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Séptimo Día |“LA GENTE NECESITA DESESPERADAMENTE CREER EN ALGO”
El Hospital de Niños emite un haz de luz y aparece Batman Solidario

La inusual historia del Superhéroe en La Plata. Un fenómeno de fe casi inexplicable en una época de escepticismos. “El corazón humano nace con absoluta bondad” asegura el misterioso Enmascarado

El Hospital de Niños emite un haz de luz y aparece Batman Solidario

Por: MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

8 de Diciembre de 2019 | 06:20
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“La historia del mundo es la biografía de los grandes héroes” dijo Thomas Carlyle en 1840, en una de las seis conferencias que conformaron luego un libro de culto: “Sobre los héroes”. Pero el filósofo inglés ya sabía que los héroes –protagonistas centrales desde Homero de las historias épicas de la humanidad- pronto entrarían en decadencia, hasta ser repudiados por las vanguardias más creativas en el siglo XX.

En lugar de figuras triunfalistas y de arquetipos perfectos, los contemporáneos del siglo pasado eligieron como nuevos personajes de sus libros y películas a seres antisociales, pasivos, algo esmirriados, denominados desde entonces los “antihéroes”. Marginales, anónimos, casi villanos, incapaces de subir escaleras hacia la altura, propensos en cambio a descender a todos los subsuelos de las derrotas existencialistas. Se los llamó “protagonistas antagónicos”, desprovistos de cualidades, pero al final de cuentas rescatables por no lucir.

--Hola Batman—le dijo esta semana un pibe de unos 5 años de edad, desde su cama en la sala de infecciosos del Hospital de Niños de La Plata. El chico estira su bracito desnudo mostrándoselo al Enmascarado: “Sabés Batman, hoy me dieron una inyección en este brazo y no lloré...”. El Batman Solidario platense le sonríe y le dice “vos sos un Superhéroe...yo hubiera lagrimeado”, mientras le entrega caramelos y unos juguetes.

En el Hospital de Niños existe un Superhéroe, de la estirpe de los que renacieron en el siglo XX, como Superman, el Hombre Araña, Superwoman, Ironman, Marvel, el Capitán América y otros. En el hospital platense está Batman que una vez cada siete días llega al lugar y revoluciona a los chicos y padres, a las monjas, enfermeras y amigos anónimos que lo secundan. Cada siete días la cara de esos pibes y de sus familiares se ilumina.

Es un tipo alto, de algo así como 1,80, con un traje que es perfecta copia del original, con pectorales, apliques en las muñecas, máscara y guantes. Se lo ve atlético, pareciera tener cerca de 45 años o algo más. ¿Hace dieta? “Sí, me cuido en las comidas y hago ejercicios...” dice, mientras la Hermana Adriana –más conocida como la Batimonja- murmura algo escéptica: “ya le dije que tiene que cuidarse más con las comidas...”. Batman la escucha y busca congraciarse: “ella es un poco mi Robin” dice. Mientras camina junto al cronista por el pasillo del Hospital es interceptado por chicos y adultos, le piden una foto y Batman acepta de inmediato retratarse con todos.

Con sus aportes desinteresados, el Hombre Murciélago –una figura ya en la Ciudad- en algo más de siete años reconstruyó dos salas de infecciosos (la V y la VI, donde está la enfermera Eli), las salas de Endocrinología, Odontología, Toxicología y Dermatología puestas a nuevo con su piso, luces y el decorado, por un valor muy superior al millón de pesos años atrás; remodeló dos patios del hospital y a uno de ellos lo convirtió en un simil de Ciudad Gótica, donde los chicos se desplazan en pequeños kartings; hizo pintar paredes de otros ámbitos y de los pasillos; cambió 32 aparatos de TV viejos por LSD y, entre otras ayudas, a cada cama de niño internado le incorporó una silla confortable, de modo que los padres puedan descansar y dormir junto a los chicos. Todo como producto de lo que recaudan los dos “Batiencuentros” por año, que los amigos del Enmascarado organizan, haciéndose cargo de la comida, los regalos, los números vivos.

El Batman platense sabe que no tiene superpoderes. No vuela, no cuenta con escudos impasables, no arroja sogas desde sus muñecas. Tampoco es un hombre de fortuna. ¿Cuál es entonces su arma principal? “El amor”, contesta con rapidez. ¿Y cuál es su enemigo más porfiado? “A ver...la indiferencia, sí. La indiferencia de la gente frente al dolor ajeno. La indiferencia es mi kryptonita...”.

Batman entró por la guardia que da a la calle 66 entre 14 y 15. Llegó algo tarde, porque el estilizado Renault Fluence tuneado, de color negro, con aletas y el escudo del murciélago en la trompa no pudo redimirlo del caos del tránsito. Descendió y varios chicos lo escoltaron, mimándolo. El Encapotado ingresó por el pasillo saludando a todos, se acercó al cronista y le dijo: “Disculpas por la demora, pero ahora, antes que nada, tengo que saludar al Jefe”. Se metió en la capilla del hospital, besó los pies de un Cristo crucificado y volvió: “Ahora sí, vayamos a la entrevista”.

