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Maxi deportistas: competir a toda edad

Cumplir un sueño frustrado, volver al deporte de la adolescencia o volcarse a la actividad física competitiva simplemente por placer. Experiencias en hockey, vóley, natación y handball en distintos clubes de nuestra ciudad

Maxi deportistas: competir a toda edad

Por: YAEL LETOILE
vivirbien@eldia.com

24 de Noviembre de 2019 | 08:41
Edición impresa

Tienen entre 40 y 60 años, se desarrollan en distintas profesiones y actividades, y rehuyen a las etiquetas de “veteranas” o “mamis”, como antiguamente se llamaba a las categorías de deportistas mujeres adultas, muy a tono con la deconstrucción de roles que se vive hoy.

Las une el amor por el hockey, el vóley, la natación y el handball, disfrutan de competir pero más les tira llevar los colores de los clubes que son hinchas o pertenecer a un grupo de amigas y compartir reuniones, encuentros y viajes casi como cuando eran adolescentes.

Sea como realización de un deseo no cumplido; continuidad de un hobby iniciado en la juventud o, simplemente, por el hecho de ejercitar el cuerpo a una edad donde las prioridades pueden reorganizarse a partir de las ganas y el placer, la actividad física competitiva va ganando terreno en el segmento de las “no me digas señora” platense.

Para eso se preparan con rigor y pasión amateur y lo cuentan con orgullo en esta nota.

RECONECTAR CON LA INFANCIA

Después de una charla técnica, Laura (45) esperó la primera citación para el master de hockey –que llegaría a las 12 de la noche– prendida al celular “como si fuera una teenager”. Para su felicidad, estuvo entre las elegidas y jugó con la casaca 15 de Gimnasia y Esgrima de La Plata en el puesto de delantera.

Esa vez salieron hechas: ganaron el primer partido, empataron otro y perdieron el tercero. Las que no jugaron, acompañaron, porque así es la cosa: aunque suene a lugar común, ellas se sienten equipo afuera y dentro de la cancha.

“Encontré un espacio donde me conecté con mi infancia, con el club, con los olores que sentía de chica”

Laura Franchi,
jugadora de hockey

 

Laura Franchi es relacionista pública y trabaja en ARBA, y nunca practicó hockey con excepción de algunas clases que había tomado en Santa Bárbara. Está casada y tiene tres hijos varones de 11, 13 y 16 años a quienes acompaña en sus respectivos deportes: rugby y fútbol.

Cuando a principios de año supo que Gimnasia abría la inscripción, no dudó: “Tenía ganas de empezar una actividad deportiva en equipo y empecé hockey en el club de mis amores, con los colores que quiero”, cuenta en un alto del entrenamiento físico que dirige Matías Nicelli en El Bosquecito, detrás de las canchas de fútbol infantil.

Y aunque como el resto de las integrantes del equipo, tiene que coordinar el trabajo y la organización familiar para poder darse el gusto y asistir a los dos entrenamientos semanales más un partido el fin de semana, asegura que “se puede encastrar perfectamente”.

Para Laura, el hockey pasó de “deseo no realizado” a “un espacio para mí”: dos horas donde solo piensa en pegarle a la bocha y hacer goles. “Algo que parece prácticamente imposible cuando tenés una familia, chicos, actividades, laburo”, cuenta. “Encontré un espacio donde me conecté con mi infancia, con el club, con los olores que sentía cuando era chica y venía a acompañar a mi hermano a estas mismas canchas”, mira a su alrededor.

“Después de entrenar vamos a cenar. Somos muy unidas, nos juntamos siempre”

 

Es viernes a la noche y hace 24 grados. Las luces blancas iluminan el gigantesco rectángulo de sintético donde unas 25 mujeres practican manejo de pelota con sus palos. Hay que trabajar duro para el próximo torneo en Mar del Plata –que se disputa a fines de noviembre– dice el entrenador, responsable de nivelar a las que traían experiencia previa con la que desconocían completamente la técnica.

