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El tercer felino más grande del mundo está en extinción, pero en La Plata tiene reservas

En el país había mil hasta 1950 sólo en los Esteros del Iberá. Allí no quedó ninguno. Y en Misiones, 200. En el ex Zoo vive una pareja “de oro”

El tercer felino más grande del mundo está en extinción, pero en La Plata tiene reservas

Luna, 12 años, es una hembra perfecta con vistas a conservar la especie

Carlos Altavista

Por: Carlos Altavista
caltavista@eldia.com

16 de Febrero de 2020 | 05:38
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Yaguareté significa “la verdadera fiera” en guaraní. Algunos le dicen jaguar o yaguar. Otros, tigre americano, por ser su homólogo aquí. Y aquí es desde el sur de Estados Unidos hasta el norte argentino.

Sólo en los Esteros del Iberá, en Corrientes, estos bellísimos animales supieron superar los mil ejemplares. Pero se acaban de cumplir setenta años desde que se vio al último por esos lares. Y en todo el país, en Misiones concretamente, quedan unos doscientos. La mano del hombre, cuando no, los puso al borde de la extinción en nuestro país.

Es por ello que cobra tanta relevancia el hecho de que en el corazón del Bosque platense, en el ex Zoológico, vivan Luna y Juan, una pareja que podría entrar en un proyecto de reproducción para conservar la especie.

Se trata del tercer felino más grande del mundo, por detrás de su “primero hermano”, el tigre, y del león, segundo en la escala.

En los Esteros del Iberá (aguas brillantes en guaraní), un maravilloso humedal de unos 12.000 kilómetros cuadrados, la caza furtiva y las escopetas de los hacendados para defender a sus vacas los eliminaron hacia 1950. Desde la ONG ecologista Rewilding Argentina, que trabaja en estos días en la reinserción de cinco yaguaretés en ese lugar, contaron que “durante el auge de la demanda de pieles, en Europa se llegó a pagar hasta 10.000 dólares por animal cazado en el Iberá”.

Por ser una de las especies en peligro de extinción más amenazadas del país, el “rey de las selvas americanas” fue declarado Monumento Natural “para resguardar su ambiente y evitar su caza furtiva, principales factores que atentan contra su conservación”. Pero todos saben que la pelea contra los depredadores de la naturaleza es día a día. No alcanza una ley. Ni dos ni más.

Reserva genética en el Bosque

El director del Bioparque platense, Alejandro Serena, contó a este diario que Luna (12 años) y Juan (20) llegaron a la Ciudad luego de que, en 2015, el área de Fauna de la provincia de Buenos Aires clausurara un zoológico en Florencio Varela.

“Se les armó un ambiente exclusivo para ellos, con características bastante selváticas. Mucha vegetación, gruta, cascada, espejo de agua. Además, un ambiente interno calefaccionado para los inviernos y una zona de parideras, por si Luna llegara a ingresar en un proyecto conservacionista y quedara preñada”, dijo, para puntualizar que “es precisamente Rewilding Argentina la organización con la que establecimos contacto”.

Luna es joven. Juan no tanto. Se hallan separados para evitar que se reproduzcan. “Tiene que ser algo planificado. Ser un centro de reproducción y reinserción de especies en extinción en su hábitat natural implica una enorme responsabilidad”, enfatizó Serena, para detallar que en el zoológico clausurado hace cuatro años en Varela no había información sobre los animales, de manera tal que “en 2018 se iniciaron pruebas de ADN para saber dónde estábamos parados”.

A la espera de los resultados de distintos estudios, en el Bosque apuntaron que “ante la total falta de antecedentes debemos saber si son parientes, si se han apareado, sus capacidades reproductivas”.

¿Podría entrar Luna (por su juventud) en un proyecto conservacionista al margen de Juan? “Perfectamente. Podría ser inseminada, por ejemplo”, señaló.

Sucede que estos procesos son largos. A saber: siete años de un muy paciente trabajo le llevó a Rewilding Argentina cruzar a la hembra Tania con el macho Chiqui y obtener las crías Mbarete y Arami, que serán los encargados de que la especie que desapareció hace siete décadas del Iberá vuelva a pisar esos esteros.

“Sabemos de la importancia de tener semejante reserva genética en el Bioparque”, realzó el director del predio, para describir a Luna como “una hembra hermosa, perfecta”.

Salvajes

Hay que hacer una importante distinción. Una cosa -clave, pero diferente- es trasladar animales de una jaula a una reserva natural o santuario, y otra bien distinta es reinsertar a ejemplares de una especie en peligro en su hábitat natural.

“Los yaguaretés que se reprodujeron en Corrientes nunca serán salvajes. Como tampoco Luna y Juan. Sí lo serán sus crías. Pero ello requiere de que no tengan contacto con humanos”, explicó Serena.

Biólogos de la ONG, como Sofía Heinonen y Sebastián Di Martino, se explayaron en una entrevista internacional sobre el tema de la “reinserción” de una especie en un nuevo hábitat, porque para las crías se trata de algo nuevo.

“Es una tarea metódica, dividida en fases de laboratorio”, señalaron. En la fase uno, a grandes rasgos, los ejemplares nacidos en cautiverio (Tania y Chiqui, equivalentes a los “platenses” Luna y Juan) se reproducen.

En la fase siguiente, sus pequeños hijos son criados en unos amplios corrales “sin contacto con el hombre”.

Se alimentan de animales vivos, como carpinchos o ciervos. “Lo fundamental es minimizar el factor humano. El hombre debe resultarles, a medida que crecen, algo extraño y hasta desconocido si es posible”, dijo el director del Bioparque de La Plata, para indicar que se los sigue con cámaras y se les da comida evitando que vean a quienes lo hacen.

¿Y qué ocurrirá con los hacendados cuando vean nuevamente amenazado su ganado? En Rewilding explicaron que el camino es el “ecoturismo”. “Una vaca comida por un yaguareté vale 250 dólares. Un vehículo de avistamiento lleva a diez turistas que pagan 250 dólares cada uno por día. El ganadero sigue con sus vacas, compensa las pérdidas con el ecoturismo, y preserva al yaguareté pues ya no precisa cazarlo. La cuenta es fantástica”, finalizaron.

 

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Luna, 12 años, es una hembra perfecta con vistas a conservar la especie

Juan, el macho. Llegó junto a Luna tras la clausura de un Zoo de Varela

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