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Matemática en crisis: una materia pendiente e incomprendida

Es una de las disciplinas madre del conocimiento humano pero los alumnos argentinos no logran incorporar sus conceptos. Qué analizan los especialistas en educación

Matemática en crisis: una materia pendiente e incomprendida
10 de Abril de 2022 | 05:40
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Sumar, restar, multiplicar y dividir. Aunque las matemáticas suelen vincularse principalmente al cálculo y las mediciones, esto no quiere decir que se trata de una disciplina dedicada exclusivamente a resolver operaciones numéricas.

Esta ciencia, desde un punto de vista más amplio, es una herramienta que permite entender la forma en la que está diseñada el universo y, con dicho conocimiento, resolver problemas, ya sea en la vida cotidiana o en un ámbito académico.

Siendo una de las disciplinas más antiguas, sus saberes se aplican en miles de situaciones, por lo que se la entiende como un aprendizaje básico e importante que todos debieran tener para desarrollarse.

Desde el jardín de infantes y hasta el último año de la secundaria, el sistema educativo le aporta a los alumnos conocimientos matemáticos que aveces son más específicos o profundos, cuando se trata de colegios industriales o con orientación contable y en ciencias naturales.

En la teoría, todos esos conceptos tendrían que servirle a los estudiantes para tener un buen nivel de aprendizaje al momento de comenzar una carrera universitaria donde las matemáticas sean protagonistas.

Sin embargo, eso no sucede. De acuerdo a la última edición del Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA) realizado en 2018, Argentina se ubica en el puesto 71 en matemática, donde los alumnos alcanzaron solo 379 puntos, lo que en promedio da 8,9 puntos menos que en 2012. El 69% de ellos solo pueden resolver los problemas básicos, aquellos que requieren procedimientos rutinarios. Dentro de ese porcentaje, el 40,5% está por debajo del nivel 1, es decir, sus conocimientos son menos que incipientes.

Por otro lado, la prueba de la Unesco, el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) hecho en 2019, que mide los logros de aprendizaje de estudiantes de sistemas educativos de América Latina y el Caribe, también muestra que los alumnos argentinos bajaron su rendimiento en Matemáticas.

Los datos de ese análisis muestran que en matemática, tanto en tercero como en sexto (los grados evaluados), el país obtuvo 690 puntos, por debajo de la media regional (697 y 698, respectivamente).

Las causas de este fenómeno son parte de un procedo de decadencia del sistema educativo y socioeconómico de nuestro país, el mismo que hasta la década del `90 se enorgullecía de su educación pública en todos los niveles.

LA SUMA DE TODOS LOS MALES

Faltan escuelas, falta presupuesto, falta formación, falta estímulo y en muchos casos falta nutrición, nivel socioeconómico y un entorno familiar que acompañe en el aprendizaje. Falta un poco de todo y el combo es explosivo.

Andrea Antúnez es licenciada en Ciencias matemáticas, doctora en Ciencias y Tecnología, investigadora docente y forma parte de la Unión Matemática Argentina. Su visión sobre esta problemática se funda en lo que observa en el nivel universitario.

“Si a todos les hubiesen enseñado bien, estaríamos enamorados de las matemáticas”

 

“Hace varios años que trabajo en los ingresos de diversas universidades públicas y privadas: la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), la Universidad Nacional de Moreno (UNM) y la Universidad Austral. Aunque los grupos de ingresantes son muy distintos en relación al nivel socioeconómico (e incluso etario), observo que en general tienen la misma dificultad: la imposibilidad de justificar su respuesta a problemas de matemática con argumentos consistentes que lo validen. Incluso si el problema no inicia con `Resolver esta cuenta...´ o no fue explicado previamente con un ejemplo idéntico, desisten completamente de avanzar. Y esta imposibilidad va incluso más allá del saber hacer cálculos o de expresarle verbalmente, sino más bien en el desarrollo de estrategias de resolución de problemas”, explica la experta y agrega más información.

“Otra dificultad que se presenta, vinculada con la anterior, es el nivel de satisfacción que pueden alcanzar con las actividades que se les puede proponer, aun siendo muy innovadoras. La matemática empieza a ser más agradable cuando se comienza a entender cómo funciona su dinámica, considerando tanto los logros como los fracasos obtenidos en el proceso. Y eso además conlleva tiempo y esfuerzo. Dos componentes que quienes ingresan a una carrera universitaria no siempre están dispuestos a ceder”.