TRABAJAR EN EQUIPO

Siempre quiso jugar al hockey pero por cuestiones económicas no pudo hacerlo de chica. “En Azul –de donde es oriunda– era un deporte elitista y la cuota se hacía imposible así que cuando arranqué en Gimnasia había tocado el palo tres veces en mi vida”, cuenta Sabina Barbosa, 47 años, y licenciada en comunicación social.

Si bien de grande realizó actividad física: caminar, correr o andar en bici, para ella integrar el equipo fue un gran aprendizaje no sólo en lo deportivo sino también en aspectos personales, laborales y de la vida misma. “Nunca había practicado un deporte en equipo y en la vida también fui bastante individualista”, dice, “acá aprendés a comunicarte, jugar y alcanzar resultados con tus compañeras”.

“Me encantaría nadar hasta los 90 años, tener el cuerpo en el agua facilita las cosas”

Evangelina Montero Labat,
nadadora

 

Sabina llegó al club incentivada por su hijo Joaquín de 23 años y está feliz de pertenecer al equipo: “Me encontré un grupo muy heterogéneo y al mismo tiempo consolidado, súper solidario y estoy muy contenta con eso”. Y si entre la adrenalina de competir y la diversión de jugar se queda con lo segundo, hay algo en lo que no tiene dudas: siempre, pero siempre quiere ganar.

“Volví en modo de disfrute, donde nada te presiona y es todo placer y más lúdico”

Roxana Disalvo,
voleyvolista

 

VOLVER A GANAR LA RED

Dicen que el cuerpo tiene memoria y Roxana Disalvo, 57 años y docente jubilada, es la prueba de eso. Roxi jugó intensamente al voley hasta los 24 años cuando pasó a formar parte del equipo de handball de Estudiantes de La Plata.

A los 30, se casó, tuvo una hija y se dedicó a la docencia doble turno, lo que la alejó completamente de las canchas. Sin embargo, el amor por el deporte se impuso más de 20 años después cuando le tocó llevar a la nena a jugar y alguien le propuso que se sume al equipo de maxi voley de Banco Provincia.

“Volví en un modo de disfrute, donde nada te presiona y es todo placer y más lúdico”, cuenta mientras pelotea en el Centro de Fomento Social y Deportivo José Hernández, junto a sus compañeras de La Cantina, el equipo que integra hoy.

Las “no me digas señora” que forman el grupo promedian los 45 años – hay tres de 57– y te saltan encima si las llamás veteranas. Son ocho jugadoras estables y a veces algunas más, y una oficia de entrenadora. Ya compitieron en Rosario y Mar del Plata, donde ganaron un torneo nacional maxi, categoría + 40.

“Somos todas grandes y muchas no venimos del vóley, pero queríamos organizar un grupo y competir y somos el equipo más longevo de la liga”, destaca Cecilia Elena (49), jugadora y profesora de educación física.

Roxana dice que va a seguir entrenando hasta donde le de el cuerpo, y que está todo el día haciendo deporte y le encanta. “A mí no se me da por la cerámica o por bordar como a otras mujeres, lo mío es la pelota”, asegura, “la jubilación me permite hacer esto y lamento un montón el tiempo que no pude dedicarle por trabajar”.

Para ella lo mejor del regreso a la red es compartir con el grupo y reencontrarse con jugadoras de todo el país que conoció cuando era chica. “Ir de viaje todas juntas es muy emocionante, a veces quedamos afónicas de tanto gritar como cuando éramos pendejas”, revive.

NADAR ES LO MEJOR

Podría afirmarse que Evangelina Montero Labat, platense de 51 años y profesora de educación física, descubrió la natación por accidente. Empezó a nadar para rehabilitarse de una fractura de peroné, se entusiasmó y no paró más.

