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El delta del Paraná

Islotes, arroyos y ríos le dan forma a un gran pulmón verde

Tiene una superficie de 14.000 kilómetros cuadrados, es el quinto más grande del mundo y el único que no se encuentra en contacto directo con el mar, ya que desemboca en el Río de la Plata

Islotes, arroyos y ríos le dan forma a un gran pulmón verde

En el Delta se practica remo, navegación a vela, kayak y natación, además de “safaris fotográficos”, avistajes de aves y visitas a casas-museos / web

El Delta del Paraná, un laberinto de arroyos y ríos amarronados que serpentean entre miles de islotes conformados por la acumulación de sedimentos.

Ubicado al sudoeste de la provincia de Entre Ríos y noreste de la de Buenos Aires, a sólo 32 kilómetros al norte de la Capital Federal, ocupa la porción noreste de los partidos de San Pedro, Baradero, Zárate, Campana, Escobar, Tigre y San Fernando.

Con una superficie total de 14.000 kilómetros cuadrados, el Delta del Paraná es el quinto más grande del mundo y el único que no se encuentra en contacto directo con el mar ya que desemboca en el Río de la Plata, de agua dulce, por lo que posee un microclima especial para la flora.

Este pulmón verde es también una reserva acuífera formada por los sedimentos que arrastra el Río Paraná desde su nacimiento en el territorio brasileño hasta la desembocadura del Río de la Plata, y alberga dos secciones de islas declaradas Reserva de Biosfera por la Unesco.

En la Reserva se conservan ciervos de los pantanos, carpinchos, lobitos de río, gatos monteses, coipos y pavas de monte; así como los últimos restos del monte blanco o selva ribereña y bosques de ceibo en recuperación.

Se puede navegar por ríos y arroyos y descubrir una atmósfera intimista y diferentes paisajes donde conviven las construcciones tradicionales en forma de palafito sobre pilotes de los habitantes locales en armonía con un entorno de ceibos, juncales, cañas, sauces, álamos y frutales.

Hospedajes y restaurantes

También hay una amplia variedad de hospedajes, restaurantes y actividades para el turista, a los que se llega en catamaranes de paseo, lanchas taxi o colectivas.

Allí se practica remo, navegación a vela, kayak y natación; además de “safaris fotográficos”, avistajes de aves y visitas a casas-museos que pertenecieron a figuras de la cultura nacional.

Una tendencia creciente es visitar el Mercado de Frutos, un paseo de compras en el que se destacan los productos frescos, los muebles, los objetos de diseño y artículos de decoración de mimbre o madera realizados por productores y artesanos locales.

También el casino, el Parque de la Costa, y el complejo acuático Aquafan, que funciona durante el verano.

Pero el Delta tiene dos padres (o dos madres, como se prefiera): el Paraná y el río Uruguay, lo que lo convierte en uno de los mayores del mundo, el cuarto o el sexto según las mediciones. Como todos los deltas, es una fábrica de islas y bancos hechos de limo, arena, arcilla y materias orgánicas de todo tipo.

Lo anterior incluye los míticos “camalotes”, islotes flotantes hechos de plantas flotantes- que, al modo de pequeñas arcas de Noé, pueden traer desde pequeños insectos coloridos del Matto Grosso do Sul hasta monos aulladores e, incluso, algún felino, en años de grandes aumentos del cauce.

Su contextura barrosa, que a muchos desagrada injustamente, proviene de los sedimentos que obtiene de dos de sus afluentes: los ríos Bermejo y Pilcomayo.

Todo es grande y diverso en el Delta que integra la llamada gran cuenca del Plata, segunda en el podio de América del Sur, después de la Amazónica, y delante de la del río Orinoco en Venezuela.

De nacimiento a muerte, el Delta recibe agua y más agua desde todas las direcciones. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, convierte en sus afluentes a los ríos Ramallo, El Tala, Arrecifes y el Luján. Su ancho es variable, coqueto, veleidoso. Desde los más de 60 kilómetros entre los ríos Luján y Gutiérrez a los 18 kilómetros frente a Baradero.

Ahora, lo que la gente conoce como Delta-Delta, nace luego de la bifurcación que lo convierte en el Paraná de las Palmas al oeste y el Paraná Guazú hacia el este. Es entre ellos que se abre, como el corazón del fruto de una granada el cardumen de islas que lo conforman. La maravilla es que, si bien la zona es apenas un 0,65 % de la superficie del territorio argentino, allí encontramos casi el 19% de los anfibios, más del 30% de las aves y cerca del 60% de sus peces de agua dulce. Y seres absolutamente singulares como la franciscana o delfín del Plata, que es el único delfín de agua dulce que puede vivir y alejarse a miles de kilómetros por la costa en agua salada.

Muy difícil de observar y estudiar, justamente, por las aguas barrosas, cumple con esa rara combinación de cotidianeidad y misterio que caracteriza al Delta mismo. Mezcla que Bioy Casares uso de manera entrañable para retratarlo. En el mismo relato mencionado al comienzo, su protagonista (Correa) describe así el prodigio mágico clave en la narración, cuando alguien le pregunta de dónde partía en sus aventuras.

$837
Es lo que cuesta un paseo de dos horas en un catamarán
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Es una opción para pasear durante cinco horas. Incluye una recorrida por el Mercado de Frutos
$6.926
Es el precio al que se puede conseguir una cabaña, en Río Manso Tigre, por dos noches para dos personas, con desayuno incluido

  

 

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