se esfuerza por ocultar quedó brutalmente expuesto por un error tan simple como devastador. Miles de documentos secretos del Estado ruso salieron a la luz y revelaron un patrón sistemático de abusos, coacción y violencia dentro del propio ejército de Vladimir Putin, especialmente entre las tropas enviadas a la guerra en Ucrania.

Todo comenzó de manera casi accidental. A principios de este año, una persona que había presentado una queja ante la oficina del defensor del pueblo de derechos humanos del gobierno ruso ingresó al sitio oficial para verificar el estado de su reclamo. Al escribir mal el número de expediente, en lugar de un mensaje de error apareció algo mucho más inquietante: la denuncia completa de otra persona.

La puerta abierta a miles de denuncias ocultas

No era un caso aislado. Según relató Maxim Kurnikov, periodista ruso exiliado en Berlín, el fallo permitía acceder libremente a miles de quejas oficiales. Entre ellas, denuncias presentadas por soldados rusos desplegados en Ucrania y por sus familiares, cargadas de detalles escalofriantes.

La filtración dejó expuesta información extremadamente sensible: historiales médicos, datos de pasaportes, direcciones, teléfonos y registros legales. Pero el verdadero impacto no estuvo solo en la violación de la privacidad, sino en el contenido de esos documentos: relatos crudos de abusos, castigos extrajudiciales, presiones ilegales y hombres no aptos para el servicio obligados a combatir bajo amenaza.

Cinco meses de datos abiertos y silencio oficial

Alertado por la persona que descubrió el descuido, Kurnikov —quien abandonó Rusia tras la invasión a Ucrania en 2022 y hoy dirige el medio Echo desde Alemania— comenzó a recopilar el material junto a su equipo.

Las denuncias más antiguas databan de abril de 2025, poco después de que la defensora del pueblo, Tatyana N. Moskalkova, anunciara una actualización de los sistemas informáticos de su oficina. El acceso público se cerró recién en septiembre, cuando las autoridades parecieron advertir la magnitud del error.

En apenas cinco meses, el equipo de Kurnikov reunió más de 9.000 quejas. Se desconoce cuántas personas más pudieron consultar la base de datos mientras estuvo abierta.

El trabajo periodístico que confirmó la magnitud del horror

Parte del material fue publicado en una serie de artículos y el conjunto completo fue compartido con The New York Times. Durante casi dos meses, un equipo del diario estadounidense analizó de manera independiente miles de documentos, confirmó su autenticidad y logró contactar a numerosos denunciantes.

En cientos de casos, los datos personales incluidos coincidían con información disponible en redes sociales y otros registros públicos, lo que reforzó la veracidad de los archivos. El medio adoptó medidas especiales para proteger la identidad y la información sensible de las víctimas.

Desapariciones, castigos ilegales y soldados forzados al frente

Con ayuda de herramientas informáticas, The Times redujo el universo a más de 6.000 denuncias directamente vinculadas a la guerra en Ucrania. Cerca de la mitad correspondía a búsquedas desesperadas de soldados desaparecidos.

De las 3.000 restantes, más de 1.500 incluían acusaciones concretas de irregularidades graves. Más de 300 habían sido presentadas por los propios soldados, no solo por sus familias.

Los periodistas lograron contactar a más de 240 denunciantes. Setenta y cinco confirmaron que habían presentado efectivamente las quejas y decenas aportaron detalles adicionales. Algunos ya habían intentado hacer pública su situación mediante videos difundidos en redes sociales.

Pruebas desde el frente y un patrón de abusos

Muchas de las denuncias incluían pruebas directas: audios enviados desde el frente, fotografías, mensajes de texto, informes médicos, causas judiciales y documentos internos del ejército ruso.

Las historias retratan un escenario brutal: soldados castigados sin juicio, reclutas enfermos enviados a combatir, familias ignoradas durante meses mientras buscan a sus hijos, hermanos o esposos. En algunos casos, The Times obtuvo material adicional que reforzó las denuncias; en otros, no fue posible corroborarlas de manera independiente, aunque el patrón general resultó contundente.

La oficina que debía protegerlos y no respondió

Las quejas estaban dirigidas a la oficina de la defensora del pueblo, Tatyana Moskalkova, quien responde directamente al presidente Vladimir Putin y tiene autoridad para investigar abusos dentro del Estado, incluido el ejército. Para muchos ciudadanos rusos, ese organismo representa el último recurso frente a un sistema cerrado y hostil.

Sin embargo, ante las consultas periodísticas, la oficina de Moskalkova no respondió. Tampoco lo hicieron el Kremlin ni el Ministerio de Defensa ruso.

El relato que se derrumba

Para Kurnikov, el impacto de los documentos va más allá de la filtración. “Estas peticiones destruyen el relato del Kremlin de que la sociedad rusa vive la guerra con naturalidad, como si no la sintiera”, afirmó.

“Lo que vimos cambió por completo mi percepción: cuánta gente perdió a sus hermanos, padres y esposos; cuánto sufren y cuánta indiferencia enfrentan por parte del Estado cuando intentan saber qué pasó con los suyos”, agregó.

Una grieta en el muro del silencio

Un error técnico bastó para abrir una fisura en el aparato del poder ruso. Por esa grieta se coló una verdad incómoda: la guerra de Putin no solo devasta Ucrania, también golpea con ferocidad a su propio ejército y deja miles de víctimas atrapadas en un sistema que prefiere callar antes que rendir cuentas.

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