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Séptimo Día |Entre sistemas de correcciones, la mirada del otro y el acompañamiento en la rutina de redactar
Parejas creativas: rutinas y secretos de los primeros lectores de un texto

La opción de probar, puertas adentro, las fortalezas y debilidades de un escrito antes de que sea publicado

Parejas creativas: rutinas y secretos de los primeros lectores de un texto

Siri Hustvedt y Paul Auster, una pareja creativa / afp

2 de Enero de 2022 | 02:57
Edición impresa

Entre sistemas de correcciones, la intimidad de la mirada del otro, el acompañamiento en la rutina y muchas veces la mera frustración, las parejas creativas recurren a la figura del “primer lector” para probar, puertas adentro, las fortalezas y debilidades de un texto antes de que la publicación lo propulse al mundo exterior: para la pareja integrada por Siri Hustvedt y Paul Auster la tutela sobre la escritura del otro funciona a partir de un tiempo de silencios que precede a la crítica exhaustiva, mientras que para Maricel Álvarez y Emilio García Wehbi el intercambio toma la forma de una conversación que aloja sensaciones variadas como la diversión, la sorpresa o la reafirmación.

¿Cómo conviven el amor y la escritura? ¿Cuáles son las ventajas de tener un primer lector puertas adentro? ¿Qué se juega en esa instancia hogareña antes de que un texto salga al mundo?

La esposa de William Shakespeare era analfabeta pero eso no le impidió “leer” a su marido. En la novela “Hammet”, publicada este año por Libros del Asteroide y puesto estable en las listas de libros del año, la escritora Maggie O’Farrell recupera y celebra la figura de Agnes Hathaway y explica que a pesar de que no sabía ni leer ni escribir -algo habitual en las mujeres del siglo XVI- acompañó e incentivó a su marido en el ascenso a lo más alto de la literatura universal.

“No quiero críticas”, le decía Joseph Conrad a su esposa cuando le daba a leer el manuscrito de alguna nueva novela. “Solo busco elogios”, aclaraba, aunque en esa lectura, supuestamente pasiva, encontraba la confianza necesaria para cerrar la obra y publicarla.

Rastros

Hay rastros de “primeros lectores” en toda la historia de la literatura, pero las épocas, las particularidades de cada pareja y la forma en la que se asume el rol configuran distintas dinámicas. Tal vez por la profesionalización del oficio o por cierto interés voyerista en las rutinas, la literatura contemporánea da más pistas sobre el rol de esos primeros interlocutores y varios de los grandes autores contemporáneos han confesado en qué medida esas devoluciones “puertas adentro” han sido fundamentales para cimentar una obra.

Los escritores Siri Hustvedt y Paul Auster comparten en su casa de Brooklyn una dinámica tan hogareña como literaria. Él contó cómo se ayudan en la tarea creativa: “En una primera etapa, nos dejamos tranquilos. Trabajamos con nuestros pensamientos y proyectos solos. Después, tenemos conversaciones informales, nos contamos. Pero el servicio más importante que nos damos es que somos el primer lector del otro. Cuando estoy escribiendo algo, le pido que se siente en una silla y me escuche leerle en voz alta. Me escucha con mucha atención y después dice: ‘Hmm, no creo que esa palabra funcione’ o ‘no has desarrollado la idea, necesitás otro párrafo’. Son cosas así, que son de mucha ayuda”. Cuando termina, Auster le entrega el manuscrito. Ya conoce a su primera lectora: “Siri siempre tiene la razón. Cada vez que me ha hecho una sugerencia, tenía razón y lo he cambiado. Y yo hago el mismo trabajo para ella. Somos críticos el uno con el otro porque valoramos nuestro trabajo y creemos en lo que hacemos”. ¿Ser primeros lectores es una de las formas que adopta el amor? “Sí, supongo. Se siente un poco así. Pero por otra parte, esto es de escritor a escritor, de inteligencia a inteligencia. Es riguroso”, respondió Auster.

“Columna vertebral”

“Rossetta ha sido la columna vertebral de mi existencia y sigue siéndolo. Cuando era director de teatro prestaba más interés a su veredicto que al de los críticos. No he publicado una sola línea que ella no haya leído antes”, cuenta el italiano Andrea Camilleri en “Háblame de ti”, el breve libro-herencia que escribió para contarle su mundo a su bisnieta Matilda. “Siempre he seguido sus inteligentes y agudos consejos, hasta el punto de que me he visto obligado a reescribir decenas de páginas de mis novelas”, admite en el texto.

El gran maestro del terror Stephen King le agradece cada vez que puede a su esposa Tabitha el acompañamiento para salir de la droga y haberle devuelto su autoestima cuando pensó en dejar la escritura. A los 26 años, King tecleaba todas las mañanas durante dos horas en la máquina de escribir portátil que le había regalado Tabitha, pero la trama de “Carrie”, la novela que lo convirtió en bestseller, no lo convencía. “Continué porque no tenía nuevas ideas, pero sentía que estaba escribiendo el peor libro de la historia”, cuenta en “Mientras escribo”, un libro a mitad de camino entre la autobiografía y la clínica de escritura. Enojado, antes de ir a dar clases a la Academia Hampden, King hizo un bollo con las hojas y las tiró a la basura. Cuando regresó, encontró a su mujer con los papeles alisados sobre la mesa: “Tienes que escribir esta historia. Es una gran novela”. King obedeció y le entregó a la editorial las 200 páginas de “Carrie”.

 

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