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“Vive el presente y hazlo tan bello que valga la pena ser recordado”

Rodolfo Carlos Briata, fue docente y gremialista. Se jubiló, es pintor, poeta, estudia en un centro universitario para adultos, ayuda a chicos down y a personas de edad. Se levanta a las 5 para que le alcancen las horas del día

1 de Febrero de 2015 | 00:00

Por MARCELO ORTALE

“No mires atrás porque el pasado ya se ha ido. No mires al futuro porque aún no llegó, vive el presente y hazlo tan bello que valga la pena ser recordado”, es una de las fórmulas de vida de Rodolfo Carlos Briata, un hombre con tantas actividades que consumiría mucho espacio mencionarlas. Esas palabras están también escritas en un poema de su libro “Recordando”, editado en 2012.

Vive en el sereno y oxigenado barrio que está detrás de la Catedral, que se extiende bajo la sombra de mil árboles hasta el centro cultural Malvinas. Entrar a su casa es como hacerlo a una muy nutrida sala de exposiciones. “Haga de cuentas que es el Museo Briata”, dice este hombre en su sonriente bienvenida.

Hay más cuadros que paredes disponibles. Briata es pintor. Sus pinturas se apoyan sobre el suelo, en estanterías, recostadas sobre sillones o la TV. Sus pinceles frescos llegaron también a la cocina, cuya vajilla está pintada por él. Pero esa primera pasión de Briata –los cuadros- también puede encontrarse en dispersas exposiciones, en los muros de la pizzería del barrio, en el foyer de entrada de su edificio y (después vendrá la explicación) en un imponente crucero marítimo que surca los mares llevando turistas de aquí para allá. No vende sus obras, las regala.

Pinta de todas maneras, con todas las técnicas y en todos los estilos. Usa tinta china, espátula, hace colages con telgopor e hilos, pinta con témperas o acrílicos, emplea fibras, plasticolas, cartón. Admira e imita también cuadros de Picasso, Van Gogh, Chagall, Matisse y mucho a los argentinos Spilimbergo y el platense Pettoruti.

Fue docente, profesor de contabilidad en varios colegios secundarios, durante décadas. Fue gremialista del Suteba, militante peronista que la pasó mal con los militares y debió irse de La Plata a esconderse en el Chaco en la década del 70. Antes había estudiado Ciencias Económicas en la facultad platense, sin recibirse. Recuerda que todo le costó. “Mi familia era muy pobre”.

Nació en Ramallo, hijo del albañil Rodolfo Briata y de Araminta Secchi, que trabajaba por horas en casas de familia. Pero esa familia esforzada había logrado que una de sus hijas, Alma, viniera a La Plata a estudiar psicología y graduarse; que Juan José, otro hijo, viniera a estudiar Educación física, de modo que con esa contención Rodolfo fue enviado también a nuestra ciudad para que estudiara en Económicas. Poco tiempo después militaba en la Agrupación Evita de Previsión Social y debió emigrar para evitar un desenlace más grave. En el Chaco desarrolló diversas tareas, se casó y tuvo tres hijos: Manuel, Martín y Pablo, que le dieron cuatro nietos.

Del Chaco volvió a su ciudad natal, Ramallo. “Ya en Chaco había empezado como maestro. Después me vine a Quilmes… siempre con mucho temor a volver a La Plata, pese a que aquí tenía mis amigos y que había vivido con intensidad como universitario”. Recién volvería plenamente junto con la democracia en el 83. Se graduó de licenciado en Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Quilmes y enseñó durante décadas en colegios de Florencio Varela. Como gremialista del Suteba, dice, estuvo en todas las batallas: “permanecí 29 días en la protesta de la Carpa Blanca”.

Volvió a La Plata, ya jubilado de todo. Pensó que había que empezar a apagar las luces. Pero hizo lo contrario, encendió lámparas en distintas partes. Se anotó en el Proyecto Educativo Para Adultos Mayores (Pepam) de la UNLP, a estudiar pintura. Comenzó a ayudar en un centro de día para adultos mayores en 8 entre 38 y 39, en donde los hace pintar. Estudia teatro. Comienza a practicar deportes, acquagim y diversas gimnasias.

Ayuda semanalmente a un instituto de chicos down en Varela, al que viaja en el micro 414 que toma en plaza Paso llevando pesados bolsos llenos de productos alimenticios. ¿Cómo puede hacer todo esto Briata? “Me levanto todos los días a las 5,30 para que me alcancen las horas…”

Entre las decenas de cuadros de una pared, aparece uno con la imagen de Cristo no crucificado. A la derecha de la imagen tiene una leyenda escrita en latín, que traducida dice: “No busquen entre los muertos al que vive”. Al pie se ve la firma del Papa Francisco. “Le escribí cuando asumió y en seguida me llegó esta respuesta suya…”, dice.

