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Hacer yoga con bebés, una práctica que gana espacio entre las mujeres

Si bien no es exclusivo del mundo femenino, cada vez son más las practicantes de esta disciplina milenaria que encuentran con sus criaturas un espacio de relajación diferente. Características de un fenómeno global

Hacer yoga con bebés, una práctica que gana espacio entre las mujeres

Mirta practica yoga con su sobrino tomás, de apenas diez meses / EL DÍA

20 de Octubre de 2019 | 03:09
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Se sabe que el yoga es la disciplina por excelencia para todos aquellos que quieren cuidar su cuerpo y armonizar la mente. Mezcla exacta entre fortalecimiento físico y paz interior, no debería sorprender, entonces, que cada vez sean más las personas -sobre todo mujeres- que se deciden a incursionar en sus posturas y asanas con la compañía de bebés.

“El yoga para niños hace años que viene creciendo -cuenta la instructora Alicia María Frenda-, pero ahora se observa también una presencia fuerte de madres que se suman a la disciplina junto a sus bebés, con nenes que no llegan al año pero que ya están intentando distintas posiciones o simplemente acompañan al momento de la relajación”.

Según se explica, muchas mujeres comienzan a practicar yoga justo después de dar a luz. Y la tendencia no es casual: ayuda a fortalecer el suelo pélvico y le permite al cuerpo volver a su estado original mucho antes. Entre los principales beneficios que tiene esta modalidad, se apunta que ayuda a estrechar el vínculo entre madre e hijo, acelera el proceso de recuperación luego del embarazo y ofrece la posibilidad de dedicar tiempo diario a una rutina de yoga sin tener que separarse del recién nacido.

“Es también una forma muy sana de socializar”, agrega Frenda, para quien de esta forma se “puede conocer a otras madres en una situación similar. Lo bueno que tiene el yoga para bebés es que todas se encuentran en la misma, por lo que se siente mucho apoyo y empatía”.

Además, al decir de la instructora, la práctica de la disciplina durante esta etapa potencia las chances para que el chico pueda ser un practicante más a partir de los tres años, una edad a la que muchos señalan como la ideal para incursionar en el universo de los asanas y la relajación.

“Para el chico será una herramienta más -asegura Frenda-, un espacio al que siempre puede recurrir al margen de sus circunstancias sociales o familiares. Un espacio de armonía y felicidad, y sobre todo un método ideal para tener control de las emociones ya desde pequeños”.

A partir de los dos meses un bebé puede estar con su mamá o su papá en una clase de yoga, siempre que sea un lugar cómodo y relajado para trabajar la flexibilidad. Se puede empezar con un masaje en los pies o las piernas y también se lo puede inducir a algunas posturas”

Mirta Burgos
Profesora de yoga

 

Si bien el yoga para embarazadas hace tiempo que viene ganando espacios, hasta ahora su práctica meses después del embarazo no era algo tan masivo. Quienes incursionan en sus ventajas, sin embargo, aseguran que las posturas y el vínculo con el recién nacido no sólo favorece el reconocimiento de su nuevo cuerpo sino que, además, las ayuda con los dolores corporales que suele dejar un parto.

Claro que el yoga con bebés no exclusivo de mujeres ni tampoco de madres con sus criaturas recién nacidas. La profesora de yoga Mirta Burgos, por caso, con varios años de experiencia impartiendo clases en nuestra ciudad, también se anima a las distintas posiciones de yoga junto a la compañía de su sobrino de apenas diez meses.

“En mi caso nunca trabajé con bebés pero sí practicaba con mis hijas cuando ellas eran muy chiquitas -cuenta-. Hacíamos todas las posturas y les encantaba. A veces, cuando no era nada común, tuve que dar clases con ellas arriba mío porque no tenía quién las cuidara. Pero ahora es mucho más frecuente y se han popularizado las clases pensadas exclusivamente para las mujeres y sus bebés”.

En cuanto al momento ideal para que una mujer recurra estas clases después del parto -una cuestión para nada menor-, la mayoría de los expertos consultados asegura que el momento indicado es únicamente después de recibir el alta médica del obstetra. Si el parto fue natural esto suele ocurrir al mes y medio; y si fue una cesárea, por lo general, esa alta se produce luego de los dos meses.

En relación a la duración y los métodos, se coincide además en que las clases que se hacen con bebés no difieren mucho de las que se realizan sólo con adultos. Por lo general, duran una hora y la dinámica arranca con un ejercicio de toma de conciencia de la presencia de la criatura en ese espacio, porque, al decir de quienes realizan la práctica, todo estará adaptado a ella. A veces se practican asanas específicas para el post parto, o incluso masajes que buscan la estimulación sensorial a partir de caricias.

“Esta modalidad también trae mucho beneficios para contrarrestar los dolores en la espalda que suele traer la mala postura que se generan cuando una amamanta”, dice Frenda, quien sintetiza la versión infantil de la disciplina de un modo muy sencillo: “Hace tiempo que sabemos que el yoga ayuda a mejorar nuestra postura, al control de las emociones y a fortalecer el sistema inmunológico. ¿Por qué deberíamos pensar que en los más chiquititos puede ser diferente?”

 

Segundo mes
El yoga para bebés suele recomendarse a partir del segundo mes. De todos modos, se pueden empezar a realizar asanas (posturas) y meditación en los brazos de la madre desde el momento en que nacen, siempre, por supuesto, teniendo al alta médica del obstetra y teniendo sumo cuidado a la hora de realizar los movimientos.

 

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