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Estreno

“Baby: El Aprendiz del Crimen” de Edgar Wright

Bestia Bebé. (****)

“Baby: El Aprendiz del Crimen” de Edgar Wright

No existe un control policial,

que se anime a enfrentarlo.

(“Wagen del Pueblo”, Bestia Bebé)

              La película empieza con un robo al banco. En realidad no sabemos qué sucede dentro del banco porque lo que más nos interesa es cómo van a escapar los ladrones. Sucede que nuestro protagonista es el chofer, llamado Baby. Se trata de un chico que la rompe manejando. Entonces, inmediatamente vemos una de las mejores persecuciones de la historia del cine. Un auto rojo trata de escapar de decenas de patrulleros, de las más diversas maneras (digo sólo “rojo” porque no sé absolutamente nada de autos y me es imposible registrar marca y modelo; sólo puedo agregar que iba muy rápido). Baby no deja de colear en cada esquina y cambiar mágicamente de carril y de dirección. Hasta en un momento se hace confundir entre otros 2 autos como en el juego de “dónde está la pelotita”. Mil maneras divertidas tiene Baby de vivir, de escapar. Pero no es la velocidad lo más extraordinario, sino lo es la inteligencia de Baby al conducir y su destreza para encontrar soluciones a escapes imposibles.

              Sin embargo, por más que sea el mejor chofer del mundo, Baby no le cae bien a nadie. Es bastante retraído y eso parece irritar. Está constantemente enchufado a los auriculares de su reproductor de mp3. Pero existe una explicación. Baby tiene un problema en los oídos. Un accidente le ha dejado un zumbido crónico por lo que trata de apalearlo escuchando música continuamente. Eso es lo que le da vida. La música parece también darle una pulsión de vida constante a la película toda.

         Por supuesto, hacia el final, la cosa se complica. Baby conoce a una chica con la que planea escapar definitivamente de la ciudad. Pero no puede dejar la delincuencia ya que su jefe no se lo permite. Nunca fue realmente un héroe, sino que es un simple esclavo. Luego tendremos otras y tal vez excesivas escenas de acción, pero ninguna a la altura de la secuencia inicial. La primera escena está cargada de inteligentes y hábiles ideas visuales. Se trata de emociones cinematográficas tan perfectas que nos generan una empatía automática. Deseamos instantáneamente que los ladrones escapen. Por lo menos para seguir disfrutando del cine mismo.

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