Usted acaba de recibir el primer premio de pintura en el Pepam

“Sí, era un concurso abierto al que me presenté con el seudónimo de Algi, que son las primeras letras de los nombres de mis cuatro hermosos nietos: Angeles, Luca, Gianni e Isabella. El cuadro se llamó Vivencias y para mí fue un honor, porque los jurados fueron calificados profesores de Bellas Artes”

¿Desde cuándo pinta?

“Desde chico…Mi madre en Ramallo quería que estudiara piano y me mandó a una profesora. Pero cada vez que le erraba de tecla, me daba un punterazo…Así que me cambiaron y me mandaron a estudiar pintura con Tita Conti. Me gustó mucho más. Y ahora, ya grande claro, estudio pintura en el Pepam con Julián Taborda”

El arte ahora lo ayudó mucho a vivir…

“Si, además me sacó de algunas depresiones importantes, me recuperé. El arte y la actividad física. Pero también me ayuda mucho dedicarme a tareas solidarias…En realidad, tengo todos los horarios sincronizados…”

¿Una persona que pasó ya los 60, qué debe hacer para estar mejor?

“Hacer todas las cosas con ganas”.

¿Qué hace usted cuando va a ayudar a los adultos mayores a un centro de día?

“Trabajo con los viejitos, los acompaño, juego a las cartas, a los que quieren les enseño a pintar, dibujamos juntos. Además es necesario atender a la salud, hacer gimnasia”

También va a Varela a un instituto de chicos down…

“Si, voy en el micro 414 que tomo en plaza Paso. Me levanto a las 5 porque tengo que buscar algunas bolsas que les llevo con alimentos, con carne…Si, son bolsos algo pesados. Pero me espera la sonrisa de esos chicos. No puedo fallarles. En realidad el instituto Castaldo es un taller que fabrica bolsitas de plástico, se mantiene con eso. ¿Si alguien me paga el pasaje? No, todo lo que hago lo hago con mi dinero”.

Fue gremialista y se dedicó a la política…¿Sigue en eso?

“No, por favor. Sufrí demasiado. El que no es corrupto sufre mucho, sabe”

¿Hay un cuadro suyo que está dando la vuelta al mundo…? ¿Cómo es eso?

“Sí, mire, una vez fui a Barcelona en uno de esos cruceros enormes de turismo. Era una oferta, yo no conocía y tengo una amiga allá en Barcelona. Entonces, dije, le voy a llevar algún cuadro mío de regalo. Lo cierto es que me lo dejé olvidado, junto a otro cuadro. Lo perdí, me dije. Ahora bien, años después una amiga platense me llama y me dice “Rodolfo, viajé en el mismo barco que viajaste vos. En el camarote 11.104. Y había colgado un cuadro tuyo, con tu firma, Rodolfo Briata…Bueno, me lo describió y era el cuadro que yo había perdido, que se llama Vivencias. Un tiempo después me llama otra persona, que había viajado con otro rumbo en el mismo barco y lo mismo, me contó que estaba mi cuadro. Entonces yo le escribí a la compañía y les conté la historia, diciéndoles que para mí era un gran honor que un cuadro mío estuviera colgado en un barco tan importante y famoso. Concretamente les dije esto: “me encanta que mi obra esté surcando los océanos…”

¿Y qué le contestaron de la empresa? ¿Le ofrecieron comprárselo?

“Nada, nunca nadie me contestó nada. Pero tampoco yo quiero ningún resarcimiento económico”

Usted no vende sus obras…

“No, no las vendo. Las regalo. Lo hago con muchísimo placer. Tampoco me fijo nunca en lo que gasto para pintar”

¿Qué es lo que más valora?

“Las acciones solidarias me gratifican el alma”.

***

Es un hombre de perfil bajo y así se define. Pero no es común encontrar a una persona que lleva su corazón en la mano. Se lo ve en una foto charlando con uno de sus políticos admirados: el uruguayo José Mujica. “Acá no llegaba, no lo dejaban llegar…Demasiado honesto”. Sin embargo, no abjura de nada. Se ha repuesto de todos los golpes y ha dejado de temerle a la vida, porque ese sentimiento le quitaría el tiempo que necesita para pintar, para escribir, para ayudar a los que menos recursos tienen.

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