ALFREDO H. BENASSI
Ing. Agrónomo, Doctor de la UNLP, Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales
Ayer me dirigía a la facultad para dictar mi clase y el chaparrón me tomó por sorpresa en la calle, como si se desfondara el cielo. Al cruzar 58 y 7, primero, y luego la esquina de diagonal 79 y 58, sendos espejos de agua me recibieron como lagunas en la llanura urbanizada. Justamente, el tema de mi clase teórica era Morfologías Paisajísticas en Espacios Verdes Inundables Urbanos. Y súbitamente, ese repentino anegamiento estuvo delante de mí, cruzándose en mi camino. Atiné a tomar un breve “apunte visual” con mi teléfono celular, para disponer, en tiempo real, de un buen material pedagógico para la apertura de la clase. Y grabé un bolsón de basura flotando sobre el agua: sólo por ello no taparía las bocas de tormenta de la calzada. Mientras, unas botellas de plástico sueltas y otros bultos pequeños se dirigían en remolinos a ingresar a los pluviales.
Ese hecho señaló con precisión la importancia y la necesidad del nuevo aprendizaje colectivo para vivir mejor en comunidad. Nuevas conductas de una nueva cultura urbana ante episodios meteorológicos extremos y de mayor intensidad. Fruto del Acuerdo de París (ONU, 2015), entre muchos otros temas se aconseja tomar medidas de mitigación verdes y azules como adaptación urbana, como infraestructura verde con reservorios temporarios de lluvias y un mejor acompañamiento del lento escurrimiento de las llanuras urbanizadas “aguas abajo” y sus más cercanas inmediaciones. El arrojar basura suelta -o no recolectarla- que tapa los pluviales urbanos y forma diques en los arroyos urbanos ¡acentúa el problema!. Las obras hidráulicas y sus planes de educación ambiental integrales son imprescindibles para aprender todos juntos. Porque nos hace falta una pedagogía urbana colectiva y una didáctica ambiental accesible. Aprender a protegernos como comunidad.
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