“Considero que las nuevas generaciones de estudiantes dan mucha importancia al uso de aplicaciones tecnológicas pero las utilizan de forma contraproducente. No las usan para acompañar el aprendizaje sino más bien para recibir solo una respuesta final a un cálculo o una resolución del mismo y, si esa respuesta no es inmediata y breve, desisten de su uso. Aprender matemática está involucrado con aprender a `hacer matemática´, por ejemplo: ser capaces de cuestionar cálculos, generar otros, indagar patrones o intentar resolver problemas con estrategias innovadoras que respeten el buen razonamiento lógico y las reglas de la matemática ya conocidas. Tener espacios en el aula donde este hacer matemática sea posible entra en conflicto muchas veces con cuestiones ligadas a la planificación docente e incluso a limitaciones institucionales o curriculares. Y el aprendizaje del `hacer matemática´ está ligado a la buena interacción entre docente, estudiantes y contenido. Durante los últimos dos años considero que el panorama ha empeorado, pues esta interacción se volvió aún más difícil de lograr con el aislamiento social obligatorio”, analizó Antúnez.

Con otro punto de vista, María Inés Baragatti, la licenciada en Matemática que se hizo famosa porque sus ex alumnos la grababan y subían a Internet sus clases magistrales para que todos tuvieran acceso a ellas, pone el foco en la formación docente.

“La matemática empieza a ser más agradable cuando se entiende cómo funciona”

 

Aunque ya esté jubilada, sus décadas de docencia universitaria y pasión por esta ciencia hace que siga disponible para cualquier tipo de consulta que se haga sobre una hoja cuadriculada, y por eso tiene su diagnóstico: “Los maestros y profesores actuales cumplen un programa pero quizá no se preguntan para qué. En muchos casos no redactan bien los ejercicios. Lo sé porque me llaman muchísimo para consultarme y veo los casos. Yo no soy una maga, tengo muy claro lo que enseño y para qué, creo que ese es el problema. Otro problema que existe, es que veces me llegan chicos de secundario y traen libros que tienen errores. Yo tengo un libro de matemática de 1920, de mi tío Dante Baragatti, y está autorizado por el Ministerio de Educación, con fecha de vencimiento de la autorización. Hoy eso no sucede. Yo encontré errores en apuntes de una facultad de la UNLP. Tuve que pedir que descuelguen esos apuntes”.

“Si a todos les hubiesen enseñado como corresponde, todos estaríamos enamorados de las matemáticas. Hay que formar a los docentes para que además les den motivación a los chicos para que aprendan”, enfatiza María Inés.

La enseñanza de matemática necesita trasmitirse con pasión

CÓMO LLEGAR A UN BUEN RESULTADO

Ante este panorama que muestran las pruebas en los alumnos de primaria y secundaria sobre su nivel de aprendizaje en la materia, que repercute en la enseñanza superior, hay algunos aires de cambios que proponen modificar la forma de enseñar.

“En los últimos años, desde distintas organizaciones, por ejemplo, la CONEAU y el CONFEDI, que se involucra en la innovación y mejora en enseñanza en las carreras de ingenierías, vienen impulsado la enseñanza basada en competencias. Este modelo es más general y abarca no sólo la enseñanza de la matemática. En Argentina he visto algunas experiencias aisladas divulgadas en congresos de educación, como los que realiza anualmente la Unión Matemática Argentina, y su desarrollo es aún muy incipiente, pero en constante aumento. En estas investigaciones se muestran, a mi juicio, avances positivos en el aprendizaje de la matemática respecto a estas competencias”, explica Antúnez.

“Específicamente en matemática este modelo implica orientar la enseñanza con metodologías que generen situaciones de aprendizaje de estas competencias, por ejemplo, la enseñanza basada en resolución de problemas o la teoría de situaciones didácticas. Indirectamente, implica una dedicación de los profesores en capacitarse en forma permanente y en planificar actividades innovadoras, incluso con recursos nuevos por fuera de la tiza y el pizarrón, que no siempre vienen acompañados por el debido reconocimiento de las instituciones”, opina la misma especialista.

Los expertos creen que para aprender matemáticas hay que ver más allá de los resultados

NÚMEROS PARA EL ABC

Muchos creerán que con saber realizar los cálculos básicos matemáticos es suficiente para convivir con las situaciones cotidianas. Pero no. Estas expertas en números defienden a la disciplina como una herramienta que puede aplicarse en varios aspectos de la vida. “Se hace todo un proceso lógico que sirve para toda la vida. Mis hijos no son matemáticos y no importa eso, tienen conceptos que se los enseñaba desde chicos. Hay que enseñar a pensar en abstracto. Las matemáticas sirven para pensar”, lanza María Inés.

“Lo importante no es saber matemática sino saber `hacer matemática´. Es una ciencia que va más allá de sólo aplicar reglas, hacer cálculos o utilizar modelos en situaciones reales. Desde mi punto de vista, la matemática es ayuda a organizar el pensamiento a fin de interactuar, describir, analizar o resolver situaciones dentro o fuera de la realidad más tangible. No es la única forma de enfrentar situaciones, pero considero que quien aprende matemática desde este punto de vista, tiene más recursos para avanzar con sus objetivos. Y en eso radica la importancia”, dice Andrea, que hace trabajos en educación matemática.

 

 

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