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Tres noches mágicas para la historia y un equipo que avanza empujado por la gente

Los Pinchas hoy irán a trabajar cansados, pero saboreando que todo lo planificado salió perfecto. Hasta ganó jugando flojo

Tres noches mágicas para la historia y un equipo que avanza empujado por la gente

Los Decadentes le pusieron música y alegría a una noche espectacular en el regreso a su casa de la gente del León / Dolores Ripoll

Martín Mendinueta

Por: Martín Mendinueta
@firmamendinueta

11 de Noviembre de 2019 | 04:42
Edición impresa

Esta mañana, cuando el despertador empezó a castigar con esa chicharra insoportable, el fastidio por tener que levantarse para enfrentar la acidez del primer día laborable fue menor que lo habitual. Nunca son gratos los lunes a las 6:45 AM, cuando espera la oficina cargada de papeles atrasados... Salvo que se hayan acumulado muchas y muy buenas vivencias durante el fin de semana. Eso le pasó a Estudiantes. Y a su gente, que son exactamente lo mismo.

Durante meses la familia albirroja esperó que el almanaque de noviembre llegara a las hojas 9 y 10. Había fiesta asegurada. ¡Perdón por el singular! Fiestas!!! Emoción de alto vuelo puesta a plazo fijo que sólo debía retirarse en la ventanilla de 1 y 55, la esquina que lo define, demostrando que el corazón iba al galope por tanta ansiedad contenida.

El tema fue que la noche del viernes, lejos de quedarse atrás, pasó al frente con una sucesión de vivencias tan fuertes como las del sábado y las de anoche. Primero, el recibimiento a los jugadores cuando salieron para hacer el calentamiento previo a jugar con Talleres. Era el reencuentro post- clásico y la multitud (fue impresionante la cantidad de hinchas que asistieron al estadio Ciudad de La Plata) tenía cánticos que había guardado durante toda la semana. Retegui, Andújar, “La Gata” y Schunke fueron los principales destinatarios de una ovación surgida del agradecimiento por la victoria conseguida en el Bosque.

Después, hubo una dura prueba que comenzó como una dulce novela nacida de la prosa albirroja de Don Ernesto Sábato. Al toque, ganaba porque el uruguayo Castro coronó la que terminaría siendo la mejor jugada colectiva concebida por Estudiantes en todo el desarrollo. Estando Gastón Fernández en cancha siempre había una luz de esperanza para verlo jugar mejor, pero cuando el platinado salió lesionado, el equipo se extravió por completo.

El ingreso de Ängel González en la misma posición que se le había asignado al jugador más pensante salió mal. González no juega como Fernández. Son muy distintos. Entonces, el equipo nunca más se hizo amigo de la pelota. Corría y demostraba mucha voluntad para recuperarla. Lo lograba y antes de los diez segundos ya la había perdido nuevamente. Ni siquiera estando once contra diez pudo salir de donde lo había llevado su inseguridad. Parapetado delante de Andújar sólo se defendió; y allí fue cuando la gente, sin dudas, lo ayudó a ganar. No pararon de alentar. Cuanto peor jugaba el equipo, más fuerte se escuchaban las canciones donde se unían los de la popular con los de las plateas. Fue conmovedor. Andújar se enojaba porque la pelota volvía siempre a su área. Nadie la aguantaba. Ninguno sabía cuidarla al menos un ratito.

Talleres, que se quedó a vivir en el campo del “León”, no tuvo tantas ideas y eso también colaboró para gestar la explosión final. Ganó Estudiantes. En su despedida de 25 y 32. Sufriendo. Teniendo a la angustia como horrible compañera. Pero ganó y entonces la película que también formará parte de su rica historia siguió de maravillas.

CAMINATA TRIUNFAL

Con el cuarto triunfo consecutivo ya escriturado, el pueblo “Pincha” caminó sin sentir cansancio. El orgullo y la emoción lo acompañaron en todo el trayecto. “Uno”, la nueva casa en el lugar de siempre, esperaba el bullicio final. Todo le salió redondo, Mejor, imposible.

Sin jugar bien, desnudo para atacar y vehemente para defender, Estudiantes avanza en la tabla de posiciones empujado por el corazón hirviendo de sus hinchas. Ellos sostuvieron a un equipo que en el segundo tiempo se atrincheró en su campo. Verlo así sacó el instinto paternal de quienes eligieron esos colores para toda la vida y se instaló un perfume épico en la atmósfera inigualable.

Estudiantes de La Plata ha vuelto al domicilio que figura en su documento. La gente que fue a verlo el viernes, los que caminaron agradecidos, los que lloraron el sábado y los que cantaron ayer abrazados mientras se sacaban fotos en el Paseo de los Profesores cuando se terminaba el finde, han fortalecido la identidad de un club marcado a fuego por su carácter.

Fueron tres noches mágicas. Distintas. Encantadoras. Gabriel Milito podrá aprovechar este tiempo de tranquilidad y bonanza emocional para equiparar la brecha que existe entre lo que su equipo factura y lo que juega.

 

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