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Todo libre de gluten y lactosa: ¿Salud o marketing?

Cada vez se ven más alimentos con envoltorios donde se anuncia que no tienen estos componentes, incluso productos que naturalmente no los incluirían

Todo libre de gluten y lactosa: ¿Salud o marketing?

Productos sin lactosa ni gluten, la moda en las góndolas

10 de Noviembre de 2019 | 07:42
Edición impresa

En las góndolas de los supermercados cada vez son más los productos que en sus etiquetas anuncian que no contienen gluten ni lactosa. Es más, algunos lo anuncian y se cae de maduro que no tienen que tener esos componentes: agua mineral, legumbres y productos de higiene personal como cremas corporales.

Si bien se celebra que la industria alimenticia piense en quienes sufren patologías como celiaquía o intolerancia a la lactosa, lo cierto es que vender salud está de moda.

“La intolerancia a un alimento nunca debe ser autodiagnosticada”, dicen los expertos

 

“Creo que hoy por hoy hay en el mercado un montón de alimentos que son libres de gluten y lactosa que facilitan a las personas que tienen patologías como celiaquía o alergia a la lactosa su identificación. Pero sucede que muchos se autodiagnostican y suprimen la ingesta de estos productos de su dieta sin hacerse ningún estudio previo que determine que tienen alguna intolerancia”, cuenta la nutricionista Giulana Mc Leod (MP:4612).

Los especialistas afirman que la intolerancia a un alimento nunca debe ser autodiagnosticada, sino que debe ser un médico el que indique que existe tal patología. Como la celiaquía y la intolerancia a la lactosa no se tratan con medicamentos, los nutricionistas y gastroenterólogos son quienes indican en cada caso los alimentos que pueden o no consumirse. No hay que dejar de comer un alimento porque sí.

“Cada alimento tiene una función específica. Si se dejan de comer harinas se suprime el aporte de energías y puede haber deficiencia calórica. Se trata de una fuente de energía principal para el organismo. El reemplazo por las harinas sin gluten o integrales sí está bien, porque se mantiene el aporte de energía y de calorías”, advierte Mc Leod.

Los síntomas de la celiaquía son varios y pueden darse todos o sólo algunos de ellos, dependiendo del grado de la patología y de cada persona. “El paciente celíaco tiene el intestino dañado y eso impide que se absorban los nutrientes, provocando malestar abdominal, gases, diarrea, descenso de peso importante o vómitos. Los alimentos que se encuentran en góndola son para ayudar a esta persona a tener una mejor calidad de vida y puedan alimentarse sin padecer ningún malestar”, amplía la experta.

GRADUAR LA CANTIDAD

Cuando hay intolerancia a la lactosa, por ejemplo, el cuerpo no puede digerir el azúcar (lactosa) que hay en la leche. Esta es una de las intolerancias más comunes y produce malestares intestinales como gases y diarreas. Así y todo, incluso los productos libres de lactosa tienen un poco de ella. La intolerancia depende de la cantidad.

Es por eso que muy pocas personas con intolerancia deben renunciar por completo a la lactosa.

“Me ha pasado mucho en el consultorio que los pacientes no son alérgicos a este componente en un ciento por ciento, entonces no las suprimo por completo, salvo que sea un caso muy específico. Lo ideal es no quitar los alimentos si el paciente los tolera bien”, detalla la nutricionista y explica cómo trabaja.

“A quienes tienen intolerancia leve, les recomiendo infusiones con leche deslactosada, o graduar la cantidad de lactosa que se consume. Hay que ir regulando las porciones de queso o productos que la contengan”, dice.

Ahora, respecto a los rótulos de los paquetes, la nutricionista cree que “hay un poco de marketing, pero creo que se da porque los consumidores desconocen y los consumen sin padecer las patologías. Hay un montón de alimentos que no necesariamente necesitan estar rotulados como `libres de´, y lo ponen igual, como por ejemplo el agua mineral. Hay que aprender a leer las etiquetas, porque sino no se sabe qué se consume. Las personas compran lo que dice bajo en grasa o sin azúcar agregado, pero quizá eso tenga un alto contenido de sodio y se afecta igual o peor la salud. Entonces es fundamental leer las etiquetas”, resalta Mc Leod.

Por eso no hay que renunciar voluntariamente a los productos con gluten porque lo dicen las revistas o las páginas de Internet. Las publicidades convence a las personas de que comprando eso hacen algo bueno por su salud o que los cereales normales engordan o enferman. Esto puede generar directamente problemas, ya que se puede generar una auto intolerancia. “Si durante mucho tiempo se suprime un alimento y alguna vez se vuelve a incorporarlo, el organismo se olvida de cómo catabolizarlo y pueden generarse inflamaciones o diarrea porque el cuerpo lo rechaza por desconocerlo”, ejemplifica la nutricionista.

A pesar de todo esto, esta tendencia sigue en alza, y la industria saca provecho de eso. Si hace algunos años apenas existían productos reducidos en azúcar o grasas, ahora llevan esa etiqueta incluso productos que no contienen lactosa ni gluten naturalmente.

El proceso de fabricación requiere de costos adicionales mínimos. Pero al final, el margen de ganancia se vuelve mayor porque los productos son presentados como especialmente atractivos. Y porque hay un grupo específico que cree en esto y está dispuesto a pagar más dinero por un alimento libre de tal o cual componente.

 

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