“Nos contenemos mucho entre todas y es un logro sostener los resultados dentro de la cancha”

Daniela Peluso,
jugadora de handball

 

Hasta se incorporó al equipo de master de Estudiantes de La Plata, que integran varones y mujeres de 25 a 85 años, y por el que está federada desde hace cinco años.

Y si antes hacía gimnasia aeróbica, hoy siente que “el placer del agua en el cuerpo es distinto al de los deportes terrestres, eso hizo que me apegue más al proyecto deportivo de máster”, asegura a su regreso del torneo sudamericano en Asunción, donde alcanzó el podio en distintas competencias a nivel individual y grupal (3km de aguas abiertas en río, y pruebas de 800, 400, y 200 metros, estilo libre) .

Cuando empezó a nadar en aguas abiertas y compartir competencias hizo grandes amigos, lazos sellados con esa mezcla de orgullo y emoción que le provoca representar al club. “Mi papá es socio vitalicio de Estudiantes y siempre hemos estado unidos al club”, dice.

Pero alcanzar un buen rendimiento en la natación no es tarea sencilla. Para lograr resultados, Evangelina entrena 4 o 5 días a la semana una hora y 15 minutos. Y no es el único esfuerzo. “Uno aprende que para poder practicar un deporte tiene que conjugar un montón de elementos: preparación física, dieta saludable y el trabajo de la fuerza”, explica.

Con todo, para ella no hay mayor placer que sumergirse en el agua. “Tu cuerpo toma otra dimensión. Es como estar en otro lugar”, le cuesta definir con palabras y cuenta que cuando le toca viajar por trabajo vuelve desesperada por tirarse a la pileta. “Me encantaría nadar hasta los 90 años, yo he ido mejorando en la práctica y a mi edad tener el cuerpo en el agua, facilita las cosas. Ojalá pueda”, se ilusiona.

CUANDO LO QUE TE GUSTA HACE BIEN

El equipo de Handball del Colegio de Abogadas de La Plata acumula cinco campeonatos consecutivos. Hace dos semanas estuvieron a punto de perder el invicto en Mar del Plata, donde se realizaron las jornadas deportivas de esa institución a nivel provincial, y arrancaron perdiendo contra el departamento judicial de Morón. Al final, se impusieron por diferencia de un gol: 16-15 y se mantuvieron imbatibles.

Daniela Peluso (36) es abogada, tiene una beba de un año y tres meses y toda su adolescencia jugó al handball en Estudiantes. Será por eso que cuando se recibió la llamaron del Colegio de Abogados para participar en jornadas interdisciplinarias de distintos deportes y así terminó sumándose a Indias, el equipo que conduce Sergio Medinelli.

“Nunca había practicado un deporte en equipo, acá aprendés a comunicarte”

 

El grupo está formado por alrededor de 20 mujeres de un promedio de 35 años, aunque hay algunas más chicas y una arquera de 53. Un 50 por ciento tiene experiencia en el deporte de hacer goles con la mano y la otra mitad se sumó por ganas y amistad.

“Volver al deporte, a realizar una actividad física, es positivo tanto a nivel físico como mental”, dice Daniela, y agrega que si bien “son muy competitivas, es un nivel medio, donde el rendimiento y la exigencia es menor”.

Lo social, como en todos los grupos, es muy importante. “Después de los entrenamientos, vamos a cenar. Somos muy unidas, nos juntamos los fines de semana y para los cumpleaños”, cuenta la pivote y agrega “nos contenemos mucho entre todas y es un logro sostener los resultados dentro de la cancha y el compromiso con el equipo fuera de ella”.

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Multimedia

Las jugadoras de hockey de gimnasia en pleno entrenamiento: de 20 a 22 dejan todo en la cancha / Dolores Ripoll

Parte del equipo de natación master de Estudiantes de La Plata / Sebastián Casali

las “no me digas señora”, el equipo de maxi vóley de Banco Provincia / Dolores Ripoll

El equipo de Handball del Colegio de Abogados de La Plata

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