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El analisis del fenomeno

Locura y violencia: otra muerte en el fútbol desnuda una enfermedad social

El asesinato del hincha Emanuel Balbo se suma a otros hechos en los que una agresión fuera de toda escala arroja un saldo fatal. Razones detrás de la violencia desmedida

Locura y violencia: otra muerte en el fútbol desnuda una enfermedad social

El momento en que Emanuel Balbo cae de la tribuna del estadio Mario Kempes. El hecho devolvió al centro de atención a la violencia en las canchas y en la sociedad - archivo

Las imágenes de la muerte de Emanuel Balbo, el hincha de Belgrano arrojado desde la tribuna del estadio Mario Kempes el sábado 15, impactan. Lo hacen por el hecho propiamente dicho, pero también por la indiferencia conque el entorno, esa tribuna repleta de gente, contempla como Balbo es golpeado por varias personas a la vez para finalmente caer sin que nadie intervenga para intentar detener la barbarie. Lejos de eso, con el cuerpo ya inerte de la víctima, hay quien se ocupa de robarle las zapatillas en medio de la multitud, cosa que tampoco nadie intenta impedir.

El caso de Emanuel Balbo conmueve por muchas cosas, entre ellas las mencionadas, pero no por su singularidad. La crónica policial enumera, en los últimos tiempos, varios hechos en los que una violencia desmedida, fuera de toda escala, deja un saldo fatal.

La última semana, por caso, fue clave en el juicio por el asesinato de Eduardo Cicchino, asesinado a puñaladas en un bar de San Telmo por gritar un gol de Boca. Y todavía está fresca en la memoria de los argentinos la muerte de Fernando Pereiras, un entrenador de Futsal asesinado por el tío de un jugador durante un partido de ese deporte a fines de marzo. O la muerte de María Soledad Spaccarotella, asesinada de un tiro en el cuello por una vecina de 70 a partir de una discusión por un problema de convivencia.

Puestos a analizar el fenómeno desde la sociología y la antropología, especialistas consultados por este diario destacan que detrás de él se pueden detectar una multiplicidad de factores. Y que uno de los mayores riesgos que entraña la reiteración de este tipo de episodios, es el de la naturalización de la violencia en una sociedad que parece reaccionar a cada nuevo episodio como “anestesiada”.

Para el antropólogo platense Héctor Lahitte, la sociedad argentina vive actualmemente “un momento en que la interacción social está en un punto álgido” y eso repercute en episodios de violencia cotidiana donde se verifican reacciones desmedidas.

Lahitte entiende que, entre las causas a considerar a la hora de analizar esta situación, se cuenta el hecho de que la sociedad argentina atraviesa un estado de omeoresis, o de cambio brusco, propio de las crisis en que las modificaciones son precipitadas (por oposición a un estado de omeostasis, donde los cambios son graduales y se dan en períodos más largos).

Esto produce, al decir de Lahitte una situación de incertidumbre que suma frustración a un panorama donde son muchas las razones que abonan este sentimiento.

En principio, el crecimiento del individualismo y el consumismo y la ambición de alcanzar un éxito rápido y sin esfuerzo presente en ciertos discursos que aparecen a través de determinados medios de comunicación, tienen como contrapartida, dice Lahitte, un aumento de la indiferencia, la falta de empatía y de espíritu de compromiso con el otro.

“La extrema competencia que aparece como mensaje en distintos ámbitos de la sociedad y que se potencia en algunos como el del fútbol redunda en la negación del otro”, dice Lahitte,

Para el licenciado en sociología Juan José del Pino “es evidente que hay un estado de violencia social que es importante y eso se nota sobre todo en el aumento del número de femicidios.

Del Pino destaca que es una violencia multicausal y que uno de los resortes que la explican es la decadencia de la educación, que no es nueva, sino que lleva décadas.

“Esta decadencia de la educación hace que falten herramientas para el debate y la discusión y ante determinadas divergencias se pase directamente a la acción”, dice del Pino.

Destaca, además, que ya en los años ´60, sociólogos como Daniel Bell anticipaban que la irrupción de una revolución tecnológica redundaría en una aumento de la conflictividad social.

El sociólogo platense entiende que no vivimos en un contexto de anomia (ausencia de normas), sino en uno caracterizado por la ausencia de internalización de las normas.

“Ante la ausencia de la internalización de la norma, se dirimen conflictos recurriendo a los impulsos básicos elementales, lo que implica una forma de embrutecimiento”, afirma del Pino.

Para el sociólogo, el neoliberalismo alienta el crecimiento del individualismo, el egoísmo y la competencia. Y a su vez, esa expansión se ve acompañada por un retroceso de los valores morales y el ethos religioso.

“Asistimos a un retroceso de los valores solidarios que son los que hay que fomentar para que la reacción violenta no se naturalice”, indica del Pino.

 

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