¿La condición humana es buena o mala? “El corazón humano nace con absoluta bondad, virginal. Luego vamos creciendo y después está en cada uno elegir”.

BRUNO DIAZ

Cuando no es Batman, ¿cuál es su nombre? “Bruno Díaz”, responde. Alguien, acaso, podría reconocerlo por su mirada algo dura, pero ocurre que sus ojos están remarcados a propósito con negro. “Sólo unos pocos familiares y amigos, además de mis jefes en el trabajo (es maestro con doble cargo), saben que soy Batman Solidario...Pero ninguno de ellos va a decirle mi nombre a nadie. Es emocionante ver cómo todos preservan mi secreto”.

¿Cuál es la mayor alegría del Batman Solidario? “El haber logrado que la gente confíe en mí, sin temor a ser defraudada en ningún sentido. Además, me puedo sentir ciertamente Batman en todos lados, porque así lo dan a entender los chicos con su inocencia y los adultos con su confianza en mí”. Las primeras veces que recorrió las salas, ¿qué sentía? “Al principio...me quebraba. Sí, me costó sobreponerme al ver a veces tanto dolor. Después, con la ayuda de las monjitas y de las enfermeras lo conseguí, y ahora llego y me voy lleno de alegría”.

En 2013 Bruno Díaz, vestido de civil, claro, tuvo que ir una mañana al Hospital de Niños. “Allí vi tantas necesidades que le dije a una monja...lo improvisé...le dije que esa tarde iba a ir Batman llevándole regalos a los chicos internados...Me miró como si estuviera algo loco...Fui a casa y con mi mujer, que es mi Batichica, usamos un traje de buzo y construimos un disfraz muy rudimentario. Así que fui a la tarde vestido de Batman, por primera vez, llevando regalos. Recorríamos las salas y de pronto empezó a llover afuera. Una lluvia terrible...y resulta que ese día era el 2 de abril...Fue el día de la gran inundación de La Plata. Cuando salí del hospital caminé una cuadra con el agua hasta la cintura...Batman Solidario nació ese día tan dramático...”.

El Batman platense no ignora que corren tiempos hostiles para los Superhéroes. Que él, como las truchas en ríos de montaña, tiene que nadar contra la corriente. Sin embargo, detiene al interrogador: “Mire, le digo algo: son muchos más los héroes y los superhéroes que los villanos. Además la respuesta social a este fenómeno que yo represento es impresionante. La gente necesita desesperadamente confiar en algo y en alguien. Y confían en este anónimo, en este misterioso enmascarado que soy, porque saben que la verdadera caridad se hace desde el anonimato”,

Al hablar de su pasado, dice de pronto que “fui referí de futbol en la Liga...”. El cronista le expresa que no debe haber nada más contrastante que haber sido referí (al que todos insultan) y después Batman (al que todos elogian). “No se crea, se parecen en dos cosas: los dos visten de negro y los dos buscan la justicia”.

LA JUBILACION

“Dios me maneja como una marioneta, creo. Yo no decidí ser Batman Solidario. Nunca me lo propuse racionalmente, surgió de pronto y me dejo llevar. ¿Si tomo vacaciones? Bueno, a lo sumo una semana al año. Vengo con el frío del invierno y con el calor del verano, que es terrible por el traje de Batman. A veces me ayuda a vestirme mi mamá. Hijo, me dice, pobrecito con este calor...Y yo le contesto: mirá mamá, si vos vieras la cara de alegría de los chicos cuando llego al hospital...”

Pero el Hombre Murciélago, de pronto, regala esta primicia: “Creo que me voy a jubilar de Batman, en poco tiempo más”. La edad corre para todos, también para los Superhéroes. “Mis hijos aún son muy jóvenes para sucederme. Podrían hacer de Robin en todo caso. Pero ya estoy preparando a un amigo, para que me reemplace cuando me jubile”.

¿Y que va a ser de Batman Solidario jubilado? “Aún no lo definí, pero por lo pronto me vendré a tomar mate con la hermana Adriana y las demás monjitas y enfermeras”. El cronista no cree demasiado en que se resigne a semejante pasividad. “En serio, no sé qué haré. Claro que me va a interesar siempre la ayuda a los más necesitados y trabajar en algo para la sociedad. Este sentimiento no se me va cuando me quito el disfraz de Batman”.

Mientras tanto, seguirá en su epopeya. Viajará al Hospital de Niños con su brillante Batimovil negro, llevando cuadernos, libros, lápices de colores, stickers y juguetes que él mismo y su equipo de once Robin colectan para los pibes internados. “Hay un conocido comerciante platense que una vez me vio con este cargamento. Y él se suma entonces, viene todos los viernes y me trae regalos para los chicos. Todo es así, maravilloso”

Como nadie dispone de la Bati-Señal, esa proyección luminosa que se usa como medio para convocar al Superhéroe –el haz de luz que graba en el cielo de Goham la imagen del Murciélago- quien quiera comunicarse con el defensor del Hospital de Niños platense puede hacerlo a la dirección de mail batmansolidario@gmail.com

 

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